jueves, 27 julio 2017
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La Tigresa

Idoya López Riaño, terrorista sanguinaria amén de putón desorejado, ha sido «acercada» a las provincias vascas. Mas que «acercada», instalada, porque su nuevo domicilio es la prisión alavesa de Nanclares de Oca. Otra homínida etarra, Inés del Río Prada, condenada a tres mil años de cárcel, también disfruta de la bondad de nuestro Gobierno. De Murcia ha sido trasladada a Dueñas, en Palencia. Así no tendrán que hacer tantos kilómetros sus familiares para visitar a su víbora. Ayer, de vuelta de Madrid a los verdes montañeses, pasé por Dueñas y me vino a la nariz un arreón, una pestilencia cochambrosa de coño con cianuro. Veintitrés muertes sobre sus espaldas, que no sobre su conciencia. Y lo mismo se puede decir de la otra, la «Tigresa», una bestia asesina con rostro de actriz de película española que nadie conoce y está ahí porque mantiene relaciones con el productor, el director, el actor de la ceja, el iluminador, el encargado del vestuario y el maquillador. Porque Idoya López Riaño, entre crimen y crimen, se cepilló a la mitad del Goyerri, e incluso a jóvenes guardias civiles que con posterioridad al fornicio, deseaba ardientemente asesinar. Le ponían los «chacurras», como llaman esos seres despreciables a los formidables y heroicos miembros de la Benemérita.
Los beneficios carcelarios de esta pareja de bestias no los entiende nadie, excepto el Gobierno. «Voces contra el terrorismo» y la AVT se muestran heridas y escandalizadas. El Partido Popular va a preguntar al Gobierno, y el PSOE, como siempre, mira hacia otro lado. No se trata de venganza, sino de justicia. Una y otra están empatadas a crímenes con un escalofriante resultado, 23-23. Lo que se mueva detrás de esta decisión gubernamental, es en principio, asqueroso. Inés del Río Prada e Idoya López Riaño tendrían que penar íntegramente sus condenas en la prisión más alejada de sus lugares de origen. Entre una y otra suman cuarenta y seis tragedias para cuarenta y seis familias. Una y otra podrían bailar una rítmica danza vasca saltando sobre cuarenta y seis tumbas. Zapatero llamó a Otegui «hombre de paz», y dispuso que uno de los más sanguinarios terroristas fuera puesto en libertad después de una huelga de hambre que le atemorizó. Zapatero es muy raro, y espero que se hayan dado cuenta de ello. Muy raro con sus simpatías y sus misericordias. De Juana Chaos anda por Irlanda, al amparo del IRA, y no alcanzo a vislumbrar la diferencia que se establece entre ese hijo de la gran puta y las dos asesinas beneficiadas –sobre todo la Tigresa–, en estos últimos días. ¿Se les busca el mismo destino que a De Juana?
No podrán, ni la una ni la otra, por mucha ayuda monetaria que reciban, montar el único negocio que entienden. Un puticlub de carretera. Tanto Idoya como Inés tienen ya más años que la viuda de Sabino Arana.
Las zorras están hechas unos zorros, y aquella belleza malvada de La Tigresa es hoy un canto a la consternación física. El homínido perverso se deteriora más por su maldad que por los años. Lo deseable es que se estropeen hasta que la Justicia, y no la Política, cumpla con su palabra y su condena. Lejos, muy lejos habrían de esperar esta pareja de serpientes la llegada de la libertad que no merecen. El acercamiento es un principio de libertad, y lo que ha motivado ese principio, carece de ellos. Huele mal. Nauseabundo. Este Gobierno sale de una pocilga para meterse en otra. De los toros a las zorras depredadoras. Han ganado las segundas.

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