miércoles, 23 agosto 2017
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«El artista y la modelo»: La luz de un cuerpo

  • Director: Fernando Trueba. Guión: Fernando Trueba y Jean-Claude Carrière.  Intérpretes: Jean Rochefort, Aida Folch, Claudia Cardinale, Chus Lampreave. España, 2012. Duración: 104 min. Drama.

«Ser libre no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que se hace». Como Sartre, el escultor Marc Cros quiere desbloquear sus manos para reencontrarse con la libertad definitiva, aquella que no necesita de la aprobación del público, aquella que se desarrolla como una singular relación de pareja en la que artista y modelo comparten un mismo sueño. Trueba cuenta un proceso de descubrimiento mutuo –ella descubre una cierta sabiduría, él descubre la luz de un cuerpo– con una humildad franca y pudorosa, en la que los silencios del que esculpe se topan con la elocuencia física de su musa. El taller en medio del bosque en que se desarrolla gran parte de la película no es ajeno al exterior, no es una burbuja del todo impermeable: situando la acción en la Francia ocupada y haciendo de Mercè una cómplice de los maquis, Trueba quiere demostrarnos que ni el artista más neutral –el que dialoga amigablemente con un oficial nazi sobre escultura– se libra del todo del peso de la Historia.

Y, sin embargo, lo que pesa aquí es un duelo de titanes entre el hombre y la piedra, entre el escultor y la mujer, entre un veterano (tierno, sereno Jean Rochefort) y una aprendiz (apasionada Aida Folch), entre la imagen (en blanco y negro, pétrea pero también cálida) y el sonido (cristalino). Se notan (para bien) las influencias de las que bebe Trueba (el realismo poético francés, Renoir), pero el resultado es inequívocamente personal, y parece completar una secreta trilogía con dos de sus mejores películas, «El año de las luces» y «Belle Epoque».

Lo mejor: La química orgánica entre Jean Rochefort y Aida Folch.
Lo peor: Algunas digresiones retóricas sobre el arte sobran en una película humilde en palabras.
 

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