domingo, 23 julio 2017
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Última oportunidad para salvar Venecia

  • «Moisés», el proyecto para evitar las inundaciones periódicas de la ciudad, entra
    en su fase final. Evitará mareas de hasta tres metros gracias a su inédito sistema de barreras sumergidas. Una idea que ha ido sumando costes –ya ha alcanzado los 5.500 millones de euros– y críticas mientras se suceden propuestas de lo más variado para reflotar la «Serenísima»
     

Venecia enrolla su alfombra roja; este año se acabó la función. Aunque entre bambalinas, y sin dar tregua al festival de cine ni al cambio de estación, continúa el mayor espectáculo de ingeniería visto en la Venecia contemporánea. Y la «Serenísima» de grandes obras entiende... y no poco. El mundo entero sabe que este conglomerado de arte e islas se hunde. Los fenómenos de agua alta son cada vez más numerosos (de siete eventos anuales en el decenio de 1926-1935 se ha pasado a más de cincuenta en 1996-2005) y desde 1966, cuando 194 cm de agua sumergieron el patrimonio, la preocupación se ha convertido en obsesión por salvar la ciudad.

Tras comités de investigación, propuestas, críticas y demás vueltas de tuerca, en 2003 se aprobó el proyecto «Moisés». El sistema defensivo encargado de «separar las aguas» de la laguna y el mar Adriático consiste en 78 compuertas que llenas de agua y en reposo en el fondo del mar,pueden emerger gracias a una inyección de aire en su interior. El aire a presión vacía el agua y hace que las puertas se eleven y cierren el paso a la corriente en tres puntos: las bocas de Lido (dividida en los tramos de Treporti y San Nicolò), Malamocco y Chioggia. El diseño soportará mareas de hasta tres metros: «Hemos tenido en cuenta las previsiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) que aseguran que el nivel del mar aumentará entre 18 y 58 cm. «Moisés» ha sido proyectado para proteger la ciudad hasta un nivel de 60 cm… Si el mar subiera de esa manera Venecia estaría a salvo, mientras Ravenna, Ancona o Ferrara, más al interior, se hundirían» explica Flavia Faccioli, arquitecta del Consorcio Nueva Venecia.

Compuertas sumergidas

La estructura es flexible; puede cerrarse en los tres puntos, sólo en uno o compuerta por compuerta en función de las previsiones. En las tres áreas conectadas por el litoral se preparan cuencas de navegación para que los barcos lleguen a la ciudad si las compuertas se cierran, asegurando la distribución de bienes. La boca de Lido tiene, además, la peculiaridad de contar con una isla artificial, levantada en medio de las dos orillas y necesaria para superar la distancia y las distintas corrientes a uno y otro lado. Las estructuras contenedoras se preparan en los muelles, de momento secos. Una vez terminados se llevarán flotando hasta su ubicación y se hundirán hasta el fondo de la laguna.

Previsto para 2012 y luego retrasado hasta 2014, la primera prueba, inédita en el mundo, se espera para 2013 en la parte de Treporti. Faccioli comenta que «los trabajos se realizan simultáneamente en los tres puntos y se encuentran al 65 por ciento». El Ministerio de Infraestructuras y Transporte y el Magistrado de las Aguas de Venecia adjudicaron las obras al Consorcio Venecia Nueva, un conglomerado de constructoras privadas, empresas locales y cooperativas con el sistema de precio cerrado. Algo así como usar el dinero según va llegando y hasta donde dé de sí. El coste es uno de los aspectos más criticados de esta obra faraónica, que ha generado polémicas de lo más variopintas: «Nos han acusado de estar sobredimensionados, ahora de quedarnos cortos», matiza Faccioli, quien asegura que los 4.720 millones de euros de presupuesto han crecido hasta los 5.500 millones por las puntualizaciones de Europa.

Porque las compuertas son sólo un aspecto del plan para la laguna, que incluye reforzar el litoral (46 km de playa) o integrar las obras en el paisaje; se compensará el impacto ambiental añadiendo una hectárea de zona verde por cada hectárea de playa destruida con las cuencas navegables, añadiendo zonas de paseo y paneles solares sobre los edificios técnicos, al menos sobre el papel. Además, aseguran que se han restaurado 1.500 hectáreas de formaciones arenosas típicas de la zona (pequeños montículos que se ven con la baja marea).

Una de las voces escépticas con «Moisés» es el profesor de Hidráulica Luigi D'Alpaos, de la Universidad de Padua. Para él, que lleva toda la vida estudiando la laguna, el Consorcio miente: «Han hecho maceteros cerrados que impiden el intercambio natural de arena. El problema no es sólo el agua alta; la estructura morfológica de la laguna está desapareciendo por la acción del hombre, por la gran cantidad de cruceros que entran hasta Venecia». En cuanto a «Moisés» opina que «los resultados son inciertos. La única obra parecida es la de Rotterdam, donde las compuertas están en seco. El agua corroe mucho… ¿Será capaz el Estado de mantener esta estructura sin grandes costes?». Además, lamenta que una vez en manos de privados, han sido alejados tanto su departamento como los investigadores.

Reflotar Venecia

Tras perder 13 centímetros en un siglo, ¿qué pasa con los pisos inutilizados? Algunas empresas privadas (por ejemplo el «proyecto Rialto») se ofrecen a reflotar edificios colocando barras de acero en el primer piso para levantar la estructura. Algo más ambicioso sería levantar Venecia entera. El profesor Giuseppe Gambolati y su equipo de Métodos Numéricos para la Ingeniería de la Universidad de Padua presentaron hace unos años una propuesta que fue ignorada y criticada por otros expertos.

Ahora prepara la segunda ronda con la próxima publicación, en la revista «Water Resources Research», de nuevos análisis geosísmicos que reafirman su proyecto. Su idea: excavar 12 pozos de 20-25 cm alrededor de la ciudad a unos 650-1.000 metros e introducir durante 10 años agua del Adriático por debajo deVenecia. El resultado: la ciudad se levantaría unos 25-30 cm. En 2008 solicitaron 25 millones de euros para elevar un km2 en una pequeña isla de la laguna y les fue denegado. Ahora, el profesor está seguro de que Venecia se levantaría de manera uniforme, «con movimientos diferenciales de cinco mm en estructuras de 100 cm, por debajo de lo que marca la literatura como máxima diferencia entre lo que puede levantarse un edificio por un lado y por otro sin daños estructurales. No es una alternativa a «Moisés» pero podría complementarlo», explica.

 

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