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Reconstruir la democracia venezolana por Andrés Velasco

  • Los venezolanos merecen algo mejor. Podrían conseguirlo si Capriles lograra derribar a Chávez en octubre. El candidato opositor enfrenta una batalla cuesta arriba

Emoción, caras jóvenes y esperanzadas, la sensación de que los mejores y más brillantes de una nación se han unido en pro de una causa noble: el escenario era un edificio de oficinas en Caracas (Venezuela) en julio de 2012, pero, para un chileno como yo, podría haber sido Santiago en octubre de 1988. El cuartel general de la campaña del candidato presidencial de la oposición, Henrique Capriles, se parece mucho al de la campaña del «no» contra el dictador de Chile hace un cuarto de siglo, Augusto Pinochet.

En aquella época, pocas personas fuera de Chile creían que se pudiese expulsar de su cargo a un dictador despiadado mediante el voto. Pero la oposición democrática venció en el plebiscito de 1988 y Pinochet tuvo que marcharse.

Hoy, algunos opinólogos internacionales se muestran igualmente escépticos ante la posibilidad de que la oposición venezolana pueda derribar al populista Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del país que se celebrarán el 7 de octubre. Al fin y al cabo, Chávez, que ha gobernado Venezuela desde 1999 y que se encuentra en su tercer mandato presidencial, mantiene un control férreo sobre gran parte de los medios de comunicación del país y no vacila a la hora de repartir petrodólares a destajo para conservar el apoyo popular.

Pero en Caracas se rumorea algo diferente. Capriles ha montado una campaña impresionante. Aparece tras Chávez en la mayoría de las encuestas, pero la distancia entre ambos parece ir estrechándose.

Capriles afronta obstáculos formidables. En un informe reciente, Human Rights Watch documentó la acumulación de poder ejecutivo y la erosión de la protección de los derechos humanos en Venezuela. «Durante años, el presidente Chávez y sus partidarios han venido creando un sistema en el que el Gobierno tiene carta blanca para amenazar y castigar a los venezolanos que se opongan a su programa político», dijo José Miguel Vivanco, director del Departamento para las Américas de Human Rights Watch. «Hoy ese sistema está firmemente asentado y los riesgos para los jueces, periodistas y defensores de los derechos son mayores que nunca durante el periodo de Chávez».

El más antiguo canal de televisión privada de Venezuela, RCTV, fue sacado arbitrariamente del aire en 2007 y posteriormente se lo ha eliminado de la televisión por cable. Otras emisoras independientes de radio y televisión han sufrido las consecuencias de una reglamentación abusiva o simplemente se les ha impedido emitir. De los principales medios de comunicación, sólo Globovisión sigue siendo crítico con Chávez y transmite el mensaje de la oposición.
Los venezolanos se ven bombardeados casi a diario con los interminables discursos de Chávez. El presidente ha pronunciado ya 75 horas y 20 minutos de discursos públicos, que las emisoras de radio y televisión del país están obligadas a transmitir. A ello se suma la cuenta de su mandato ante el Parlamento en enero, que duró nueve horas y 49 minutos y constituyó el récord personal de Chávez.

El bando de Capriles, que dispone de poco acceso a los medios de comunicación, se ha visto obligado a hacer una campaña a la antigua. Capriles,  un hombre de contextura delgada y de 40 años de edad, recorre por término medio cuatro ciudades venezolanas al día. El recibimiento parece más apropiado para una estrella del rock que para un aspirante a presidente: grandes multitudes y abrazos intensos (al fin y al cabo, Venezuela es un país caribeño). Con frecuencia la camisa del candidato resulta desgarrada en un tumulto de entusiasmo.

Para crear todo ese apoyo popular, Capriles se ha situado políticamente lejos no sólo de Chávez, sino también de la élite política y empresarial que gobernó Venezuela antes del bolivariano. Su mensaje de centro izquierda enfatiza dos asuntos: los puestos de trabajo y la delincuencia. No necesitó hacer demasiadas encuestas de opinión para fijar esas prioridades.
La tasa oficial de desempleo asciende actualmente al 7,9%, pero el desempleo juvenil y el subempleo son mucho mayores. No es de extrañar, en vista de los mediocres resultados de Venezuela en materia de crecimiento. Desde 1999 –y pese a unos precios del petróleo muy altos– la economía ha crecido sólo un 3,2% al año por término medio. Durante ese periodo, América Latina en conjunto ha registrado un 4% de crecimiento medio anual, impulsado por países que crecen aceleradamente como Perú, donde el PIB ha estado aumentando en más del 5,5% anual promedio.

El problema de la delincuencia es aún peor. La tasa de homicidios de Venezuela –67 por cada 100.000 personas– es una de las mayores del mundo y cinco veces más de lo que fue antes de que Chávez llegara al poder. En cambio, la tasa en Brasil es 26 por 100.000 y en México «sólo» 18, pese a la violencia de ese país relacionada con la droga.

Los venezolanos merecen algo mejor. Podrían conseguirlo si Capriles lograra derribar a Chávez en octubre próximo. El candidato opositor enfrenta una batalla cuesta arriba, pero lo mismo le ocurría a las fuerzas democráticas que luchaban contra Pinochet. Quienes subestimaron el anhelo de libertad y de una vida mejor se equivocaron en Chile en 1988. Con un poco de suerte, podrían equivocarse de nuevo en Venezuela el año 2012.

 

Andrés Velasco
Ex ministro de Hacienda de Chile. Profesor visitante en la Universidad de Columbia
Copyright: Project Syndicate, 2012.
www.project-syndicate.org
 

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