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La «jet set» de Cristina K

  • La expropiación de Repsol ha sido la mayor demostración de poder de la nueva elite política
    del peronismo encarnada por Axel Kicillof
     

Doce años después, Repsol YPF regresa a manos de Argentina. Los argentinos vuelven a mirarse en su espejo roto intentando volver al pasado, como si se encontraran en un círculo vicioso del que no pueden salir: caen, se levantan, vuelven a cometer los mismos errores y de nuevo la tragedia.

Con YPF la historia se repite. El «muro infranqueable» que forman Máximo Kirchner, hijo de la presidenta, y Axel Kicillof, autor intelectual de la expropiación de la petrolera, impidieron que Antonio Brufau pudiera prosperar en su empeño por reunirse con Cristina Fernández la semana pasada. Con el anuncio de expropiación, el cambio de poderes ha convertido al ministro de Planificación, el arquitecto Julio de Vido, en el nuevo interventor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, tras recuperar el 51% del capital.

A la derecha de Julio de Vido, como número dos, pero con mucho más poder real, se sentará el viceministro de Economía, el joven economista Axel Kicillof (41 años), responsable desde ahora de los «aspectos económicos y financieros de la gestión», rango equivalente al de un director financiero con mando ejecutivo.

De esta manera, el ideólogo de la expropiación de YPF, líder del movimiento La Cámpora, una agrupación juvenil alentada y financiada por Néstor Kirchner y ahora presidida por su hijo Máximo, recibe su justa recompensa por dotar de empaque intelectual la operación contra Repsol.

De Aerolíneas a Repsol

El cargo que asume Kicillof dentro de YPF es muy parecido al que ya le encomendó Máximo Kirchner a comienzos de 2009 como primera misión de hombre del aparato del Estado, cuando su amigo y mentor de La Cámpora le propuso por primera vez pasar del plano teórico a la acción.

Entonces, el economista asumió el puesto de gerente financiero de Aerolíneas Argentinas, la antigua compañía pública de aviación que nacionalizaron en 2008 tras arrebatar su propiedad a Marsans, que entonces era de los empresarios españoles Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual. 

Ya en aquellos tiempos los empleados de Aerolíneas decían a su paso: «Este pibe tiene una estrella en la cola (culo)». Debe ser verdad. De ahí pasó a su misión más importante: expropiar Repsol.

De orientación teórica keynesiana –no en vano ha publicado dos ensayos sobre el economista británico–, Kicillof ha ganado peso en el gabinete desde la muerte de Kirchner en detrimento de De Vido, su «partennaire» en la intervención de la petrolera. De hecho, según fuentes del sector energético, la iniciativa del viceministro era aún más radical y fue el propio De Vido quien tuvo que frenar sus intenciones.

La valoración de YPF no la hará Kicillof, que de valorar empresas no sabe mucho. Y es que pese a su nula experiencia en temas petroleros, Kicillof ha llevado la voz cantante en las negociaciones con YPF por encima de funcionarios de mayor rango, como el propio ministro de Economía, Hernán Lorenzino. «De Vido se encargará ahora de la parte técnica del negocio petrolero y Kicillof de la cuestión económico-financiera», insisten en los círculos cercanos al Gobierno.

Tal vez por eso en la cabeza del «imberbe peronista» –como le conoce la oposición– se haya instalada aquella vieja frase de Rockefeller que sostiene que el primer mejor negocio del mundo es una petrolera bien administrada y el segundo... una petrolera mal administrada.

Una actitud a tener en cuenta de Kicillof es su profundo desprecio por lo que se conoce como seguridad jurídica y clima de negocios a las que llamó «palabras horribles», al considerarlos conceptos establecidos por el mundo empresario a los que el Gobierno no debiera prestar atención.

Amado Kicillof

El columnista, Carlos Pagni, describe para LA RAZÓN a Kicillof: «Hijo de un psicoanalista, bisnieto de un legendario rabino llegado de Odessa, la genealogía de Kicillof parece ser una sucesión de dogmáticas. Tiene dos propiedades en Uruguay y estuvo estudiando alemán para leer a Karl Marx en su idioma original».

Lo cierto es que con sus ojos azules, su rostro infantil, su estilo descamisado y su aversión a las corbatas, el viceministro argentino de Economía se ha convertido en unos de los nombres más «googleados» estos días. La presidenta Cristina Fernández quedó encantada cuando su hijo le presentó a Kicillof.

«A Cristina la tengo hipnotizada», ha llegado a exponer en alguna ocasión el joven economista. Los medios argentinos le han llamado de todo, desde «el pibe que sacude a España» hasta «el Kennedy de Argentina», por su juventud y su poder de oratoria. Y lo cierto es que Kicillof, un economista de 40 años graduado con diploma de honor en la Universidad de Buenos Aires, aspira a lograr la presidencia de Repsol tras una carrera política fulgurante, abrigada al cobijo de la familia Kirchner.

La revista «Vanity Fair» lo describió esta semana como «atractivo, padrazo, empollón y cerebro de la expropiación de YPF», en una nota que es ilustrada con fotos de la intimidad del viceministro tomadas de su perfil de Facebook junto a su mujer, Soledad Quereilhac, doctora en Letras, y a uno de sus hijos de cuando era un bebé. En otra se los ve junto a amigos.

También el «Financial Times» publicó un perfil en el que lo define como «un economista marxista con cara aniñada y patillas a lo Elvis». «Las jóvenes peronistas suspiran a su paso», afirma otro diario japonés.

De Vido, el que resuelve

La presencia en el Senado nacional de la nueva estrella del firmamento oficialista, Axel Kicillof, y del hombre que siempre está donde se resuelven los negocios que tienen que ver con el mundo K, Julio De Vido, han ayudado a dar mayor consistencia a esta operación.

El ministro de Planificación Federal recuperó la confianza de la presidenta tras la muerte de Néstor Kirchner. Sentado, con las manos entrecruzadas, escuchando a los que le sugieren soluciones, como si fuera un emperador.

Asiste acompañado por más de doce personas a cada evento que va. Es la postal más vista de Julio De Vido, al que Cristina le encargó la solución de los conflictos más duros abiertos por el Gobierno después de las elecciones: dólar, subsidios, gremios, Aerolíneas, industriales y ahora Repsol. Quiere que los liquide antes de las fiestas, para que haya un invierno en paz.

«La presidenta deposita su confianza en De Vido porque trabaja intensamente y está desde la fundación del kirchnerismo. Se habían distanciado porque ella es muy dura no sólo con los temas profesionales sino personales: no soportó que De Vido se separara de su anterior mujer, porque eran amigas.

Pero se reconciliaron cuando murió en un accidente un hijastro de Julio, el año pasado», confía a LA RAZÓN una fuente que conoce el círculo íntimo del ministro. De Vido es hoy el ejecutor de la «sintonía fina», lo que en el diccionario oficial significa controlar todos los números, para engrosar la fortaleza de la economía interna. Poner la lupa en los gastos de Aerolíneas, el transporte y los beneficios que los sindicatos obtienen en las obras sociales. CFK busca amputarlos.

Progres y corruptos
Pero De Vido y Kicillof son sólo algunos de los «pájaros» que integran el equipo encargado de la nacionalización. En el flamante «team K» se incluye «a la jet set» del peronismo: marxistas, montoneros, progres trasnochados y corruptos.

Como por ejemplo el titular de la empresa estatal Enarsa, Exequiel Espinoza, aunque más conocido por su rol de contratante del avión que trajo al país al venezolano-estadounidense Alejandro Antonini Wilson. Espinoza, que será el titular de la estratégica Dirección de Exploraciones y Refinación de YPF, contrató el taxi aéreo que trajo al país en 2007 a Antonini con su valija de los 800.000 dólares. Dinero chavista para la campaña de Cristina.

El elenco kirchnerista en la petrolera por parte de De Vido se completa con Luis Bontempo (rozado en la causa Schoklender, el abogado que desvió dinero a través de la organización Madres de Plaza de Mayo), José Olazagasi (secretario privado del ministro de Planificación y mencionado en la causa por negocios paralelos en Venezuela), Walter Fagyas, Luis Vitullo y Juan Estrada. Axel Kicillof impulsó la designación de Nicolás Arceo y Rodrigo Cuesta, ex Aerolíneas.

La Cámpora maneja 2.400 millones

Axel Kicillof ha crecido a la par que de La Cámpora. En este grupo —que lleva el nombre del fugaz ex presidente argentino Héctor Cámpora– se recuesta el «ala cristinista» del Gobierno.

Creado por el difunto Néstor Kirchner y dirigido hoy con puño de hierro por su hijo Máximo, la organización cobró  gran relevancia tras la muerte del ex presidente, pero lo real es que su verdadera fortaleza llegó durante el enfrentamiento con el campo.

La Cámpora, la agrupación juvenil kirchnerista más dura (en la imagen, uno de sus coches), está conformada por amigos de Máximo Kirchner y maneja una caja de más de 2.400  millones de dólares del estado. Escalaron posiciones de poder a pasos agigantados y ahora integran el círculo de confianza.

 

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