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El vertido del Golfo se ceba con el atún rojo

Los científicos han encontrado ya larvas de atún rojo en el Golfo de México. Es el único enclave en el que se reproduce una de las poblaciones –la del oeste– de esta especie en peligro de extinción. Y lo hace precisamente ahora. La alerta se dispara
 

  • Un ejemplar de atún rojo. Firma foto: Oceana/Keith Ellenbog
Belén Tobalina - Madrid. 

Tiempo de lectura 8 min.

08 de mayo de 2010. 11:51h

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Dos semanas después de que explotara la plataforma petrolífera en el Golfo de México y de que la gigantesca mancha de crudo comenzara a extenderse, continúa desconociéndose la envergadura del desastre que se avecina. La palabra catástrofe se repite. Se han vertido al mar nada menos que el equivalente a tirar por la borda 5.000 barriles de petróleo diarios, algo que se repite desde el pasado 22 de abril y que al acabar el día de hoy habrá derramado prácticamente una cuarta parte de lo que vertió el «Prestige» (63.000 toneladas de las 77.000 que llevaba a bordo) o casi la mitad de lo que derramó en la bahía de Price William Sound (Alaska) el «Exxon Valdez» (que vertió, en 1989, 37.000 toneladas de hidrocarburo). Pero podría ir a peor, porque BP (la operadora de la plataforma) ha admitido que se podrían llegar a verter 40.000 barriles diarios (casi 8.500 toneladas). Y eso que el pasado miércoles ya se sellaron una de las tres fugas de crudo del pozo.
El temor ante uno de los mayores desastres ecológicos de EE UU ha disparado todas las alarmas. En el caso del atún rojo, el vertido podría si no acabar sí frenar la recuperación de esta población sobreexplotada, más incluso que la del este (la que se reproduce en el Mediterráneo). Varios son los motivos. Uno de ellos es que «el Golfo de México es una de las dos únicas zonas de reproducción del atún rojo del mundo», explica Margot Stiles, científica marina de la organización Oceana en EE UU. El siguiente, que es precisamente ahora (entre abril y junio) la época de reproducción de estos migradores en el Golfo de México.
«Hemos encontrado larvas de atún rojo en el Golfo de México, la mayoría en aguas fuera de la Corriente Loop (una corriente de agua caliente en el Golfo de México que fluye hacia el norte entre Cuba y la península de Yucatán). El derrame podría afectar algunas de las aguas donde desovan, pero el desove también sucede en el Golfo de México occidental», explica Barbara Muhling, investigadora de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE UU (NOAA). «El barco Gunther Gordon (de la NOAA) –prosigue– está dirigiéndose al área del derrame para tomar muestras de placton, como parte del estudio de primavera. Por lo que veremos lo que dicen acerca de la magnitud del vertido».
«El riesgo para el atún rojo es que estamos en el período de su reproducción anual y sus huevos, una vez fertilizados, flotan el mar, donde son vulnerables a la contaminación generada por el derrame del petróleo», alerta Stiles.
Y es preocupante, porque, «debido a la sobrepesca, la población que se reproduce en el Golfo de México (la del oeste) ha descendido en un 87 por ciento respecto a los niveles de 1975», recuerda Stiles. De hecho, «en la actualidad, el Total de Capturas Admisibles (TAC) de atún rojo del este está estimada en 13.500 toneladas y la del oeste (la del Golfo de México) en algo más de 2.000», afirma Juan Serrano, director general del Grupo Balfegó, empresa catalana dedicada a la pesca y comercialización del atún rojo.
«El efecto tóxico del petróleo impactará sobre la fase del ciclo vital más sensible; Es decir, el desarrollo larvario del atún rojo, lo que puede producir desde una reducción en la puesta hasta que los huevos no eclosionen o las larvas no se desarrollen con éxito», explica María José Cornax, científica marina de Oceana. Es por eso que, que este año no se reproduzca o que merme su puesta de huevos, puede reducir aún más la ya de por sí escueta población de este túnido que ha llegado al Golfo de México tras alimentarse un poco más al norte de caballa, boquerones y arenques.
«El atún rojo ya está sufriendo la sobrepesca a pesar de ser una especie en peligro de extinción. La pérdida de una oportunidad para reproducirse no puede significar nada bueno», teme Stiles. En este mismo sentido, Bruce Collete, científico del Laboratorio de Pesquerías Nacionales Marinas, del Museo Nacional de Historia Natural, del Instituto Smithsonian, en Washington, comenta que, aunque «no tengo información específica sobre los efectos del vertido de petróleo en la población del atún rojo, no van a ser buenas. Las dos poblaciones del atún rojo ya han sido seriamente empobrecidas por décadas de sobrepesca, por lo que los efectos nocivos para la "cosecha" de este año sólo servirán para empeorar aún más la situación».
Similar temor tienen también los pescadores. «Podemos prever una verdadera catástrofe para el atún del oeste, que ya de por sí viene sin responder al plan de recuperación que se puso en marcha hace más de 10 años sin resultados», alerta Serrano.
«El límite de capturas legales del atún rojo en esta zona durante el período de reproducción es entre uno y tres atunes por cada día de pesca. Los de más alta calidad son exportados a Japón, pues allí se han llegado a pagar hasta más de 100.000 dólares (casi 80.000 euros) por pieza en lonja, cuando los pescadores en España cobran entre 3 y 7 euros por kilo de atún  y entre 8 y 15 euros en EE UU», detalla Cornax.
Y la alerta puede dispararse aún más, tanto a nivel de conservación como por su pesca, ya que el atún rojo vuelve siempre al lugar de nacimiento y es una especie fiel a la zona de reproducción.

Precio
En cuanto al precio, mientras para algunos su coste no cambiará tras el derrame de petróleo porque ya está de por sí muy alto, para otros, en cambio, sí lo hará. «No tendría una repercusión inmediata este año, ya que afectaría al atún juvenil. Además, la mayor parte de este atún lo pesca la flota recreativa de EE UU y va destinada al consumo interno del país. Podría perjudicar a Canadá dentro de unos años, ya que este país es el que exporta la totalidad de la captura a Japón, y el precio aumentaría entre los meses de julio y noviembre, época en la que exportan tanto EE UU como Canadá», precisa el director general del Grupo Balfegó. Opinión que comparten también otros científicos consultados.
Pero ésta es sólo una de las especies que se verán afectadas. La lista es larga, y tiene como protagonistas a manatíes, tortugas y pelícanos.
En cuanto a la factura del vertido, se desconoce por el momento a cuánto ascenderá. Según los datos recogidos por Efe, sólo la limpieza podría costa hasta 7.000 millones de dólares (5.475 millones de euros). «A esta cifra se sumarían los 80 dólares (62,5 euros) que habría que pagar por barril y 1.500 millones de dólares (1.172 millones de euros) por el sondeo en aguas profundas», explica José Luis Díaz Fernández, ingeniero de Minas, miembro de la Real Academia de Ingeniera (RAI) y uno de los mayores expertos en petróleo tras su paso como presidente de Enpetrol y Petroliber (hoy Repsol Petróleo), presidente de Campsa, presidente de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), presidente de Repsol Comercial, consejero y miembro del Comité Ejecutivo de Repsol, entre otros.
Volviendo a la pesca, este vertido, tal y como salió publicado en el número de la semana pasada, afecta a la segunda pesquería de EE UU, que genera 495 millones de euros de ingresos directos al año y más de 1.100 millones de forma indirecta. En definitiva, un desastre ambiental y económico que hunde en la miseria a cientos de familias de Estados Unidos, un país que consume un 20 por ciento del petróleo mundial a pesar de contar únicamente con el dos por ciento de las reservas de petróleo del planeta.
 

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