Afganistán

La Inteligencia afgana entierra al mulá Omar

Imagen de archivo del Mula Omar.
Imagen de archivo del Mula Omar.larazon

El presidente de Afganistán, Ashraf Gani, confirmó la muerte del líder de los talibanes, el mulá Omar, en abril de 2013 en Pakistán, un deceso que según la agencia de inteligencia afgana se produjo en un hospital de Karachi.

La parca lo estuvo acechando durante gran parte de su vida y aunque se lo llevó hace poco más de dos años, nadie había estado en disposición de confirmar su fallecimiento hasta ayer: «El Gobierno de la República Islámica de Afganistán, basándose en información creíble, confirma que el líder de los talibanes, el mulá Omar, murió en abril de 2013 en Pakistán», anunció el presidente afgano, Ashraf Gani, en su cuenta de Twitter. Los servicios secretos del país revelaron previamente que el escurridizo cabecilla no fue derribado por ningún bombardeo ni falleció en combate, sino que lo hizo en un hospital de la localidad paquistaní de Karachi. Cuando las autoridades todavía se encontraban «investigando» rumores que iban cobrando cada vez más fuerza, un responsable del Gobierno de Afganistán aseguró a la agencia France Presse que el célebre tuerto había muerto de «una enfermedad hace dos años» y que había sido enterrado en su región de origen, al sur del país. EE UU calificó de «creíbles» las informaciones sobre la muerte del líder de los talibanes.

Con una existencia rodeada de misterio, el mulá Omar se desvaneció tras el derrocamiento del régimen de los talibanes durante la invasión de la alianza liderada por Estados Unidos en 2001. La última vez que se le dio por muerto fue en 2011, cuando los medios locales difundieron que había sido derribado a tiros por el antiguo líder de los servicios secretos paquistaníes, citando fuentes anónimas de la inteligencia afgana. Lo más sorprendente es que ni siquiera sus propios camaradas tenían claro si los constantes rumores sobre su deceso eran ciertos o no. Ya sea por elección o por necesidad, el líder islamista llevaba una vida solitaria y apartada del mundo y sus manifestaciones fueron contadas. El último mensaje de audio que se le atribuye fue difundido en 2006, grabación que no estaba destinada a hacerse pública pero que salió a la luz en forma de filtración. A principios del presente mes de julio apareció un texto en su nombre, en el que calificaba el proceso de paz en curso de «legítimo».

Un destacado miembro talibán afincado en la vecina Pakistán declaró a Reuters que Omar falleció por causas naturales e hizo referencia a la inminencia de una lucha sucesoria. El grupo se hallaría dividido en dos corrientes: la que apoya que su hijo sea aupado como su sustituto y la que aboga por el liderazgo de la prominente figura política de Ajtar Mohammad Mansour, partidario de las conversaciones de paz con el Ejecutivo de Ashraf Gani. Precisamente este jueves estaba prevista la segunda ronda de contactos y las autoridades del país cruzan los dedos para que los cambios que se avecinan no supongan un obstáculo: «El Gobierno de Afganistán cree que los cimientos de las conversaciones de paz afganas están mejor pavimentadas ahora de lo que lo estaban antes y, por lo tanto, llama a todos los grupos armados de oposición a aprovechar la oportunidad para unirse al proceso», solicitó el Ejecutivo afgano a través de un comunicado. De cómo resulte la lucha de poder entre facciones que ven las negociaciones con ojos muy distintos dependerá su éxito.