martes, 19 septiembre 2017
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«Stomp»: música sin instrumentos

  • El espectáculo «Stomp», que podríamos traducir por «pisotón» en español, acaba de aterrizar en Madrid, concretamente  en el Teatro Coliseum de la Gran Vía, y trae consigo su montaje cargado de ritmo y movimiento.

Después de cuatro años de ausencia, recalará en la capital hasta el próximo 22 de agosto, tras haber permanecido en el «Ambassadors Theatre» del West End Londinense durante ocho años consecutivos. Se prevé que sea la única fecha de la compañía en España –a falta de confirmación de una posible función en Valladolid en diciembre–. Lo que caracteriza principalmente a «Stomp» es la «búsqueda de sonidos a través de elementos que no son instrumentos propiamente dichos», pero que los protagonistas del «show» hacen sonar como tales. Nos referimos en este sentido a contenedores de basura, palos, escobas, baquetas, cubos, arena, ladrillos... Además, y como apuntó una de las artistas de la compañía, la londinense Laetitia Lawrance, otro de los rasgos fundamentales del espectáculo es la «interacción con el público. Los artistas hacen participar al espectador de esta comedia visual. Esto se da  a través de un lenguaje universal: la música y los gestos», afirmó la artista.

En esta tormenta de percusión, chatarrería y baile hay un «25% de improvisación y un 75% de ensayo», como comentó otro de los artistas, el estadounidense Jeremy Price. También señaló que «la función no va a ser siempre igual, dado que entra en juego la espontaneidad de los protagonistas, y su capacidad de hacer cosas diferentes». De este modo, el espectador puede acudir varias veces a ver el «show» sin encontrarse siempre con lo mismo. Aunque sí hay un guión establecido: de hecho, siempre se suben al escenario dos horas antes de comenzar la actuación para dejar todo preparado.

En cuanto a la historia de la compañía, nació hace 20 años en la ciudad inglesa de Brihgton por iniciativa de un grupo de amigos amantes de la música, pero sin medios para crear una orquesta convencional. Estos se propusieron hacer música con todos aquellos objetos disponibles y que fuesen económicamente asequibles. «Sabíamos que queríamos hacer música, pero no sabíamos cómo, así que nos juntamos y decidimos componer melodías  con objetos que tuviéramos a nuestro alcance y que fueran gratis», indica Clarke, otro de los miembros de esta dinámica y particular banda.

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