miércoles, 07 diciembre 2016
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Internacional

Austria derriba la casa de Hitler para evitar un santuario nazi

  • Desde 2001 el Gobierno pagaba un alquiler de 4.700 euros a la propietaria.

Este lema está inscrito en una piedra frente a la que fue la casa natal de Hitler.
Este lema está inscrito en una piedra frente a la que fue la casa natal de Hitler.

«Considero una feliz predestinación haber nacido en la pequeña ciudad de Braunau sobre el Inn», escribió Adolf Hitler en su libro «Mi lucha». El azar hizo que esta pequeña localidad al norte de Austria y cerca de la frontera con Alemania ocupara desde entonces un extraño capítulo en la historia como el lugar en el que nació el dictador que cambió el rumbo del siglo XX. Desde entonces la casa natal de Hitler fue el epicentro de numerosos debates y controversias que finalmente han derivado en la decisión de proceder a su derribo. En declaraciones a la versión digital del periódico «Die Presse», el ministro del Interior austriaco, Wolfgang Sobotka, informó ayer de que «la casa de Hitler será derribada. El sótano puede quedar, pero encima se construirá un edificio nuevo».

La intención del Gobierno es dedicar la vivienda a fines oficiales o caritativos, pero sobre todo evitar que este lugar se convierta en un lugar de peregrinación neonazi. Con esta decisión se pone fin a meses de debates. De hecho, en julio, el Gobierno aprobó una ley para expropiar la casa natal del dictador como resultado de una larga batalla jurídica con la propietaria, que se había negado en numerosas ocasiones a vender el inmueble al Estado. Algunos expertos criticaron que con el derribo Austria pierde la posibilidad de condenar de algún modo su propio pasado nazi, aunque Sobotka rechazó estas alegaciones y destacó que la República alpina «cuenta con una cultura de la memoria que funciona», por ejemplo, con campo de concentración de Mauthausen, donde fueron asesinadas unas 100.000 personas.

Aunque Hitler nació en esta casa, su familia se mudó a otra dirección dentro de la misma ciudad, que finalmente abandonó tres años más tarde, algo que no ha dejado exenta de simbolismo a esta vivienda que ha estado desde entonces cargada de historia. En 1938, tras la anexión de Austria por la Alemania nazi, el edificio fue comprado por Martin Bormann, un estrecho colaborador de Hitler, y los nazis convirtieron el lugar en un «centro cultural». Después de la guerra, el edificio fue comprado de nuevo por la familia de los propietarios originales, que permitieron la instalación de una biblioteca. De ahí, pasó a ser escuela, un banco, un instituto técnico y hasta 2001 un hogar para jóvenes discapacitados. Desde entonces, la casa estaba vacía y el Estado y el municipio de Braunau pagaban a la dueña 4.700 euros mensuales de alquiler para evitar un uso «no deseado» del lugar.

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