martes, 22 agosto 2017
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Cuentame cómo te ha ido si has conocido la felicidad

MURCIA-Corrían que se las pelaban los años setenta. Casi como los estudiantes de las universidades españolas delante de los grises. Es curioso, pero después de tantos años y tantas carreras, me he encontrado con un montón de gente que asegura delante de la Biblia haber esprintado por las calles de su ciudad y sufrir persecución por parte de la autoridad de la época. Incluso algunos relatan su lucha por la libertad en alocadas carreras por los Campos Elíseos. Mucha exageración y algún embuste me parece a mí, que no fueron tantos los que se jugaron el tipo en la Transición y muchos menos los que tenían perras en la alcancía, para permitirse el lujo de irse a Paris y que los gendarmes les partieran la jeta gratis. Por eso, los demás nos conformábamos con escuchar a Jacques Brel en el picú y verlo en alguna foto fumándose un paquete de Gitanes en cada concierto. Aquella era una generación de trenka, cuello alto, patillas y gafas de concha. Y también de canciones en español que nos hacían mover el esqueleto en los bailes parroquiales. Eran los ye-yés, los que cantaban en un inglés raro que Micky y los Tonys bautizaron como el guachi-guachi. En medio del lío aparecieron los Fórmula V, los primeros campeones del mundo de fórmula, a falta de Fernandos Alonsos y otros campeones españoles de las cuatro ruedas. Fórmula V tenía una manera sencilla de hacer canciones comerciales y una gran capacidad para componer grandes temas que han sobrevivido muy frescos a treinta años de música en España. Un país que, dicho sea de paso, tiene la costumbre de elevar a sus artistas por el morbo de oír el estruendo que producen al caer desde lo alto. Cainitas que somos, oye. Sin embargo, ahí andaba Paco Pastor cantando coplas que la gente no ha podido olvidar y que siguen sonando en las radios, en los cedés de los coches y en las bajadas de la mula con la cosa de Internet. Escuchando sus canciones, uno se da cuenta de cómo dominaban la cara A y la B de un single. Fórmula V colocaba de manera inteligente un tema muy comercial para el lanzamiento y luego nos encontrábamos el talento verdadero en la otra cara. Y si no, cómo es posible que la serie de televisión con más éxito en los últimos diez años se llame como una canción de Fórmula V y tenga su banda sonora en la cabecera. Sin embargo, de Fórmula V me quedo con «Tu amor, mi amor» y «Busca un amor». El otro día volví a coincidir con Paco Pastor y le pedí que cantáramos a dúo éste último tema. En diez minutos nos pusimos de acuerdo con la banda y en media hora lo grabamos con mucha emoción. Quién me iba a decir que después de verlo en blanco y negro, en color y en cinemascope, un pobre locutor de Puertollano iba a estar cantando con el vocalista más carismático de los conjuntos españoles de toda una época: «Yo busco amor, tú buscas otra vida», dice el puente de la canción hasta llegar al estribillo. Allí apretaba Paco y también Sesión Golfa, la inefable banda capitaneada por Angel Valdegrama, músicos que son capaces de tocar bien lo que les pidas y con un oído más fino que el de un tísico. Paco Pastor, el líder de Fórmula V cantó «Cuéntame», «Cenicienta», «Vacaciones de Verano» y un chorro más de éxitos que me recorrieron el recuerdo como una caricia de cine de sesión doble en la fila de los mancos. Me encantó verlo en plena forma y con nuevo peinado:»Ya nos queda menos pelo, chaval, pero aquí estamos, como el primer día», me comentó entre risas. Porque lo bueno de estos artistas es la capacidad innata para la aclimatación a cualquier circunstancia. Es el síndrome del turronero, del feriante, capaz de regalar agrado en cualquier terreno. De eso ya no hay. Paco Pastor huye del divismo aunque podía ponerse tonto con el éxito y los millones de discos vendidos. Pero no. Ensaya como un becario y se entrega a lo que hace como si fuera la primera vez que actuara en televisión. Es una gloria cantar con él y me guardo el momento como una muesca más en el revólver de mi corazón, allí donde una vez, dos amigos se contaron cómo les había ido en busca de la felicidad.
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