miércoles, 07 diciembre 2016
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Internacional

Alejandro Portes: "La economía de EE UU y su demanda de inmigrantes no se van a detener, no importa quién esté en la Casa Blanca”

Uno de los temas que siempre ha apasionado al sociólogo Alejandro Portes (nacido en Cuba, emigrado a Estados Unidos, catedrático en las Universidades de Princeton y Miami) ha sido los movimientos migratorios. Su última investigación está centrada en el estudio de la segunda generación de la comunidad migratoria en España. Con él, LA RAZÓN ha hablado sobre su EE UU adoptivo -en concreto, sobre las polémicas declaraciones del candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump-, sobre las distintas formas de integración y sobre la problemática que generan las segundas generaciones de inmigrantes en algunos países.

¿El control de la inmigración, tema central en la campaña electoral estadounidense, cómo aconsejaría realizarlo?

Va a tener que haber mecanismos colectivos hacia la inmigración y facilitar el acceso a las industrias del sector que requieren inmigrantes, no reprimirlas. Hay que facilitar, en cierto sentido, que el flujo sea cíclico, que el flujo de la inmigración laboral pueda ir y venir. Los flujos cíclicos de inmigración tienden a ser mejores, tanto para los países emisores como para los receptores, que los flujos permanentes. Los flujos permanentes de mano de obra laboral muchas veces crean problemas de guetos, etc. en los países receptores y, además, contribuyen al despoblamiento de los países emisores. Mientras que cuando hay demanda de mano de obra laboral en, digamos, Europa, y fluyen los inmigrantes a trabajar y después pueden regresar a sus países de origen, las familias se mantienen intactas, las remesas contribuyen al desarrollo de los países emisores y los países receptores se benefician de esta contribución sin tener que enfrentar la creación de grandes guetos o grandes comunidades étnicas. Por tanto, el facilitar los flujos cíclicos es una buena política de Estado, con la excepción de los refugiados, que tienen que quedarse permanentemente porque no tienen a dónde regresar.

¿Qué pasará con los flujos migratorios en EE UU si Donald Trump sube al poder?

Continuarán. Los flujos migratorios no dependen en EE UU de la política, o del populismo, sino de la economía. Hay grandes sectores de la economía norteamericana que no podrían funcionar sin la afluencia de inmigrantes -la agricultura, la construcción, muchos de los servicios personales, etc.- y, cuando no vienen, hay que reclutarlos, porque la economía norteamericana, que es enorme, genera una demanda tremenda y que no se va a detener, sin importar quién sea el ocupante de la Casa Blanca: los intereses agrícolas, pesqueros, mineros, etc. van a movilizarse para garantizar el acceso a la mano de obra. Incluso los intereses de las industrias de alta tecnología. Silicon Valley no podría existir sin intermediarios y trabajadores extranjeros. Es algo que han defendido a capa y espada, lo que es importante, dado que son sectores bastante influyentes. Podemos poner como contraste el caso español. En la época de la expansión económica, había sectores enteros que dependían de la inmigración. Ahora, con la crisis, no hay inmigración porque no hay demanda, pero si la economía se recupera, es completamente predecible anticipar una reanudación de la inmigración.

¿Cree que la inmigración musulmana hacia EE UU sufre, ahora mismo, de algún tipo de estigma?

Crecientemente, sí. Desde luego, sufre estigma y genera temor, dadas las declaraciones de Trump y, sobre todo, los ataques que han tenido lugar. Por cierto, el último ataque, el de Orlando, no fue perpetrado por un inmigrante, sino por un americano, hijo de afganos, pero americano. Es un modelo similar hasta cierto punto a lo que ocurre en Francia y eso ha generado temor, aunque debo decir que la población musulmana en EE UU es, en general, una población de clase media y las organizaciones árabes e islámicas del país están tratando de diferenciarse y de promover una imagen distinta en contra de este estereotipo.

¿No nos vamos a encontrar con una sociedad en EE UU con las mismas tensiones que la francesa tras los ataques terroristas de noviembre de 2015?

No creo porque, primero, en EE UU la inmigración árabe y musulmana tiende, en general, a ser de un nivel económico más alto, etc. que la de Francia, donde la inmigración magrebí era de orígenes muy modestos en la primera etapa. Y, segundo, porque en EE UU no hay un modelo vertical de integración, sino que se permiten las mezquitas, las asociaciones, etc. sin ningún problema, de tal modo que los musulmanes inmigrantes y sus hijos, hasta este momento, son un ‘no problema’. El peligro está en que la agitación antimusulmana se pueda volver una profecía autocumplida. Si los organismos policiales empiezan a perseguir constantemente a esta población, a identificarla, a discriminarla, etc. puede que haya un proceso de etnicidad reactiva entre los hijos de inmigrantes por esa razón. Hasta ahora esto no ha ocurrido allá, como no ha ocurrido aquí. Yo creo que es importante preservar esto. Ciertamente, tiene que ver con los mecanismos de control y de vigilancia por parte de la fuerza pública, que no tienen que perseguir lo que no existe. Deben tratar de llevar a cabo esta vigilancia de una forma más suave, que impida que los hijos se sientan perseguidos, ciudanos de tercera de su país.

En cuanto a la inmigración cubana a EE UU, ¿cómo compararía el sistema de integración estadounidense con el español?

A EE UU se movió toda la clase media y alta cubana, a principios de la revolución, y básicamente recrearon su sociedad porque EE UU les dio la oportunidad, sobre todo en el área del sur de la Florida, Miami se convirtió en una especie de segunda Habana. Y eso le permitió a muchos exiliados de aquella época, entre los cuales me encuentro, llegar y reconstruir sus vidas, y avanzar económicamente y políticamente hasta tal punto que Miami fue la base para un grupo muy exitoso y que prácticamente hoy controla la ciudad de Miami. Ahora, continua habiendo una inmigración de Cuba de orígenes más modestos que el Gobierno cubano promueve para beneficiarse de las remesas que envían y muchos de ellos también vienen a parar a Miami. Su proceso de integración es distinto al de las primeras oleadas de los años 60 y 70 y puede ser más problemático debido a su más bajo nivel de educación y al hecho de que, en muchos casos, trabajan en EE UU para enviar remesas a su familia y regresar. Osea, no han cambiado sus vidas para incorporarse a Norteamérica, sino simplemente para trabajar en Norteamérica, pero manteniendo su ciudadanía y sus contactos en la isla.

¿Se podría exportar el modelo de integración español al resto de Europa?

No creo que se pueda exportar en su totalidad porque depende del contexto español, que es un contexto muy peculiar, de un país que antes era país de emigración y que después se volvió país de inmigración. Además, por su característica de regionalismos, etc. no es altamente integrador. Pero sí que hay partes de lo que podría llamarse el ‘no-modelo español’ que podría ser de utilidad a países que trataron de implementar un modelo integrador demasiado rígido desde las alturas del Estado. El relativo éxito de la incorporación de los hijos de inmigrantes en España es que no se hizo mucho, sino que se les permitió ir tomando su lugar en la sociedad, y puede que haya ayudado el hecho de que la sociedad española no sea altamente unitaria ni tenga una imagen tan excepcional de sí misma. Contrariamente a otros países, que tienen una alta imagen de sí mismos, en España no hay una imagen tan autocelebratoria. En ese sentido, este país facilita que gente de origen modesto vaya incorporándose de una forma u otra. La juventud española tiene ahora una buena parte de hijos de inmigrantes pero es prácticamente indistinguible de los hijos de españoles.

¿Cree que la ausencia de terrorismo en estos dos últimos años en España se debe a su modelo integrador?

Exacto. El problema de la radicalización de los jóvenes tiene que ver con lo que llamamos ‘etnicidad reactiva’. El hecho de sentirse discriminados, ciudadanos de segunda categoría, despreciados por la ciudadanía dominante, etc. genera un caldo de cultivo muy propicio para las protestas en la calle y el proceso de radicalización. Hay asimilización descendente, abandono escolar, etc.. La ‘etnicidad reactiva’ es la visión de que “nosotros estamos en contra del país dominante que nos trata así”. Después tiene lugar el proceso de radicalización a través de la reinterpretación de esta situación con los imanes radicales, etc. Hay mucho menos de eso en España que, digamos, en Francia, o en Países Bajos. Y tiene mucho que ver con el proceso de integración relativamente exitoso. Aunque hay excepciones, lo usual, lo que hemos visto, por ejemplo, entre los hijos de marroquíes, en nuestro trabajo es que, aunque sean musulmanes, se consideran españoles, hablan español sin acento, estudian en la universidad... quieren ser parte de la sociedad, y mientras se les permita y se les siga abriendo la puerta así, no creo que vaya a haber ningún problema con que lo hagan así. Marruecos está lleno de gente que no es radical y España ha recogido a muchos inmigrantes de Marruecos y de otros muchos países sin que haya habido grandes problemas. Yo creo que, en parte, la ausencia de los tremendos problemas que está habiendo en Francia con los jóvenes radicalizados que no son inmigrantes, sino que son ciudadanos del país, tiene que ver con el relativo fracaso del proceso de integración.

Ha dicho usted que la persecución policial podría acabar con este sistema de integración español.

Yo no diría la persecución, más bien el exceso de celo por parte de la Policía, etc. puede ser el que genere lo que no existe en este momento. Por eso, este es un problema al que hay que prestarle atención.

¿Hasta cuándo vamos a ver la crisis de los refugiados?

Europa no puede recibir a todos los que quieren venir. Prácticamente, se vaciaría un continente aquí. Aparte del esfuerzo humanitario que se está haciendo, es necesario crear incentivos en los países emisores para impedir esta salida y refortalecer la vigilancia naval en los países de los que están saliendo. Si los países desarrollados admitieran a todos los que quisieran estar, cambiaría el mundo totalmente. No es posible hacer eso. Eso fue lo que ocurrió con Turquía. El pacto de la UE con Turquía tuvo como objetivo frenar esa vía. Eso también ocurrió con España, cuando era un país en ascenso económico. Yo creo que España fue el país que mejor negoció el problema de la inmigración africana, que es un problema de inmigración económica, no exclusivamente política. Esta inmigración está compuesta por jóvenes que tratan de escapar de su destino en países sumidos en una gran pobreza y sin oportunidad, aparte de la inmigración de escape político. Yo creo que España negoció, en la época de Moratinos, con los países emisores (Mauritania, Senegal etc.) para crear empleo allá, para crear contribuciones a industrias que generaran empleo allá, para estimular a las empresas españolas para crear trabajo allá y también para fortalecer las guardias costeras de los países emisores. Creo que fue uno de los programas más exitosos. Después, el Frontex ha tratado incluso de imitarlo, algo que hay que hacer porque no es posible una inmigración sin restricciones.

Crear empleo serviría para frenar la inmigración económica, pero, ¿y la política?

Esa es otra cuestión. La inmigración de Siria es una inmigración política creada por la destrucción de un Estado. Antes nadie hablaba de la inmigración siria. Esa es una inmigración legítimamente política y que debe ser enfrentada como un problema humanitario, que es lo que, básicamente, las tendencias dominantes de Europa han tratado de demostrar. Hay tendencias minoritarias, como Hungría, etc., que no quieren tomar parte en eso. Esta es una inmigración que se debe claramente a una catástrofe política en los países. Eso no es lo mismo que el deseo de la enorme población de los países del Tercer Mundo de llegar al Primer Mundo en busca de mejores oportunidades económicas.

¿La subida del racismo coincide con las etapas de crisis?

Sí, tienden a conceder más importancia a la etnia porque los grupos nativos se sienten más perseguidos y tratan de defender lo suyo. Los momentos de crisis económica tienden a llevar a una exacerbación de este tipo de sentimientos populistas y nacionalistas.

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