sábado, 22 julio 2017
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El acoso escolar se adelanta a los 7 años

  • El fenómeno del «bullying», relacionado con el acoso, maltrato y demás situaciones agresivas, intencionadas y repetidas sin que concurran una motivación aparente, en los centros escolares, ha experimentado en los últimos años un preocupante aumento en el número de casos y jóvenes que, de una u otra forma, se ven afectados, con las circunstancias y consecuencias que para su desarrollo ello conlleva.

De ahí que los profesionales del ámbito educativo y psicológico alerten de la necesidad de abordar esas situaciones en sus primeros estadios, con planes de actuación conjuntos, mientras que desde el aspecto jurídico se considera que habría que tipificar esas conductas en el Código Penal.
La situación empieza a ser tan preocupante como el hecho de que ya se estén detectando casos de «bullying» en chicos de 7 y 8 años, tanto en centros públicos como privados y concertados, aunque en no pocos casos en algunos de esos colegios, con excepción de los públicos –que tienen que ajustarse a un protocolo ya establecido para esas situaciones–, se opta por la «ley del silencio» y no ponerlo en conocimiento de las autoridades educativas.
Todas estas circunstancias han sido analizadas en el curso de verano «Rebelión en las aulas: situaciones de conflicto y respuestas jurídicas», organizado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid –por cuyos cursos han pasado más de mil alumnos–, dirigido por Patricia López Peláez, profesora titular de Derecho Civil. Así, María del Mar Saneiro y María Elena del Campo, profesoras de Psicología, aludieron a que los estudios realizados evidencian que las dificultades del aprendizaje son un factor de riesgo que puede inducir en futuras actitudes violentas.
Sobre el inicio de los actos de «bullying» a niños de 7 y 8 años, las zonas menos controladas en los centros, como vestuarios o aseos, son las más propicias para que comiencen a manifestarse esas conductas violentas. «No se trata de alarmar, sino de prestar atención, porque esos actos interfieren en la vida de los niños. Igual que se presta atención a otras circunstancias de los menores, también hay que darles la importancia que tienen esos comportamientos», señalan al respecto las citadas profesoras.

Consecuencias
Sin embargo, son las etapas de la preadolescencia y adolescencia, cuando los jóvenes tienen entre 12 y 16 años, en las que se agudizan los actos de ««bullying»». Los padres o tutores, en un número relevante de esos supuestos, ignoran lo que ocurre alrededor de sus hijos en los colegios –quienes pueden ser «víctimas, observadores o agresores»– y cuando se enteran, «ya se está en una fase más difícil de abordar y, por tanto, de empezar a solucionar esos conflictos.
En cuanto a las consecuencias para los menores que padecen los actos de acoso escolar o ««bullying»», éstas se pueden resumir en siete, según las conclusiones a las que han llegado las profesoras Saneiro y Del Campo en sus estudios: desvalorización de su imagen, sentimientos de indefensión, pérdida de confianza en sí mismos, importantes grados de ansiedad, mayor tendencia al fracaso escolar, intentos de suicidios y, por último, aunque no menos importante, las víctimas en su vida adulta serán más proclives a sufrir «perturbaciones», tales como depresión.

Acoso en la red y a profesores
Las razones que pueden llevar a «marcar» a un menor para convertirlo en objetivo de los agresores son de muy diversas índoles, pudiéndose citar el hecho de que esté aislado socialmente dentro del centro, los rasgos físicos (éste es un fenómeno novedoso, especialmente en las niñas), su orientación sexual, raza y religión. Junto a ello, hay que tener en cuenta que un joven víctima de ese acoso o maltrato escolar, en un momento determinado, puede pasar en otro estadio de su desarrollo a convertirse en agresor u «observador» de esas conductas.
Por otro lado, Carlos Vázquez González, profesor de Derecho Penal de la UNED, puso de manifiesto el creciente fenómeno del ciberacoso o «ciberbullying», que es el acoso o maltrato a través de la red. Algunos de los rasgos distintivos de ese acoso lo constituyen el hecho de que suele existir un contacto o relación previa entre agresor y víctima «en el mundo físico» y que no siempre se da en las primeras fases del proceso.
Además, Vázquez agregó que en la actualidad los profesores son un colectivo que sufre de forma especial el maltrato, tanto por alumnos como, en algunos casos, también por los padres.  En la mayoría de los casos, esas conductas son sancionadas penalmente como simples faltas.

Proclives a delinquir
No sólo las víctimas de acosos pueden sufrir secuelas posteriores. Los autores también pueden padecer consecuencias nada agradables. Así, tenderán a la autojustificación, disminuye su capacidad de comprensión moral y de toma de perspectivas, son más proclives a que en el futuro puedan tener problemas con la Justicia por la comisión de actos delictivos y existe el riesgo de que padezcan psicopatías crónicas. En estos fenómenos se da la circunstancia de que el acoso escolar no está tipificado como tal en el vigente Código Penal.

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