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Ya hay cuatro muertos, seis desaparecidos y cientos de afectados

Un vertido químico sumerge tres regiones de Hungría en lodo tóxico

Un vertido de al menos 700.000 metros cúbicos de aluminio dejó ayer en Hungría cuatro muertos, seis desaparecidos y tres condados en estado de emergencia al oeste del país. Decenas de localidades de la zona quedaron cubiertas por una gruesa capa de barro rojizo procedente del refinado de bauxita, altamente tóxico por sus cualidades corrosivas y alcalinas. Hay más de 100 heridos por quemaduras de diversa consideración, al menos diez en estado grave. Entre los fallecidos se encuentra un niño de tres años.

  • Estado de emergencia en Hungría por un vertido de lodo tóxico
  • Estado de emergencia en Hungría por un vertido que ha causado tres muertos
La Razón.  Budapest.

Tiempo de lectura 4 min.

05 de octubre de 2010. 11:30h

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La Razón.  Budapest. 6/10/2010

El desastre ecológico se desencadenó el pasado lunes, cuando una fisura en la balsa de contención de la planta de aluminio en Ajka, a 160 kilómetros de Budapest, inició el avance del lodo rojo por todo el oeste de Hungría a través del río Marcal. Barrios enteros tuvieron que ser desalojados en ciudades como Devecser, donde las aguas contaminadas por refinado de bauxita inundaron al menos 400 inmuebles. Unas 390 personas tuvieron que ser realojadas y 110 rescatadas de sus hogares por bomberos.

El primer ministro húngaro, Victor Orban, apuntó que un fallo humano podría ser la causa de la fisura en el tanque de bauxita, aunque una investigación en las instalaciones de la planta Timfoldgyar Zrt, perteneciente a la empresa MAL Zrt, determinará qué factores desencadenaron el  mayor desastre medio ambiental de Hungría.

El barro rojo contiene generosas cantidades de hierro, silicio y otros metales pesados lo suficientemente corrosivos como para destruir la ropa y quemar la piel, causando heridas en órganos. Aunque la zona de la catástrofe está libre de radiación, según confirmó Orban, la enorme toxicidad del producto puede causar efectos impredecibles en la salud de los afectados, cuyo número puede multiplicarse además en los próximos días. Aunque el Ministerio de Interior confirmó que la contaminación no afectaría al suministro de agua potable, el avance de la «marea roja» por vía fluvial es el principal factor de riesgo, ya que ésta ha alcanzado el arroyo de Torna, desde el que podría expandirse a otras localidades próximas.

Sin embargo, la toxicidad del barro «se atenúa por cada kilómetro que se extiende», según explicó Gyorgyi Tottos, portavoz de la Unidad Nacional de Desastres (NDU). Ninguna fuente oficial se refirió al posible impacto ecológico que tendrá la tragedia.

Los servicios de emergencia de todo el país se han movilizado para detener el avance de aluminio y recoger la gruesa capa de lodo. Las excavadoras y operarios, ataviados con trajes aislantes y mascarillas, comenzaron ayer a limpiar algunas villas de la zona. También repartieron toneladas de yeso por las aguas contaminadas para evitar su avance.


La contaminación se acerca al Danubio
Aunque el Gobierno de Viktor Orban ha hecho un llamamiento a la calma asegurando que la contaminación no afectará al suministro público de agua, la rápida extensión del refinado de bauxita por las aguas del Marcal podría arrastrar la contaminación de aluminio hasta el río Danubio, que atraviesa Hungría y continúa su curso a través de Croacia, Serbia, Bulgaria y Rumanía. Las autoridades comenzaron ayer a vertir toneladas de yeso en las aguas clave más contaminadas para evitar que la catástrofe pueda llegar a extenderse a sus vecinos europeos. Aún así, un experto de Green Peace aseguró que los efectos del vertido de aluminio podrían llegar a ser peores que en la catástrofe de Baia Mare en Rumanía, cuyo vertido de cianuro llegó a los ríos Szamos y Tisza contaminando las aguas a su paso por  Hungría y a otros países vecinos, para regresar finalmente de vuelta a través del Danubio. Por su parte, un representante de la empresa MAL Zrt, responsable de la planta averiada, aseguró que el lodo rojo «no es un residuo peligroso de acuerdo con normativa europea» y que no hay signos evidentes de «ningún desastre ecológico».

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