viernes, 24 marzo 2017
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CON TODA SU DIGNIDAD

Ricardo Benedí es un empresario vizcaíno, vicepresidente del Foro Ermua. Su trayectoria es un ejemplo acabado de cómo, en nuestra tierra, una persona puede dejar de ser un ciudadano honorable para convertirse en un enemigo a batir por sólo defender la libertad. Trabajador nato, íntegro, con un espíritu deportivo que no sólo esculpe sus músculos sino su mentalidad, su filosofía de la vida, su insobornable sentido de la dignidad. Recibió el premio Mejor Empresario Vasco en 2003, tras más de treinta años de actividad empresarial. Transformó una empresa familiar, modulando los productos y mercados, hasta llegar a liderar la creación de empleo en la «margen izquierda». Es un hombre cabal. Comprendió que aunque el nacionalismo en el poder había sido complaciente con él y sus empresas, y aunque ETA jamás le había extorsionado, era necesario levantar la voz para exigir la derrota del terrorismo, sin contemplaciones. Así lo reconoció públicamente en un acto en el Euskalduna de Bilbao en 2003, que organizamos bajo el lema «Para la Libertad». Poco después, intervino en la entrega del Premio a la Convivencia del Foro Ermua al presidente de la AVT, en Vitoria. Unas semanas más tarde, Ricardo Benedí recibió la primera carta de extorsión de ETA, con un remitente elocuente: Fundación «Papeles de Ermua». La banda terrorista le pedía dinero, bajo la amenaza de ejercer la violencia contra él, con la exigencia de omitir cualquier información a la Policía y con la confesión del motivo en el remite: su vinculación al Foro Ermua. Las cartas se sucedieron hasta cuatro, con otros remitentes, tan significativos como intimidatorios: el nombre y dirección de diversos familiares cercanos. ETA en estado puro. Desde entonces, Ricardo Benedí necesita ir protegido. La sucesión continuada de fuertes presiones, insensatas demandas y huelgas sin tregua, lideradas principalmente por los trabajadores del sindicato LAB, mayoritario en una de sus empresas, acabaron por arrastrar finalmente a las empresas del Grupo Industrial Benedí a la pérdida de los contratos comerciales. El sindicato LAB es uno de los tentáculos de ETA, todavía sin ilegalizar por la ineficacia (por decirlo de la más suave de la maneras) de quienes tienen, por oficio, la obligación de hacerlo. La persistente actividad de LAB impulsó una huelga intermitente desde septiembre a diciembre de 2006 con la finalidad (y el resultado) de entorpecer la cadena de producción de las mencionadas empresas. Se fomentó el abstencionismo laboral hasta límites insostenibles (25%), se redujo gravemente la productividad y el grupo industrial quebró en 2008, tras años de una lucha de titanes por sobrevivir. Aún así, Ricardo Benedí, con toda su gallardía, aceptó la Vicepresidencia del Foro Ermua en julio de 2008. El pasado 8 de enero, unos cuantos de esos sindicalistas de LAB, acompañados de otros, profirieron insultos contra Ricardo (como «cierra-empresas», ladrón, sinvergüenza,¿) cuando entrábamos, en el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, acompañando al abogado del Foro Ermua, Fernando García-Capelo. El viernes 30 de enero un grupo de similar filiación (LAB y aledaños) de veinte manifestantes se concentró frente al domicilio familiar del empresario, arrojando ropa y calzado laboral, y llenando los muros y los postes de su calle y adyacentes de pasquines con su foto y el subtítulo de ladrón. Estos incidentes, con enormes pintadas gravemente calumniosas, se repetían el pasado jueves 5 de febrero, protagonizados esta vez por doce individuos. En esta ocasión, Ricardo -avisado por su familia- pudo acercarse, fotografiar y encararse con los que le insultaban a gritos y con pintadas. La reacción de los manifestantes fue más que expresiva: callarse y ocultar sus rostros en una exhibición de la genuina cobardía de los que se muestran aguerridos en el anonimato. El nacionalismo gregario en estado puro. Es sólo un ejemplo, pero un ejemplo de antología. Siempre es lo mismo con los totalitarios, que apelando a los «derechos del pueblo» atropellan los elementales derechos de los demás. Recuerden a Hannah Arendt, cuando refiriéndose al nazismo, escribía: «Fue una marca habitual (¿) de la propaganda fascista, demasiado poco advertida, el que no se contentara con mentir, sino que deliberadamente se proponía transformar sus mentiras en realidad (¿) Destruyeron Alemania para mostrar que tenían razón cuando dijeron que el pueblo alemán estaba luchando por su supervivencia, lo que en un comienzo era una pura mentira. Crearon el caos para mostrar que tenían razón cuando dijeron que Europa tenía por única alternativa el régimen nazi o el caos. Hicieron interminable la guerra hasta que los rusos se plantaron en el Elba y el Adriático, como para dar a sus mentiras acerca del peligro del bolchevismo una base ¿post facto¿ en la realidad». Así es esta gran mentira del nacionalismo vasco y del terrorismo nacionalista que le da su más eficaz soporte, no precisamente intelectual.
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