viernes, 24 marzo 2017
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«Noche de reyes»:Shakespeare de revista

  • Autor: W. Shakespeare. Versión: Y, Pallín. Director: E. Vasco. Vestuario: L, Caprile. Iluminación: M. Á. Camacho. Música: Á. Galán, E. Vasco. Reparto: B. Argüello, D. Albaladejo, A. Querejeta, J. R. Iglesias, M. Reyes, R. Hernando, H. Carballo, F. Sendino, J. Calvo, F. Carril.  Teatro de La Abadía. Madrid.

Qué bien le ha sentado a Eduardo Vasco soltarse el corsé que impone la institución –la Compañía Nacional de Teatro Clásico– y dedicarse a jugar. Esta «Noche de Reyes» apenas se emparenta con aquel «Hamlet» que pesaba como una losa y en cambio es primo hermano de un Lope de Vega, «No son todo ruiseñores», uno de los más lúdicos momentos de Noviembre Teatro. Parte, claro, de una de las comedias más deliciosas del inglés, y aunque montajes como el de Declan Donnellan, una joya con el que comparte época y estética, le ponen al título el listón alto, esta verbena de talento posee un irresistible encanto, con los figurines de Caprile y la iluminación de Camacho que marcan un hermoso territorio estilístico.

Apoyada en  una rotunda comicidad, esta «Noche» exhibe una personalidad propia y cercana. Yolanda Pallín ha apostado y ganado en su versión: traer a Shakespeare al costumbrismo español funciona, acaso porque en los discursos del vividor don Tobías, de la criada María, del patán don Andrés de Carapálida genial hallazgo, y enorme en la vida cómica con que le dota un desternillante José Ramón Iglesias– y en general de casi todos los habitantes de este enredo amoroso, hay pueblo en estado puro, y al cabo importa más que entendamos lo que quería decir Shakespeare que una fidelidad mal entendida. Bravo por esta versión, pues cargada de giros y refranes. Y por su reparto, de primera. Brilla especialmente el apartado  femenino en una obra que, como en nuestro «Don Gil», ensalza el ingenio de la mujer para lograr su propósito: la Viola travestida de Beatriz Argüello encuentra el punto perfecto en su expresión para la ambigüedad del personaje, al que da un baño de dulzura, malicia y travesura; seductora y femenina aparece la condesa Olivia de Rebeca Hernando, y la criada María de Maya Reyes es toda vitalidad y picardía.

Pero no les van a la zaga un sólido Daniel Albaladejo ni un Arturo Querejeta que demuestra moverse igual en los nobles que en los bufones como Febe, pura sabiduría. Todos encajan en el código propuesto por Vasco, que lleva la obra al terreno musical, con sólo un piano, y nos invita a disfrutar de una sesión de variedades y tonadillas cómicas. El número que convierte el escarmiento del criado Malvorio, con un frenético y divertido Héctor Carballo, en algo así como «La chica del 17», tumba de risa al teatro. Como supongo que ocurría, en otro código, en tiempos de Shakespeare.
 

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