Historia

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La caña de España Ely del Valle

La Razón
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Semana de Juegos Olímpicos europeos para el Gobierno que tiene un calendario que arranca en el Ecofín, pasa por el Congreso y concluirá con la interpretación de un nuevo acto de la obra «Doce hombres sin piedad» a cargo del Consejo de Ministros. Preparémonos pues para digerir una nueva dosis del olímpico «más alto, más fuerte, más rápido» aplicado directamente en forma de impuesto a la parte más sensible de nuestro cuerpo que es el bolsillo. En principio, nos cupo la esperanza de que esta vez el palo y tentetieso se lo llevarán sólo las Administraciones Públicas, a ver si de una vez sueltan la tarjeta de crédito y la pelusa que han venido acumulando desde que el mundo autonómico es mundo, pero no: sobre el resto planea la sombra de una subida del IVA que nos va a colocar la Coca Cola a precio de cubata y el cubata a precio de carbón nacional.Europa está que no se puede con ella y se ha propuesto quitarnos hasta la alegría del aperitivo. Éste, el del redondeo al alza de las cañas, no es un tema que figure en la agenda del presidente, aunque debería. Su preocupación va más por la vía de calcular por dónde trincha el capítulo de gastos para convencer a Europa de que saque de nuestro libro de contabilidad la ayuda a los bancos que todavía no nos han dado. El problema es que de momento, la tajada más gruesa la ha obtenido directamente del contribuyente, al que ya le empieza a parecer que además de apaleado anda pagando la cama. De momento, Rajoy ha conseguido algo muy importante: convencernos de que aunque la cosa está fatal, Dios aprieta pero no ahoga. Ahora habrá que ver si Europa y él mismo son capaces de emularle.