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¿ La formación afronta una importante crisis por el «autoritarismo» de Rosa Díez y la falta de crítica interna ¿ «En el partido hay mucha mediocridad», dice Mikel Buesa

En UPyD no todo es de color de rosa

  • En UPyD no todo es de color de rosa

Tiempo de lectura 4 min.

12 de julio de 2009. 00:50h

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12/7/2009

MADRID- Parecía que era todo de color de «rosa». Los cimientos sobre los que se edificó el partido de Rosa Díez, Unión Progreso y Democracia (UPyD), se alzaban sobre la ilusión de superar el «bipartidismo imperfecto» que, según la formación, «premia a los partidos nacionalistas», y luchar «por la libertad y la igualdad». No fue casualidad. Unos brochazos de optimismo y audacia le bastaron a Díez para dibujar un escenario político atrayente y lograr alzarse con un escaño en el Congreso de los Diputados y otro en el Parlamento Europeo. Su imagen de política arriesgada y guerrera le valieron para atraer votos de uno y otro bando; sus numerosas propuestas en la Cámara Baja, coincidentes en gran parte con el Grupo popular - hasta el extremo de haberle acusado de «plagiar sus iniciativas»- inducían a engaño a los votantes del PP y se convertía así en una tercera vía para los desencantados de los partidos mayoritarios. Ahora, la falta de democracia interna en UPyD están poniendo contra las cuerdas a la líder, Rosa Díez. Mikel Buesa, ex presidente del Foro Ermua, no ha podido aguantar el «control férreo y autoritario que se vive en UPyD», la misma formación que él ayudó a fundar, y ha salido de la formación dando un sonoro portazo. Abandona el sueño de un proyecto político diferente en el que «debería dominar el debate interno, sin imposiciones ni personalismos». «No entré en UPyD para hacer reverencias a Díez», asegura Buesa. Las acusaciones del ex presidente del Foro Ermua apuntan a la vez al coordinador de UPyD por Madrid, Ramón Marcos, por su «estilo autoritario». Éste fue el detonante que le hizo saltar y abandonar el partido. Frente al apoyo incondicional a Marcos por parte del núcleo duro del partido, no han servido ni la misiva de 52 militantes críticos, ni las peticiones de Buesa a Díez para que mediara ante la situación creada Buesa, muy crítico con el devenir del partido, asegura que «la organización está muerta porque carece de libertad y de sentido de la crítica. El problema de Díez es que lleva demasiadas riendas». Tiene un exceso de protagonismo». Pero el conflicto interno que hoy sufre UPyD, sobre todo, es debido a que en la organización hay «personas con mucha ambición y mediocridad» al mismo tiempo, asegura Buesa. No se trata solo de Mikel Buesa. Aurora García, número cuatro en las listas al Congreso de los Diputados y una de las encargadas de elaborar el programa de la formación, también proclama su desencanto. «Me siento engañada con la dirección del partido. Esto no es una empresa privada para colocar a los afines». «Se está yendo gente de mucha valía», advierte. Además, se está planteando dejar su militancia. La realidad es que aquellos que no están de acuerdo con la opinión dominante o quedan relegados a un segundo plano o se les abren expedientes disciplinarios. Pero algunos críticos, organizados en la web http://estanoeslawebdeupyd.blogspot.com, a pesar de que les han invitado a abandonar el partido y fundar otro, han rechazado esta posibilidad porque su intención es lograr democratizarlo. Ante esto, la ex diputada socialista, Rosa Díez, que ayer celebró el Consejo Político de la formación, aseguró que que el hecho de que se haya expedientado a algunos miembros es algo que «está inmerso en un proceso de aplicación de las normas del partido, que se aprobaron entre todos por igual». El conflicto de UPyD no se limita a Madrid. Tiene además otros focos dispersos por el resto de las comunidades. En el País Vasco han sido «barridos del mapa» todos los que llevaron al partido al éxito. También en Andalucía se han producido fricciones, donde el coordinador de Unión Progreso y Democracia ha dimitido. En Cataluña, el descontento vino unido a los pésimos resultados y la Ejecutiva de Galicia está dividida.

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