lunes, 27 abril 2015
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Un «rebaño» en peligro por Antonio PÉREZ HENARES

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Hay ya dos nidos de mirlo en la hiedra y algunos más de gorriones por el tejado. En el olmo, frente a casa, me parece que unas tórtolas turcas están acondicionando el suyo. Por fortuna, la primavera es inevitable. Y parece que también el que llueva por Semana Santa. Lo siento por las procesiones, pero me alegro por los campos. Y por mis abejas y la miel. Porque resulta que ha florecido el romero, de cuya flor extrae mi «ganado», esa miel primera, clara y traslucida, pura y suave, de la que cada vez gusto más. Pero sin agua la floración se marchita. Y claro, uno tiene que alegrarse por el «rebaño», aunque se les mojen los capirotes a los nazarenos.  La primavera viene con sed y las cuatros gotas caídas apenas han aliviado a la tierra. Para qué hablar de cosechas perdidas, pero al menos si jarrea un poco algo se podrá remediar. Y amén de pasto y cereal, la temporada de crianza necesita hierba fresca y brotes verdes. El año pasado, que llovió, la cosecha de miel primaveral fue excelente. Pero la de otoño, con ese verano reseco y sin una flor que llevarse a la boca ni un néctar que recolectar, no me atreví a quitarles ni un panal porque falta les iba a hacer a ellas para sobrevivir al invierno. Que a duras penas han logrado pasar. Pero mi alegría es que las ocho colmenas lo hayan logrado al igual que el enjambre que no paga alquiler situado en los bajos de la cabaña. El temor, amén de la falta de lluvia y la ausencia de alimento, son las enfermedades. La «varroa» y el «nosema», este último causante de la «muerte silenciosa» que está despoblando los colmenares. Fue aquí, en A TU SALUD, donde se habló antes que en ningún sitio del problema. Luego les tocó a los americanos y fue alarma mundial. Pero lo descubrieron en la Alcarria, ¿dónde si no? y lo contó LA RAZÓN.    
 

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