domingo, 23 abril 2017
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Un pequeño «intruso» revoluciona el hogar

  • El nacimiento de un nuevo miembro de la familia es un gran acontecimiento.  Sin embargo, cuando ya hay un niño en casa, éste considera que su hermano recién llegado va a «destronarle». Es una actitud natural que hay que paliar. ¿Cómo? Mostrando a los pequeños que ser el mayor también tiene ventajas.

Un hermano es un regalo: un compañero para jugar, un amigo para compartir y un apoyo incondicional. Pero estas ventajas las desconocen los pequeños cuando un nuevo bebé llega a casa y desvía la atención de sus padres, que, hasta ese momento, no tenían que repartir su tiempo. Es natural que los niños sientan celos de los recién nacidos,  pues, con su llegada, se producen muchos cambios en las familias, que han de adaptarse a una nueva situación.

La edad más crítica de los niños es de los dos a los seis años, según cuenta Victoria Trabazo, psicóloga del Centro de Psiquiatría y Psicología Clínica y Jurídica, aunque esto no significa que los celos no aparezcan fuera de esta etapa. Antes de los dos años, los pequeños «son menos conscientes de por qué ya no se les presta tanta atención» y cuando superan los cincos, «los niños tienen más autonomía y asumen un claro papel en el cuidado del bebé». En cambio, cuando el nuevo nacimiento coincide con la etapa crítica del hermano mayor,  los celos se convierten en una defensa ante un «intruso» que se convierte en el nuevo «rey de la casa y, encima, hay que quererle».

¿Cuánto suele durar esta situación? Depende mucho del papel de los padres, que es clave, tanto antes como después del nacimiento. La duración normal «es de dos a seis meses» desde que llega el recién nacido. «Pero los celos suelen volver cuando el bebé empieza a caminar, a hablar y a hacer gracia a los adultos», pues acapara de nuevo la atención en un terreno que aún no había sido invadido.

«Si los niños están acostumbrados a que les dediquen mucho tiempo, les costará más compartir», explica Trabazo. Sin embargo, si ya hay más de un pequeño o no ha recibido sobreatención en casa, el trago será menos amargo para el menor. Otro factor importante es la preparación de la llegada del nuevo miembro de la familia. Los progenitores han de convertir a su hijo en un «protagonista» de este acontecimiento. ¿Cómo? Hay que contar con su ayuda para los preparativos (como la bolsa del parto, la habitación o la elección de los juguetes) y hacerles ver que «ser el hermano mayor también tiene ventajas», como acostarse más tarde, comer en el mismo horario de los padres o salir con ellos.

Otra forma de evitar que los celos se intensifiquen es procurar que el recién nacido no suponga un drástico cambio en la vida del mayor. Los padres tienen que procurar seguir dedicándole las mismas atenciones y explicarle, a la vez, los cambios que va a suponer la llegada de su nuevo hermanito. Del mismo modo, se ha de cuidar que el pequeño no coja sin permiso las cosas del mayor. También tiene que evitarse delegar demasiadas funciones a los primogénitos. «No se puede convertir a uno en policía del otro, eso es darle demasiada responsabilidad». Cuando el hermano mayor se queje del bebé «es preciso dejar que se desahogue, reconocerle que puede resultar pesado y darle alternativas y soluciones».


Llamar la atención
Si los padres toman estas determinaciones, paliarán esta emoción negativa, pero no la evitarán. «Los celos son algo muy natural, un mecanismo de defensa», explica la psicóloga. Hay diversas manifestaciones por parte de los niños. Pueden tener «comportamientos regresivos», es decir, volver a adoptar conductas de cuando eran bebés: chuparse el dedo, volver a necesitar pañales, hablar de forma más infantil y llorar sin motivos. Cuando los padres perciban estos comportamientos no deben hacer caso, «hay que convertir la atención en un premio que se da a un niño cuando se porta correctamente».

También pueden manifestar una actitud agresiva hacia su hermano pequeño, tirándole del pelo, empujándole o pellizcándole. En este caso hay que evitar dejarles a solas. En definitiva, los menores buscan cualquier manera de llamar la atención en casa. En el caso de Teresa Gil, que es madre de María, de cuatro años, y de Marta, de un mes y medio, la mayor se muestra muy cariñosa con la pequeña, hasta el punto de molestar al bebé. Entonces, su madre le pide que pare, «pero ella no hace caso y sigue abrazándola y besándola».

Esta etapa se convierte en un mal trago en el crecimiento de los niños que tienen que superar. Una vez lo han pasado, «los pequeños habrán aprendido a ser más tolerantes frente a la frustración y habrán conseguido un desarrollo positivo de su autoestima». Aprenden a compartir su tiempo y sus cosas desde que son pequeños. En definitiva, los hermanos son una efectiva vacuna contra el egoísmo y quererles es sólo cuestión de tiempo.



Sitios útiles
www.gabinetedepsicología.com
 Tlf.: 91-803-55-84

www.familiasnumerosas.org
Tlf.: 902-94-54-01
 

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