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El aeropuerto «verde» de las islas Galápagos

Alicia López-Serrano. 

Tiempo de lectura 8 min.

26 de abril de 2009. 12:46h

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Alicia López-Serrano.  26/4/2009

Hace dos siglos sirvió de inspiración para que Darwin diese con las claves de su teoría de la evolución de las especies. Y no es de extrañar, pues la biodiversidad de las Islas Galápagos es única. Sin embargo, la impronta del hombre le ha jugado una mala pasada. Hasta el punto de ponerla en peligro. De hecho, hace dos años la Unesco incluyó este paraíso en la lista de Patrimonios Naturales Amenazados. Para reducir el daño al ecosistema del Parque Nacional de la Islas Galápagos (situado en la isla de Baltra, Ecuador), el Gobierno ecuatoriano contará con la primera terminal aérea cien por cien sostenible del mundo, ya que, además de ser autosuficiente, estará «alimentada» únicamente por fuentes renovables. El proyecto, adjudicado al consorcio argentino Corporación América, tiene un presupuesto de 20 millones de euros y se espera que sea una realidad a finales de este año. más eficiente La reconstrucción del aeródromo de Baltra mantiene la premisa de adecuar la infraes-tructura a las características climáticas de la isla. Con este propósito, la compañía argentina ha conseguido reducir la energía utilizada un 60 por ciento frente a la consumida por un aeródromo «tradicional». Por ejemplo, las bandas de equipaje serán sustituidas por un sistema de gravedad basado en planos inclinados en los que las maletas se apoyan sobre varillas y cilindros giratorios, sin consumo energético. Para aprovechar al máximo la luz solar, en el techo se han instalado 1.350 m2 de placas solares que producirán el 15 por ciento de la electricidad utilizada en todo el edificio. La instalación de turbinas eólicas proporcionará, en una segunda fase, el resto de energía necesaria para que el aeropuerto sea autosuficiente, además de abastecer a otras instalaciones de la isla. Uno de los recursos naturales que más se ha tenido en cuenta en el diseño del edificio es la lluvia, ya que la escasez de agua potable en la isla es un condicionante. Para ello, en el tejado también se ha instalado un sistema de canalización perimetral que captará el agua de la lluvia. Éstas se utilizarán para los inodoros y la limpieza del edificio, logrando así un ahorro de entre un 50 y un 60 por ciento de agua potable. Los paneles solares del tejado serán los encargados de proporcionar la energía necesaria para calentar el agua que previamente se ha captado en las canaletas. Además, a un kilómetro y medio de la futura terminal, se ha diseñado una planta desalinizadora que potabilizará 40 metros cúbicos al día. Ventilación natural Para evitar el consumo energético del aire acondicionado y conseguir que la temperatura en el interior del aeródromo sea confortable se ha aprovechado al máximo la ventilación natural de la isla. En concreto, se han creado diez patios abiertos protegidos del sol y aberturas verticales en el techo. Pero eso no es todo, ya que se ha evitado utilizar materiales que atraigan el sol. Por ejemplo, la pista de aterrizaje empleará hormigón en vez de asfalto, lo que reducirá la temperatura de la terminal entre dos y cinco grados centígrados. Además, el color gris del techo también protegerá al edificio del calor. El cuidado del ecosistema de la isla también se ha reflejado en el proceso de construcción del aeropuerto, así como en los materiales que se han empleado para dicha remodelación. Corporación América demolerá la terminal antigua, reciclará todos los materiales y levantará la nueva. Todos los elementos con los que se ha puesto en marcha el futuro aeródromo han sido aprobados por el Consejo de Edificios Verdes en Energía y Medio Ambiente (certificado de sostenibilidad LEED, por sus siglas en inglés). Para evitar que las obras contaminen el entorno, las estructuras que formarán parte de la nueva infraestructura de Baltra se construirán en el continente y, después, se ensamblarán en la isla. Por si estas medidas fueran insuficientes, durante este proceso se realizarán controles medioambientales continuos y se pondrán en marcha mecanismos especiales para disminuir los niveles de polvo -por ejemplo, se construirán vallas geotextiles que disminuirán el polvo que los camiones generan al desplazarse-. A esto se añade que se tendrá especial cuidado en el uso de maquinaria pesada, siendo ésta reemplazada por mano de obra, además de no usar químicos para la mezcla de cemento y hormigón. El proyecto también ha tenido en cuenta el tipo de aviones que llegarán al aeropuerto. En este sentido, el Gobierno de Ecuador está trabajando en la elaboración de una nueva reglamentación. Así, quedará prohibida la llegada de aeronaves que no sean «Etapa 3», es decir, aviones catalogados por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) como menos contaminantes, ya que emiten la quinta parte de ruido que un avión convencional y restringen la polución producida. «Este edificio será un ejemplo para el resto de la comunidad isleña e internacional que actúa en la isla. Además, demostraremos que se puede construir en cualquier lugar del mundo de forma sostenible. Debemos insistir y dar ejemplo hasta que llegue el momento de que levantar edificios respetando el medio ambiente sea algo habitual», explica Ezequiel Barrenechea, director de Corporación América en Latinoamérica y el Caribe. En esta línea, desde el Observatorio Sostenible Aeroespacial (OBSA) opinan que «la reconstrucción de esta terminal demuestra que la sostenibilidad es una demanda social. Cada vez son más los turistas que buscan que sus vacaciones no generen efectos nocivos en el entorno». A pesar de sus cualidades «verdes», hay reacciones contrarias a esta edificación. «El simple hecho de construir un aeropuerto en una zona tan rica como las Galápagos ya es un despropósito imperdonable», puntualiza Luis de Garrido, presidente de la Asociación Nacional para la Arquitectura Sostenible. Esta idea es la que reafirma Sara Pizzinato, responsable de la Campaña de Transporte de Greenpeace, quien recuerda que «invertir en un aeropuerto no puede considerarse ¿verde¿, pues el avión es el medio de transporte con mayor impacto en el entorno por pasajero».

Túneles para proteger a las iguanas
El proyecto que el Gobierno de Ecuador ha designado a Corporación América no sólo abarca la reconstrucción de la terminal de la isla de Baltra. Además, la compañía argentina será la responsable de restaurar el ecosistema del Parque Natural de Galápagos.
Durante años, el entorno de este paraíso natural ha sido castigado por la actividad humana. De hecho, la isla fue utilizada como base aérea americana durante la Segunda Guerra Mundial y, hasta la fecha, no se ha hecho nada por enmendar el daño ocasionado a su ecosistema. Además, otros factores como las continuas visitas de turistas (que cada año aumentan un nueve por ciento) y el crecimiento desordenado de la población han conseguido que Baltra, más conocida como «isla de las iguanas» y considerada Patrimonio de la Humanidad, sea declarada por la Unesco Patrimonio Mundial en Peligro.
Entre las ideas que la empresa suramericana ha planteado destaca la de construir túneles para iguanas bajo el aeropuerto. De momento, esta medida no ha sido aprobada, aunque se está estudiando por las autoridades competentes del Parque Nacional de Galápagos. Si esto se llevase a cabo se garantizaría la vida de las iguanas de la isla, que durante años han estado en peligro de extinción, ya que su hábitat no se ve limitado por la terminal.
Uno de los problemas de Baltra es la invasión de especies alóctonas como caballos y cabras. Por ello, la compañía argentina se ha comprometido a no implantar ninguna especie animal ni vegetal diferente a las que son propias de la zona.
 

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