Andalucía

De enfermos mentales a asesinos

En sólo unas horas se producen cuatro crímenes sobre los que pesa la sospecha de un trastorno. Un 1% de los pacientes más graves no está tratado

Familiares de las víctimas, entre ellas la abuela paterna (2d), llegan al domicilio, en la calle Cancio Uribe de Jaén
Familiares de las víctimas, entre ellas la abuela paterna (2d), llegan al domicilio, en la calle Cancio Uribe de Jaénlarazon

MADRID- La noche del 29 al 30 de septiembre de 2011 permanecerá imborrable en la memoria de al menos tres hogares. Los mismos que quedaron destrozados tras el estallido de una violencia salvaje, del todo irracional. En una iglesia de Ciudad Lineal (Madrid), Iván Berral, de 34 años y con antecedentes criminales, asesinó a tiros a una embarazada –el SAMUR logró salvar la vida del bebé– e hirió a otra de mujer de 52 años, con las que no tenía ningún tipo de relación. Con todo, la jornada fue más trágica si cabe en la provincia de Jaén: en el barrio de La Alcantarilla, una mujer de 37 años asesinó a sus hijos de 3 años –hallado en una bañera sin agua– y 11 años –encontrado sobre una cama– posiblemente tras asfixiarlos; después, en torno a las 6:00 horas, un hombre de 41 años asesinó a su madre con un cuchillo de cocina e hirió a su hermano de 31.

Existe la sospecha, cuando no la certeza, de que detrás de estos asesinatos se halle la sombra de una enfermedad mental. En el caso del agresor de Jaén, las autoridades afirmaron que sufría un trastorno de la personalidad. Vecinos de la parricida afirmaron que podía sufrir una «depresión». Y, en cuanto al caso de Ciudad Lineal, parece evidente que la naturaleza de su crimen pone en entredicho su equilibrio mental.

Por orden judicial
Ni mucho menos todos los enfermos mentales están diagnosticados. «Entre el 15 y el 20 por ciento de aquellos con trastornos más graves permanecen sin diagnosticar», asegura Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB). ¿Los motivos? Vivir en zonas menos pobladas y más alejadas de núcleos urbanos, donde reina la inaccesibilidad a los centros de salud. O no contar con ningún apoyo familiar.

Con todo, lo que más preocupa a los psiquiatras es el 1 por ciento de pacientes de enfermedades mentales graves que no se somete a ningún tratamiento. Básicamente porque no quieren y no existe obligación. «La Sociedad Española de Psiquiatría y la SEPB defendemos los tratamientos obligatorios para estos pacientes», afirma Bobes. Algo que debería de ser «facilitado por el juez, pero que no se encuentra reflejado en nuestro Código Civil». De hecho, dice, se han opuesto asociaciones de familias, pese a que «queremos respetar el derecho a la libertad de todo el mundo».

Así, «sería la medida más idónea para aminorar circunstancias» como los crímenes descritos, que, «si bien en este caso ocurrieron en un sólo día, durante el resto del año se produce un goteo». «Son pacientes que suponen un riesgo contra sí mismos y contra terceros. Es un procedimiento necesario para rebajar este comportamiento violento», añade.

«No hay que estigmatizar»
Bobes insiste en que no hay que «estigmatizar» a este colectivo. «Puede dar la impresión de que los enfermos mentales son muy violentos, cuando tienen cinco veces menos de probabilidades de cometer actos» de esta naturaleza. Algo en lo que coincide Jerónimo Saiz, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. «Son casos excepcionales», apunta. Pero eso no quita que haya que actuar sobre aquellos pacientes «que no tienen conciencia de estar enfermos», dice Bobes. No en vano, el trastorno puede «producir tal distorsión de la realidad» que haga creer «que no se precisa de ayuda». Además, «cada vez a más pacientes» se les administra un tratamiento inyectable en lugar de oral, «pues, de lo contrario, no toman la medicación. Es algo muy frecuente».

Jerónimo Saiz hace hincapié en otra de las reivindicaciones de los psiquiatras: un catálogo común de medicamentos «en todo el Sistema Nacional de Salud y homologable a todas las comunidades autónomas». Y es que existe el caso de los antipsicóticos atípicos, fármacos que tratan enfermedades como la esquizofrenia y el trastorno bipolar, que están restringidos en regiones como Andalucía –es necesario pasar por un procedimiento de visado para adquirirlos–. Y eso a pesar de que estos fármacos favorecen la adherencia al tratamiento.

Hay también un factor incontrolable. «Puede existir un porcentaje descontrolado. Pero crímenes como estos son imprevisibles. No pueden ponerse mecanismos para evitarlos», dice el psiquiatra forense José Cabrera. No en vano, como recuerda Saiz, «hay un factor de incertidumbre. No todo se puede prever». Así, dice, puede que el homicida de Ciudad Lineal viera a una mujer embarazada como un demonio. O, como explica Bobes, una madre asesine a sus hijos presa del «síndrome de Abraham». «Existe una inexplicabilidad de acuerdo a los mecanismos lógicos del sistema social», añade.


CLAVES
Realidad distorsionada

1.-Sin tratamiento
Los psiquiatras defienden una intervención obligatoria sobre el 1 por ciento de enfermos mentales graves que no se someten a ningún tratamiento.
2.- Sin medicación
Muchos pacientes renuncian a seguir medicándose. Por eso, cada vez en más casos, reciben un tratamiento inyectable.
3.- Imprevisibles
Sí que pueden producirse «señales» previas a estos crímenes, pero en muchas ocasiones son imprevisibles.