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Ante el ocaso del régimen

Quienes acuden hoy a votar saben que se enfrentan a una dictadura pura y dura en la que ya no hay leyes

Carlos Blanco. 

Tiempo de lectura 4 min.

16 de julio de 2017. 04:34h

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Carlos Blanco.  16/7/2017

Los venezolanos se acercan hoy a un momento definitorio. No es el primero. Durante 18 años las fuerzas democráticas han intentado todas las vías para salir del chavismo y, salvo las breves horas de 2002 en las cuales Chávez fue eyectado del poder, no lo han logrado. Sin embargo, la situación ha cambiado dramáticamente: Venezuela es un país en ruina económica, financiera, institucional y administrativa; el Estado ha sido capturado por mafias corruptas, algunas de las cuales están involucradas en el narcotráfico; y la mayoría de los ciudadanos se han decantado hacia la necesidad de la salida del régimen encabezado por Maduro, jefe de la etapa más ruinosa y decadente del chavismo.

Maduro ya no disfruta de los altos precios del petróleo, nunca tuvo el liderazgo que ostentó Chávez, y su incompetencia personal acompañada de su absoluta sumisión ideológica y política a Raúl Castro, han convertido a Venezuela en una montaña de escombros. La pregunta que cabe es por qué ha sobrevivido un sistema como éste en los años recientes. Son variadas las respuestas; pero, apuntan hacia cinco factores: el primero, es que durante muchos años la oposición política no tenía un diagnóstico común sobre ese régimen, unos lo consideraban una dictadura y otros una democracia imperfecta. En segundo lugar, Maduro ha abandonado toda aspiración de legitimidad institucional al arrasar de manera evidente el sistema de justicia y el sistema electoral, sometidos a su voluntad. En tercer lugar, ha buscado sobrevivir con la más intensa y despiadada represión, lo que permite la macabra contabilidad de alrededor de 100 jóvenes asesinados en la protesta durante los tres meses recientes.

Luego, Chávez y ahora Maduro han involucrado a los militares en una corrupción sin precedentes y los han vinculado a grupos paramilitares financiados y apoyados desde el poder. Y, finalmente, Maduro ha apelado a un diálogo falso, en el que han participado los ex presidentes Ernesto Samper, Martín Torrijos y Leonel Fernández, quienes con agresiva contumacia han pretendido vender las propuestas del régimen venezolano a la oposición, disfrazadas de una neutralidad falsa.

La situación ha cambiado. Ahora toda la oposición considera que se enfrenta a una dictadura pura y dura para la cual no hay Constitución, ni leyes, ni tribunales, ni magistraturas a respetar. La represión feroz no ha callado la protesta sino que le ha dado nuevos bríos, mientras que las fuerzas represivas, aunque brutales, muestran signos de cansancio; especialmente porque se han producido y se van a producir importantes defecciones en el chavismo, dentro de lo cual la rebelión de la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, es punto de inflexión. En el marco de esta situación, la oposición llegó a la propuesta del plebiscito cuyos porpósitos son: 1. Rechazar la Asamblea Constituyente planteada por Maduro; 2. Ordenar a la Fuerza Armada colocarse bajo el comando de la voluntad ciudadana; y 3. Que se proceda a formar un gobierno nuevo, de unidad nacional.

Este plebiscito ha sido apropiado por los ciudadanos que protestan en la calle y se ha convertido en un momento estelar para la salida del régimen a partir de la orden que emitirán los venezolanos hoy.

¿Es inexorable este resultado? Pareciera que sí, salvo porque el régimen de Maduro produzca una matanza sin precedentes o porque vuelva la trampa del diálogo para que Maduro gane tiempo.

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