martes, 27 septiembre 2016
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Premio al mecenazgo y la excelencia

  • Desde los Medici, la historia del mecenazgo incluye apellidos insignes. Liliana Godia recibe la distinción Montblanc por su divulgación del arte

L a emoción que encierra cada una de las 260 piezas de arte de la barcelonesa Fundación Godia sería capaz de mover montañas, derribar muros o derretir corazones. De la «María Magdalena» de Jaume Huguet a un Miquel Barceló, en sus paredes se respira vida y conocimiento. No es extraño por tanto que Liliana Godia, presidenta de la Fundación, recibiera ayer el Premio Montblanc de la Cultura 2009 a la labor de mecenazgo. Su buen hacer, su creatividad a la hora de preservar y divulgar la colección y su pasión por continuar la labor de su padre la han convertido en un ejemplo de dinamismo y excelencia.


La sede de la fundación, en la casa modernista Garriga Nogués, fue el escenario de la sentida entrega del premio, con la plana mayor de la sociedad civil catalana, que quiso dar su apoyo a Liliana Godia. Entre otros, estuvieron presentes su madre, Inés Guardiola, el vicepresidente de la Fundación, Manuel Torreblanca, Enrique Lacalle, Manuel Carreras, y los políticos Alberto Fernández Díaz y Xavier Trias.


Katy Carreras, comisionada del Ayuntamiento de Barcelona, fue la encargada de entregar el premio. «Mi padre logró reunir la colección de cerámica, románico y gótico más importante de España. Nuestro próximo objetivo es que la fundación sea conocida a nivel internacional», señaló emocionada Liliana Godia ante una audiencia que no pudo más que dedicarle un sincero aplauso.


En su discurso de agradecimiento, Liliana reseñó la figura de su padre, Francisco Godia, un hombre que amaba las carreras de coches y también un enamorado del arte como demuestra la colección que reunió. «Mi padre fue un hombre polifacético, pero también un buen padre. Lo más importante para él era su familia, su esposa y sus hijas», dijo con orgullo.


Hubert Wiese, consejero delegado de Montblanc en España, fue el encargado de introducir la ceremonia. El galardón incluía una pluma exclusiva y el cheque de 30.000 euros para invertir en un proyecto cultural.



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