viernes, 28 julio 2017
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«Se llamará Inem»

  •  Clarice Ikeson, una cocinera nigeriana de 42 años,  llamará Inem a su sexto hijo, que nació en la cola de la oficina de empleo de Alcorcón. Simone Saurim,  una psiquiatra desempleada de brillante currículum asistió el parto
     

MADRID- El INEM siempre fue sinónimo de colas, agobios y desempleados en busca de trabajo, cursos de formación o tedioso consejo administrativo. Hasta ayer. Inem ahora es el nombre de un precioso bebé de raza negra, de 2,5 kilos, nacido el pasado miércoles en una de las oficinas del paro de la Comunidad, en concreto la de la calle Portolagos, 13, de Alcorcón. Clarice Ikeson, cocinera nigeriana de 42 años y madre de otros cinco hijos, comenzó a dar a luz sentada en una silla ante el estupor de los demandantes de empleo que no sabían qué hacer. Todo ocurrió en 10 minutos. Parto extrahospitalario sin complicaciones.

Ayer, ya en planta, con el bebé pegado a su costado (como es costumbre en su país), la madre reveló a LA RAZÓN que su ilusión era esa. «Se llamará así», dijo de repente desde la cama, en la habitación 112 de Maternidad, en el Hospital de Alcorcón, tras explicar que lo había debatido con su marido y con una sonrisa inmensa, Clarice mostró un papel, en letras mayúsculas, con la identidad completa: Inem Afamefune Ikeson.

Pero lo curioso de la historia no queda ahí. La persona que atendió a la nigeriana en la oficina, la que le vio romper aguas y ayudó a salir adelante al bebé con una profesionalidad impecable, fue Simone Saurim, una médico brasileña de 33 años, con especialidad en psiquiatría. Ella esperaba también su turno para apuntarse al paro. «El bebé nació prácticamente en mi falda», resumió ayer la doctora.

Simone ha pasado los últimos cuatro años como residente en el hospital psiquiátrico José Germain de Leganés. El viernes pasado terminó su contrato. El miércoles era su primer día de paro, como dice ella bromeando, y así contó lo sucedido: «La mujer iba delante de mí en la fila pero vi muy pronto que se encontraba mal. Fue al baño y vino con muy mala cara. Se veía que estaba embarazada pero, por la ropa que llevaba, no se le veía tan a término, no tanto como para dar a luz allí. Decidí que pasara delante. Los demás pensaban que estaba fingiendo, que decir que le dolía la tripa era una excusa para que la atendieran. De repente se sentó y vi perfectamente cómo rompía aguas. La tumbé en el suelo. No tenía agua ni guantes. Acabó de salir el bebé. Lo tapamos con una chaqueta. La verdad es que fue muy fácil. Esperamos a la ambulancia para cortar el cordón».

Las titulaciones y los cinco idiomas que la médico domina (con la nigeriana habló en inglés para que la entendiera mejor) no parecen suficientes para encontrar un empleo. La psiquiatra, convertida en matrona por unos minutos, con una humildad admirable, prefiere no salir en fotografías (aunque acaba admitiendo alguna por cortesía). «No quiero ser "celebrity"», declara. «Lo que de verdad quiero es que se sepa que somos demasiados los profesionales con mucha formación que no encontramos dónde aplicar nuestros conocimientos». Simone cambia la cadencia suave de su acento brasileño. «Es una verdadera pena lo que está ocurriendo aquí», sentencia tajante. «He mandado "currículos" a varios hospitales públicos, pero no conseguí nada", añade. Sin embargo durante los dos últimos días, estaba contenta.Satisfecha.Claramente sorprendida por la situación que tuvo que vivir, más bien, solucionar.

Algo positivo en el INEM
La triste situación de crisis que atraviesa nuestro país, algunas veces aunque sean pocas, genera situaciones positivas, al menos para Clarice, quien nunca habría pensado que la mujer que le precedía en la cola (y la dejó pasar) era una gran profesional de la medicina.
La compañera de habitación de la nigeriana, Fabiola Orellana, que dio a luz el lunes, habló con ella cuando trasladaron a Clarice a su cuarto. «Le dolía bastante la cabeza pero estaba contenta. Su marido entraba y salía. Cogía y besaba al bebé todo el tiempo», contó.
En el hospital, muchos se preguntaban qué hacía una mujer con contracciones fuertes en una cola del INEM. Clarice contesta encogiéndose de hombros, como explicando una obviedad. «Tenía cita ahí y no [la] podía perder», afirma entre inglés y español. A pesar de los dolores, la nigeriana se dirigió al INEM para solicitar su prestación por desempleo. Y allí se produjo el milagro.

La crisis sitúa en la misma espera a psiquiatras y cocineras, brasileñas y nigerianas, ingenieros y españoles, todos con la esperanza puesta en varios dígitos rojos que indican quién será el siguiente. Aunque algunas veces, muy pocas, uno sale esperanzado, contento, con trabajo o, como Clarice, con un niño en brazos. Un niño Inem. Mundo curioso.

 

En primera persona
CON CINCO IDIOMAS Y EN LA COLA DEL PARO

La doctora Simone Saurim, de 33 años, nació en la zona sur de Brasil, en el Paraná. Estudió Medicina en Santa María. Vivió en Londres y Florencia. Habla perfectamente portugués (su lengua materna), español, italiano, francés e inglés. Tras terminar la carrera, aprobó el MIR en España. Los últimos cuatro años los ha dedicado a atender a los internos del Instituto Psiquiátrico José Germain, en Leganés. Allí ha tratado a pacientes de patología mental leve, como depresiones, patología mental grave, como algunos casos de esquizofrenia y trastornos paranoides agudos o atención ambulatoria de todo tipo. Hace unos días participó en París en un congreso sobre Psiquiatría Transcultural, una modalidad especializada en la atención de extranjeros, con problemas de integración, idioma, adaptación, lo que genera dificultades en la atención psiquiátrica. «Y fíjate qué curioso, sin buscarlo, empecé a tratar a una extranjera en situación delicada», reflexionaba ayer la psiquiatra. «En cualquier caso», insistió,  «somos demasiados los profesionales con la máxima formación en busca de empleo». La doctora lucha por la «no estigmatización» de los enfermos mentales, su integración y su derecho a una vida «como la de cualquier otro». También, por un trabajo digno, como ella misma busca.

 

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