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Clara Rojas: «Hay que garantizar que las FARC lleguen a la política»

Fue capturada en 2002 junto a la candidata presidencial Ingrid Betancourt. Ahora cree que es urgente que las dos partes logren un acuerdo.

Fue capturada en 2002 junto a la candidata presidencial Ingrid Betancourt. Ahora cree que es urgente que las dos partes logren un acuerdo.

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«Las FARC son una organización delictiva porque el secuestro es un delito de lesa humanidad», fue la frase que pronunció Clara Rojas justo después de su liberación tras seis años secuestrada por la guerrilla (2002-2008), un periodo en los que concibió un hijo, Emmanuel, con uno de sus captores. Durante su cautiverio junto a la entonces candidata presidencial Ingrid Betancourt, Rojas tomó fuerzas para ponerse a escribir y ya ha publicado dos libros. Ahora es congresista por el Partido Liberal, del presidente Juan Manuel Santos. Pese a haber rehecho su vida, todavía hoy rehúsa mostrar las imágenes de su liberación.

–¿Cómo se supera un secuestro de seis años?

–Lo duro fue poder adaptarme a la selva, al aislamiento y a la falta de comunicación, además de que ese aislamiento se vuelve una tortura. Es una experiencia muy difícil de intentar explicar. En algún momento trataba de llevar una rutina diaria, de levantarme, de asearme, de caminar, pensar, escribir. Si no, ese aislamiento casi es enloquecedor. Usted ni siquiera tiene reloj. No sabe si son las tres de la tarde o las cinco. No sabe si es domingo o lunes. No sabe si es un año o el otro. De manera que es la actitud y la perseverancia lo que le ayudan a una a tratar de mantenerse en pie.

–En alguna ocasión ha dicho que usted aprendió durante ese periodo...

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–Aprendí muchas cosas, más que todo de supervivencia. Antes le daba importancia a ciertas cosas y ahora no tanto, porque cuando uno está abocado a la muerte, hay otras cosas que recobran más sentido, como las relaciones personales y los vínculos familiares. Por supuesto que perdí seis años de mi vida, que eran muy valiosos. Esos no volverán y de alguna manera eso es triste porque sin duda estuve un tiempo separada de mi pequeño hijo. Aunque él se ha podido readaptar, uno sabe que esa separación de más de tres años y medio fue muy dura para los dos.

–Su relación con Ingrid Betancourt se truncó durante el secuestro y se reavivó tras la liberación de ambas, ¿por qué?

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–Ambas caímos en esa situación y creo que una nunca está preparada para asumir el secuestro. Y en el caso nuestro, menos. Ambas éramos muy urbanas, nunca imaginamos que podíamos ser objeto de secuestro. Todo lo que llegue es duro porque usted no se lo espera. Eso llevó a lo que todo el mundo conoce. Se dio una fractura de la amistad, pero lo positivo es que logramos sobrevivir. Lo más valioso es que hayamos sobrevivido. En mi caso particular doy gracias a Dios de vivir con normalidad y estar con mi hijo.

–Uno de los mayores retos del post conflicto tras la firma de la paz será la reconciliación. ¿Usted ha sido capaz de perdonar?

–Lo más importante para una persona que ha sido víctima es poder sobrevivir, superar todo aquello. El perdón a quien más le ayuda es a uno mismo, porque deja ese lastre en las manos de Dios, que finalmente es al que le corresponde manejar todo ese dolor. Le da a uno un cierto alivio para seguir adelante. Por supuesto, otro tema es la reconciliación porque implica un compromiso y una responsabilidad mayor. De alguna manera, las personas de las FARC, una vez se firme el acuerdo, en teoría van a venir a participar en la vida política del país. El tema de la reconciliación es un desafío para todos los colombianos, que abramos la puerta a esa posibilidad y que entendamos que si logramos por fin firmar este acuerdo e implementarlo tendremos otra Colombia.

–¿Qué espera de la paz que parece a punto de firmarse?

–Me parece que es importante para el país. Estoy convencida de que es el camino, por más problemas y errores que a veces las partes cometan en este proceso. Sin duda tenemos que superar y dejar atrás más de 60 años de conflicto. Hoy, cuando se le pregunta a los historiadores, ni ellos saben realmente en qué momento se inició este conflicto. A mí me parece valioso para una sociedad como la nuestra poder reconstruir su historia a través de este proceso de paz y del compromiso de implementar unos acuerdos que busquen cerrar estas brechas de inequidad que, desafortunadamente, aún persisten en el país. Y en el fondo, ésa es la verdadera paz. El día que tengamos una clase media amplia en Colombia y que la gente tenga el acceso a los derechos mínimos, de salud, educación, incluso agua potable, seremos sin duda otro país.

–¿Qué errores se han cometido en ese proceso de paz?

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–Me parece que a ratos pierden tiempo. Se demoran mucho en hablar, discutir y volver a mirar. Ya llevan más de dos años y medio desde que están sentados en La Habana. Hay un tema de tiempo que es importante cerrar. El otro error que considero es de comunicación. Por ejemplo, el Gobierno dio autorización para que las FARC hiciera pedagogía política en sus campamentos y hace un par de semanas aparecieron en un municipio, en el norte de Colombia, La Guajira, haciendo proselitismo, frente a una población civil. Cada uno entendió una cosa, así que hay que afinar en los acuerdos para que ambas partes entiendan lo mismo. También en el tema de la justicia especial para la paz. Falta un mayor sentido de la generosidad. En el caso de las FARC, tienen que entender que mientras no dejen las armas, deben estar bajo control para poder proteger a la población.

–¿Cree que esa demora en las negociaciones está provocando una pérdida constante del apoyo de la sociedad?

–Me preocupa, porque si bien el acuerdo es valioso, porque sin duda es la primera vez que las FARC acepta someterse a un sistema jurídico especial, me parece que todavía hay unos temas pendientes: el de la restricción de la libertad y que no haya castigos. El común de la gente siente que no hay sanciones para los culpables. Pero en la medida en que esto se maneje con la mayor transparencia y que los trabajos o penas restaurativas que les impongan realmente se lleven a cabo y que sea en beneficio de las regiones, creo que la gente lo va a entender mejor.

–¿Qué otros desafíos afronta el Gobierno colombiano y el país?

–Son múltiples. El primero, lograr la implementación de esos acuerdos. Aquí el gran desafío es enfrentar la problemática agraria, el narcotráfico, en el sentido de que las FARC colaboren con el Gobierno para hacer todo el desmantelamiento. Por otro lado, que el Gobierno cumpla lo pactado, les dé el derecho de participación política que ellos quieren. Y por el otro lado, que la guerrilla cumpla el compromiso de dejar las armas y no tenga la tentación de retomarlas. Eso depende de cómo el Estado y la sociedad les vaya abriendo el camino para que ellos puedan desarrollarse.