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El líder musulmán ceutí: «Somos españoles y no hay más debate»

Marruecos explota la vía religiosa para mantener su tutela sobre la comunidad islámica de la ciudad. Una comunidad que se declara española convencida, pero presa de los prejuicios, el paro y la exclusión social.

  • Ceuta, la difícil convicencia con Marruecos
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    Ceuta, la difícil convicencia con Marruecos
Ceuta.

Tiempo de lectura 4 min.

22 de mayo de 2010. 19:02h

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Ceuta. 22/5/2010

Patio del colegio público Príncipe Felipe, a apenas cien metros de la frontera del Tarajal, el único paso entre Ceuta y Marruecos. Alumnado íntegramente musulmán. Un niño se burla de otro: «Tu novia tiene pasaporte verde».

Veintitrés años después de acceder a la nacionalidad española, la comunidad islámica de la ciudad autónoma vive hoy orgullosa de su pasaporte rojo. Salvo algún que otro desesperado por la falta de trabajo o vivienda, es prácticamente imposible encontrar a ningún ceutí, salvo al controvertido presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (Feeri), Mohamed Hamed Ali, declarado hace más de diez años persona non grata por la Asamblea autonómica, y que sigue defendiendo en público o en privado la marroquinidad de la ciudad que reivindica el país vecino.

Y es que, cada vez es más sencillo, pese al pavor atávico a meterse en un problema al entregar el pasaporte en la frontera, que los musulmanes ceutíes defiendan abiertamente la soberanía española de la plaza. «Somos españoles, nos sentimos españoles y no hay nada que debatir al respecto», desdeña el debate el líder de la oposición en la Asamblea, Mohamed Ali, una especie de «alcalde» de los musulmanes y presidente de la UDCE. Partido que PP y PSOE han intentado integrar en sus filas en los últimos años, aliado ahora a otra formación localista, el PSPC, para intentar «acabar con la política confesional que dice que cada comunidad religiosa vota a los suyos».

La última llamada del Reino alauí a España para dialogar sobre Ceuta y Melilla no ha tenido el más mínimo impacto en la sociedad local. Marruecos ha perdido la batalla política y social. Hace años que Hamed Ali no concurre a unas elecciones y ningún partido quiere saber nada de él ni de sus posiciones.

Ahora, el escenario de la batalla se ha trasladado al ámbito religioso. A finales de 2007, Laarbi Maateis, un líder tabligh, corriente islámica que Rabat mira con profunda desconfianza, accedió a la Presidencia de la Unión de Comunidades Islámicas de Ceuta. Maateis abandera la necesidad de un Islam ceutí con capacidad para formar a sus propios líderes religiosos y emanciparse -sin enfrentarse- del Habús marroquí.

Su buena sintonía con el Gobierno local del PP permitió que en 2008 los musulmanes ceutíes pudiesen celebrar por primera vez un rezo comunitario al aire libre, la Musal-la, coincidiendo con la Pascua del sacrificio y el final del Ramadán. Marruecos, de donde procede más del 90% de los imanes que ejercen en las mezquitas ceutíes, ha venido haciendo todo lo que ha podido desde entonces, año tras año, para boicotear esta oración colectiva.

Pese a las presiones y amenazas de la delegación del Ministerio de Asuntos Religiosos de Rincón [M'Diq en árabe] no logró impedir ninguno. Más bien logró el efecto contrario, ya que la afluencia de fieles fue muy superior a la concitada por los rezos públicos paralelos auspiciados por la Feeri.

En febrero, el enfrentamiento se trasladó a la principal mezquita de la ciudad, la de Sidi Embarek, después de que Ahmed Liazid, uno de los dos únicos imanes españoles en la ciudad, se hiciese cargo de nuevo, tras abandonarlo temporalmente hastiado de los enfrentamientos internos entre Feeri y Ucidce, del rezo de los viernes.

El choque llegó a tal nivel que los antidisturbio de la Policía Nacional tuvieron que custodiar la entrada al templo tres semanas seguidas. La Moncloa se interesó por el asunto, pero ni la Delegación del Gobierno ni la Ciudad Autónoma dieron un paso al frente públicamente. El 5 de marzo Liazid anunció que dejaba el púlpito.

Victoria de Rabat
Ganó Marruecos, cuyos acólitos defienden que la mejor forma de garantizar un Islam moderado en Ceuta y evitar el arraigo del yihadismo es su tutela sobre las mezquitas, donde se siguen repitiendo cada semana plegarias por el Rey del país vecino. Pese a que los anexionistas y sus afines no dejan de airear los prejuicios que siguen pesando en parte de la comunidad cristiano-occidental sobre sus vecinos musulmanes.

Tanto es así, que, según un estudio reciente de la Universidad de Cádiz, el profesorado local ve la cultura árabo-musulmana como «una amenaza» para su profesión. Es sólo un ejemplo. Mohamed Haddu Musa, líder de IU en Ceuta y diputado en la Asamblea local, fue uno de los primeros musulmanes que entró en política, allá por los años ochenta, en la refriega porque los ceutíes de confesión islámica tuviesen DNI.

Un cuarto de siglo después advierte de que «si las instituciones no hacen nada, dentro de poco no hará falta que Marruecos reivindique la ciudad para fracturar a la sociedad local entre la Ceuta blanca, cristiana y funcionarial del centro y la Ceuta árabo-musulmana pobre, en paro y todavía repudiada por muchos con el silencio de la periferia».

Ceuta apela a la Unión Europea para evitar la asfixia económica

Vencida en lo político y lo social, Marruecos sigue teniendo dos poderosos instrumentos para controlar Ceuta, con tasas de paro superiores al 20%, un tercio de su población por debajo del umbral de la pobreza y una economía asfixiada por la negativa del país vecino a implantar una aduana comercial en la frontera del Tarajal.

Una aspiración para la que el Gobierno local del PP reclama insistentemente el apoyo de la Unión Europea. Bloqueado el tránsito comercial oficial, el Reino alauí sigue aplicando a rajatabla, sin que el Gobierno español pueda hacer nada, según explica el senador socialista ceutí José Carracao, un Decreto Real de 1958 que le permite considerar nacional marroquí en su territorio a la práctica totalidad de los musulmanes ceutíes, el 50% del censo local.

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