martes, 27 junio 2017
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«Dedazo» en el PSOE

El aparato del PSOE ha presionado desde el 22-M, e incluso antes, para conseguir por todos los medios que el sucesor de Zapatero no saliera de unas genuinas elecciones primarias. Era un secreto a voces que esa presión estaba destinada a que Rubalcaba resultara ungido como candidato único sin necesidad de rivalizar con otro aspirante. Hasta el propio interesado, como informó LA RAZÓN, amagó con retirarse si no se le dejaba el camino expedito. La maquinaria de Ferraz ha sido implacable, y ayer consiguió su objetivo: Carme Chacón anunció por sorpresa su renuncia a concurrir en el proceso de primarias. Pero la retirada de Chacón no ha sido inocua y, si bien acorta el trámite sucesorio, aplaza el debate de fondo en el PSOE y abre una guerra soterrada, tan cruenta como impredecible, por el control del partido. De hecho, la ministra de Defensa disparó ayer varias cargas de profundidad contra el discurso oficial del aparato y de los barones. Sus palabras fueron una suerte de alegato contra la adulteración de la democracia interna y una crítica directa a la presunta madurez de la organización para acometer la transición entre un liderazgo y otro. Al justificar que con su retirada pretendía preservar la unidad del partido, la autoridad del secretario general y la estabilidad del Gobierno, Chacón estaba acusando a sus adversarios de extremar las presiones hasta límites inaceptables. Nada más y nada menos. La ministra acusó a quienes se movilizaron para evitar las primarias previstas en los estatutos –entre ellos, obviamente,  Rubalcaba y el resto de barones que le respaldan, aunque no los citó– de «poner en riesgo» esos pilares centrales del PSOE y de cualquier organización política. A partir de ahí, ¿cómo podrá presumir el PSOE de democracia interna si el hecho de que alguien ose presentar su candidatura pone en peligro «la unidad del partido, la autoridad del presidente e incluso la estabilidad del Gobierno»? De la confesión de la ministra se deduce que la libertad no ha sido tal y que el aparato del partido se ha encargado de encauzar y controlar un proceso teledirigido con una única salida. Hasta tal punto ha sido así, que Chacón reconoció que hace 48 horas tenía decidido presentarse a las primarias y que así se lo trasladó a Zapatero en una reunión, en la que se interesó por distintos aspectos logísticos del procedimiento. En todo caso, el «dedazo» más o menos encubierto del aparato para colocar a Rubalcaba como sucesor de Zapatero es un cierre en falso de la profunda crisis del PSOE, y anticipa una guerra intestina entre las diferentes federaciones. El «paso atrás» de Chacón sólo es un capítulo y preludia un impulso para, una vez celebradas las elecciones generales con la previsible victoria de un PP en ascenso imparable, exigir responsabilidades a Rubalcaba y plantar la batalla final con todos sus apoyos. Sea como fuere, el trámite sucesorio en el PSOE se ha abreviado y su culminación será cuestión de horas, tal vez en el mismo comité federal de mañana sábado. Y ya no habrá excusa para que Zapatero no convoque elecciones generales de inmediato. Resuelto el futuro a corto plazo del PSOE, ahora urge que los españoles decidan el suyo.

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