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El mejor en nuestra lengua por Esperanza Aguirre

Por Esperanza AGUIRRE GIL DE BIEDMA

  • Vargas Llosa, «muy conmovido y entusiasmado»
    Vargas Llosa, «muy conmovido y entusiasmado»
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    Vargas Llosa, «muy conmovido y entusiasmado»

Tiempo de lectura 4 min.

07 de octubre de 2010. 13:42h

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7/10/2010

Para todos los que tenemos el español como lengua materna y admiramos la obra literaria de Mario Vargas Llosa, ha sido una inmensa alegría que la Academia Sueca le haya concedido el Premio Nobel de Literatura. Se reconoce así de manera universal la impresionante calidad de su obra literaria, de sus novelas, sobre todo, y también de sus obras de teatro y de sus ensayos.

Su fascinante capacidad narrativa hace que leer una novela suya sea, como dice él de Flaubert, «una orgía perpetua». En sus novelas siempre hay unos personajes que nos conmueven con sus pasiones, sus deseos y sus problemas; siempre hay unos paisajes urbanos o rurales que nos atrapan y siempre hay unos conflictos humanos, sociales o políticos que captan todo nuestro interés. De la grandeza de sus novelas da fe el entusiasmo que siempre provocan en todo el mundo, porque las traducen inmediatamente a todas las lenguas.

Su extraordinaria inteligencia y capacidad expositiva hacen que sus ensayos nos asombren por su rigor intelectual, por la precisión de su prosa y por la brillantez de sus argumentos. Y eso se aprecia tanto en sus ensayos literarios como en los políticos, que son, sin duda, los que a mí más me han interesado.

Vargas Llosa es, desde luego, uno de los escritores más importantes que ha dado el mundo en los últimos cincuenta años. Y, para mí, el mejor en nuestra lengua. A sus méritos indiscutibles como escritor une Mario Vargas Llosa un extraordinario valor cívico, que le ha hecho estar siempre comprometido con la causa de la libertad. Ese compromiso le llevó, en su juventud, a posiciones izquierdistas y sus experiencias, sus estudios y sus análisis posteriores son los que le hicieron abandonar ese izquierdismo juvenil y abrazar el liberalismo como la ideología más eficaz para impulsar políticas que sirven para crear riqueza y para ayudar a todos los países del mundo a pasar de la miseria a la pobreza, de la pobreza a la dignidad, y de la dignidad a la prosperidad.

Al Vargas Llosa liberal lo descubrí con la lectura de «El pez en el agua», ese apasionado relato de sus experiencias como candidato a la presidencia de su primera patria, el Perú, que me puso en las manos un político socialista, buen amigo mío, al que siempre se lo agradeceré. Mi admiración por aquel autor que había sido capaz de salir de la ortodoxia izquierdista y que razonaba con tanta convicción, con tanta fuerza y con tanta elocuencia su paso al liberalismo me hizo buscar cualquier excusa para conocerle en persona. Y ahí, en nuestro compromiso compartido con la libertad y con el liberalismo, me encontré con Mario Vargas Llosa y empecé a cultivar su amistad, una amistad que no ha dejado de crecer.

Una amistad que considero un verdadero tesoro, porque Mario Vargas Llosa es con sus amigos de una generosidad ilimitada, y compartir ratos de conversación con él es, y creo que todos los que los han probado lo saben, un placer increíble porque Mario es, además del genial escritor al que acaban de dar el Nobel, un conversador fascinante y seductor, y yo tengo la suerte de haber conversado mucho con él. Hoy puedo confesar que la alegría de que le den el Premio Nobel de Literatura a un amigo es una experiencia inigualable, que es otra cosa más que tengo que agradecerle a Mario Vargas Llosa.
 

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