miércoles, 28 junio 2017
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El Do-Re-Mi vuelve a retumbar en la Gran Vía

  • «Sonrisas y lágrimas»: está todo dicho. ¿Quién no ha visto a Julie Andrews enamorar al capitán Von Trapp? El musical levanta el telón en Madrid dirigido por Jaime Azpilicueta

Hay milagros que por más que se repitan no dejan de causar sorpresa. Primero ocurrió que la verdadera familia Von Trapp (el capitán y su abultada prole) se topó con la verdadera Maria, una novicia que fue enviada a la casa para que hiciera de institutriz de los niños; después, que lograran dejar Salzburgo y escapar del nazismo. Más tarde, que la historia se volcara a una biografía escrita. Y todo lo demás es una cascada de éxito continua: a mediados del siglo pasado, se convirtió en un musical de Broadway que superó las 1.400 representaciones consecutivas; en 1960, Julie Andrews y Christopher Plummer encarnaron los papeles protagonistas en el cine y la película fue un bombazo internacional. Aún se representa en Londres y acaba de ser reestrenada hace unos meses en varias capitales europeas. En España el encargado ha sido (¿cómo no?), Jaime Azpilicueta, que ha sabido a llevar a buen puerto otros grandes clásicos también en tiempos de menos medios y formación que ahora, como aquel primer y mítico «Jesucristo Superstar». Interrumpimos el ensayo técnico («el más aburrido», según dice, pero también el inevitable) para preguntarle si es el montaje con mayores dificultades de todos en los que ha participado: «Es el más complicado, porque la producción es enorme, hay continuos cambios de decorados enormes», confirma el director. Efectivamente, la escena cambia en 22 ocasiones, son necesarios 140 trajes para vestir a 26 artistas, acompañados por diez músicos y otras 70 personas entre equipo técnico, maquillaje y vestuario. «La magia del directo», las sorpresas y los efectos que surjan en escena son la única manera que existe de luchar contra las expectativas de la película que, quien más y quien menos, tiene en la cabeza.

Aun así, no es el aparataje lo que más impresiona a los espectadores. Según ha podido comprobar el director en los ocho meses previos de la gira antes de estrenar en Madrid, «el musical conmueve tanto al nieto como al abuelo, es algo que no me había pasado nunca. De hecho, en los ensayos suele ocurrir que cuando un actor acaba su escena se va al camerino o, al menos, fuera del patio de butacas; aquí se quedaba todo el mundo. He visto a mucha gente llorar, tanto entre los actores como en el público».

Luchetti, un «hallazgo»
Además del potencial de la historia, Azpilicueta atribuye este triunfo al reparto, al que se acaba de unirse Carlos Hipólito. «Cuando le llamé para que lo protagonizara tenía el compromiso de "Follies" y se produjo el milagro de que encontramos a Carlos Benito, que realizó un excelente trabajo. Pero es un placer auténtico para un director trabajar con Hipólito porque tú le ayudas en algo pequeño y él te devuelve mil veces más. Además de simpatía, tiene un buen carácter increíble y un sentido del humor extraordinario». El «verdadero hallazgo» ha sido Silvia Luchetti, que interpreta a la institutriz: «No se sabe dónde termina María y dónde empieza la actriz». Y para rematar, también se deshace en elogios hacia Noemí Mazoy, que encarna a la madre superiora: «Han pasado líricas importantes por este papel que nunca han logrado dar las notas más altas de la función. En el final del primer acto, esta abadesa pone los pelos de punta», remata Azpilicueta.

Las letras de las canciones, cuyas melodías son conocidas incluso por aquellos que no hayan visto la película, han sido completamente renovadas, excepto una: el «Do-Re-Mi». A pesar de la incorrecta y poco lógica traducción, el equipo ha preferido dejarla intacta para que todos puedan corearla tal y como la recuerdan. «He intentado que esta historia fuera creíble y a través de eso llegar al corazón de la gente. La medalla más grande en esta profesión es que el público se abstraiga de la más que nunca dureza cotidiana durante estas dos horas y media», confiesa Azpilicueta a quien le gustaría ganarse el epitafio de "supo entretener a la gente" y que ha escorado esta versión «hacia la verdad». Admite que ahora la responsabilidad es todavía mayor, pues en estos tiempos de estrecheces es más difícil que alguien acuda a la taquilla de un musical, así que hay que darle al público aún más que antes.

España, una potencia
A pesar de que ya ha ocupado las marquesinas con monumentos al musical como «Evita» y «My fair lady», que recientemente ha retomado, de nuevo con Paloma San Basilio a la cabeza, Azpilicueta aún tiene muchos títulos que sueña con escuchar en español, sobre todo «Gipsy», una de las obras magnas de Stephen Sondheim. «Ahora podemos hacer cualquier título que queramos. Cuando empezamos con "Jesucristo...", tuve que hacer cásting a 1.220 personas y ninguno tenía experiencia; es decir, nadie había cantando, bailado y actuado en el mismo montaje. En las últimas pruebas he encontrado a unos 200 candidatos perfectos para cada papel. La elección es cruel, difícil, porque al haber demanda, la gente se ha preparado durante años. España es ahora mismo una potencia a nivel técnico y artístico en los musicales», zanja orgulloso Azpilicueta.

Hipólito, ese actor de musical
Aunque muchos puedan no situarle en el género, lo cierto es que Carlos Hipólito (izda.) no es nuevo en esto de cantar en escena. Lo hizo hace años en «Historia de un caballo», y hace apenas unos meses repetía en «Follies». Feliz como el capitán von Trapp, el actor explicó ayer que lo considera «un sueño cumplido». Con 37 obras de teatro a sus espaldas, su reto en este espectáculo, asegura, consistió en lograr que el personaje fuera «creíble» sin caer en lo almibarado. Eso, y luchar, como todos, contra «un referente tan concreto del que todo el mundo tiene una idea preconcebida».

Cuándo:  desde el 27 de septiembre. Dónde: Teatro Arteria Coliseum. Madrid.  Cuánto: de 11,90  a 61,10 euros. Tel. 91 542 30 35.
 

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