sábado, 28 marzo 2015
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De finanzas y fianzas por Ramón Sarmiento

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Hasta en Polonia han pedido a Manolo parar el bombo: «Manolo, calla ya», le espetó Toni Grande. Ni que el fútbol y los debates incendiarios sobre política que hasta hace poco tanto entretenían a la audiencia hubieran sido relegados a un segundo plano por agobiar al personal más que la crisis, que dura ya cuatro años. Y es que no están los tiempos para estridencias verbales tan poco diáfanas como «prima de riesgo», «deuda soberana», «activos tóxicos», «test de estrés». El léxico económico es tan técnico que ha tomado de las matemáticas «dividendo», y de la medicina el «diagnóstico». Y es tan dinámico que de los centros financieros de Inglaterra y de EE UU vinieron, entre otros, «dumping»: venta de un producto por debajo de su precio normal; «consulting»: asesoramiento empresarial y «outsourcing»: externalización de ciertos servicios. Son solo algunos ejemplos de ahora: antes, en el Renacimiento, de las repúblicas italianas llegaron «banca» y «bancarrota»; y de París, «sabotaje», «corretaje» y «finanzas». Y en las finanzas está la madre del cordero: del uso del término en singular nació la sinonimia de rescate y de fianza. Y, sobre la base de este significado, al final se perfiló la filosofía de las finanzas como la ciencia que trataba del grado de confianza que inspira un estado o su gobierno. Porque la realidad es que las finanzas sólo pueden funcionar sobre la base de la fianza. Porque, si fallan las fianzas, fallan las finanzas. Como dijo B. Franklin: «Si quieres saber el valor del dinero, trata de conseguirlo prestado».

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