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La ambición del rey midas

J. M. Alimbau. 

Tiempo de lectura 2 min.

06 de enero de 2009. 23:43h

Comentada
J. M. Alimbau.  7/1/2009

V irgilio, en «La Eneida», cuenta que el rey de Frigia, Midas pidió el don de convertir «todo cuanto tocara¿ en oro». Saltaba de gozo al ver que al tocar las piedras se convertían de inmediato en oro¿ Pero muy pronto vio que su ambición era una maldición. Todo cuanto tocaba para comer y beber se convertía en dicho metal. No vivía. Un día se encontró con su hija, y al besarla y abrazarla¿ la chica se convirtió en una estatua de oro¿ Midas, desesperado¿ rompió a llorar y a sollozar¿ Virgilio afirmaba: «¡A qué no obligarás a los corazones mortales, maldita hambre de oro! ¡Cómo asfixias los pechos mortales, ambición salvaje de oro!». Solemos llamar a las riquezas: «Mis bienes». Sólo serán «bienes» si enriquecen nuestra alma y ayudan a los necesitados¿ Horacio afirmaba del ambicioso: «¡Se mata trabajando y ambicionando¿ Resultado: el afán de poseer¿ lo envejece!». Los maestros espirituales afirman: «Esperas demasiado de la tierra. Por eso debes reconocer -tan frecuentemente- tus decepciones. Modera tus ambiciones y al mismo tiempo verás como desaparecen más de la mitad de tus penas».

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