martes, 27 junio 2017
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Rajoy propone doce grandes reformas contra la crisis

  • El PP se moviliza en respuesta a la estrategia del PSOE para frenar los efectos de la crisis en las elecciones europeas.

Madrid- Arranca formalmente la campaña de las elecciones europeas. Tal y como está el patio político el resultado de estos comicios puede ser determinante en el desarrollo del periodo de sesiones que se inaugurará a la vuelta del verano, hasta el punto de influir incluso en que al final el PP se atreva a consumar su amenaza de presentar una moción de censura contra el Gobierno. De momento, es suficiente  –sostienen en Génova– con que se asiente en el imaginario colectivo la idea de que es una posibilidad viable por la «situación de debilidad en la que se encuentra el Ejecutivo».
En un día marcado por la sobredosis de fotos gubernamentales para dar fe ante los taquígrafos mediáticos de la hiperactividad ministerial, Mariano Rajoy rompió con el hábito de dejar en manos de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, la comparecencia posterior a la reunión de los lunes del Comité de Dirección de su partido.
Ayer le tomó prestado el testigo para jugar estratégicamente una de las bazas que guarda su hoja de ruta para intentar que los comicios de junio sean la confirmación de ese cambio de ciclo que ya se aventa desde las filas populares.
Una vez más en tiempos preelectorales, en este desquiciado sistema electoral español, la respuesta de Rajoy a la remodelación ministerial ha sido recopilar en un amplio documento su plan global contra la crisis, en el que incluye las reformas estructurales que deberían impulsarse para contener el gasto público y reactivar al sector privado.  Por cierto, nada se ha sabido hasta hoy del compromiso de Rodríguez Zapatero y del jefe de la oposición, alcanzado en su última reunión en La Moncloa, de constituir precisamente una mesa de trabajo para estudiar las reformas estructurales que necesita la economía española para superar la recesión.
La propuesta
La música de ese plan –abierto al diálogo con todos los grupos– es la misma que los populares vienen tocando desde hace meses en el Congreso de los Diputados y que, de nuevo, volverá a traducirse en iniciativas parlamentarias que obliguen al PSOE a seguir haciendo piruetas para no perder votaciones que alimenten la teoría de su soledad.
En el documento que ayer hizo público el PP se aboga por un plan de austeridad, por la reestructuración del sistema financiero, por unas medidas fiscales que beneficien a familias, a pymes y autónomos y por una reforma laboral que se enuncia genéricamente sin «mojarse» en puntos polémicos que enfrentan a patronal y sindicatos, como el de si hace falta o no un nuevo modelo de contrato.
Literalmente, el PP propone promocionar con los agentes sociales un «Gran Acuerdo Parlamentario por el Empleo y la Competitividad» que facilite la empleabilidad, busque la seguridad de los trabajadores,  fomente la contratación, especialmente la indefinida, a través de una bajada selectiva de las cotizaciones sociales y mejore los mecanismos de cobertura por desempleo».
Uno de los capítulos más prolijos es el que recopila las reformas fiscales y otras medidas de apoyo para pymes y autónomos, uno de los colectivos más perjudicados por la crisis y en el que también más dudas está generando la gestión del Gobierno. El PP sabe que ahí tiene un potencial granero que no puede ni debe desaprovechar. En su ayuda, como ya ha defendido en el Parlamento, plantea el cambio del régimen de pago del IVA para que no paguen esta tasa por las facturas que no hayan sido cobradas, la reducción del Impuesto de Sociedades al 20 por ciento para las pymes o aumentar el porcentaje de capitalización del desempleo hasta el 60 por ciento para quienes se quieran establecer por su cuenta.
Energía y competitividad
También, como ya viene rezando la doctrina popular frente a la crisis, la propuesta apela a la reforma del modelo energético, a la mejora de la competitividad, a la recuperación de la unidad de mercado...
«Es un plan que pretende ayudar a España y a los españoles a afrontar la crisis», sentenció Rajoy, que se explayó en la crítica al contenido de la remodelación ministerial en la que el presidente del Gobierno ha quemado casi toda la pólvora que le quedaba.
Una vez ya fuera del Ejecutivo, el PP encuentra motivos para ser más condescendiente con Pedro Solbes, mientras subraya la desconfianza que genera la nueva vicepresidenta Elena Salgado.
«Es lisa y llanamente una página en blanco», dijo de ella Rajoy, antes de advertir de que «da la impresión de que Rodríguez Zapatero ha querido convertir la Vicepresidencia económica en una suerte de Secretaría de Estado con el fin de que quede a sus órdenes».
El líder popular también expuso sus dudas sobre las funciones del vicepresidente Territorial, Manuel Chaves, y mostró su desconfianza acerca de la posibilidad de que José Blanco, recién ungido como ministro de Fomento, vaya a tratar por igual a todas las comunidades autónomas en la distribución de las inversiones públicas.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha escenificado su disposición a darle una oportunidad, pero Rajoy no se anduvo con muchos miramientos con el hasta ahora «número dos» del PSOE: «Los antecedentes no son buenos».
Por su parte, la portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, animó al presidente del Gobierno a plantearse «una cuestión de confianza» para saber con «cuántos apoyos cuenta ahora». En declaraciones a Telemadrid, defendió que la legislatura es «muy larga» y que las mociones de censura, si se presentan, «son para ganarlas».

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