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Cuatro misiles apuntando a Guam para desafiar a Trump

La guerra verbal entre Pyongyang y Washington subió ayer un escalón más con el anuncio del régimen comunista de un hipotético plan para atacar con misiles balísticos la isla norteamericana del Pacífico

  • Miles de personas salieron ayer a las calles de Pyongyang para apoyar a su líder, Kim Jong Un
    Miles de personas salieron ayer a las calles de Pyongyang para apoyar a su líder, Kim Jong Un
Lucía Quintela.  Hong Kong.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de agosto de 2017. 03:47h

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Más madera. El incremento de las ya habituales tensiones entre Corea del Norte y EE UU parecía haber alcanzado su cenit en las últimas horas. Sin embargo, las recientes revelaciones de los planes de ataque de Pyongyang en el enclave estratégico del Pacífico, han vuelto a redoblar la presión. En un comunicado publicado ayer, Corea del Norte culpa al presidente Donald Trump de «haber perdido la razón» y provocar el conflicto.

La amenaza de «fuego y furia» invocada por Trump no sólo no ha conseguido amedrentar al régimen comunista, sino que Corea del Norte ha decidido pasar de nuevo a la ofensiva. Se ha descolgado con el anuncio de un detallado plan para lanzar misiles dirigidos a las aguas de la costa de la isla de Guam, propiedad de EE UU. El plan que Corea del Norte «estudia minuciosamente» consiste en una intervención y muestra de fuerza militar. En un comunicado atribuido al general Kim Rak Gyom, jefe de las fuerzas estratégicas norcoreanas, el general declara que «el diálogo no es posible con un tío que ha perdido totalmente la razón y solo la fuerza aplastante puede funcionar con él». Pyongyang se muestra así impermeable ante las amenazas de Trump y las califica de «un completo sin sentido». «Lanzaremos cuatro misiles de nivel intermedio, misiles Hwasong 12, que serán lanzados por nuestro Ejército (KPA), cruzarán el cielo sobre Shimani, Hiroshima y Koichi, (perteneciente a Japón), y volarán 3.356 kilómetros durante 1.065 segundos para alcanzar el mar a 30 o 40 kilómetros de Guam». El general Kim desveló que habrá una represalia muy pronto, «esta muestra de fuerza y poder estará lista para su puesta en práctica a mediados de agosto, y entonces esperaremos las órdenes del Comandante Jefe, Kim Jong Un».

Esta es la primera vez que el régimen norcoreano amenaza con la puesta en marcha de un plan de ataque de una forma tan pública y detallada, y con un objetivo claro. La bravata del citado comunicado revela el alto nivel de crispación entre Washington y Pyongyang, que parece no tener freno, después que tanto Trump como su secretario de Defensa, James Mattis, respondieran a las provocaciones sumándose al tono belicista del régimen de Kim.

El plan de ataque ha provocado la alarma internacional y principalmente la del país vecino. El coronel del Ejército surcoreano, Roh Jae Cheon declaraba ayer que la amenaza del régimen norcoreano era un reto contra la alianza de Seúl y Washington, anunciando a la Prensa que «Corea del Sur está preparado para actuar inmediatamente contra cualquier provocación». Si Corea del Norte cumpliera su amenaza de lanzar los cuatro Hwasong contra la base de Guam, el Ejército estadounidense se enfrentaría a la necesidad de interceptar los misiles norcoreanos y no fallar. Según publicaba NBC news, los seis B-1B bombarderos que posee EE UU en la base aérea Anderson alojada en Guam, han sido puestos a prueba once veces desde mayo debido a la posibilidad de una acción militar contra Pyongyang. Trump se verá en la obligación de decidir si lleva a cabo un ataque preventivo ante un posible ataque de los misiles. O bien, una serie de represalias si el lanzamiento se llevara finalmente a cabo, como ha venido sucediendo en el caso de Japón, que ha recibido en sus aguas el lanzamiento de misiles de prueba de Corea del Norte, sin respuesta militar por parte de Tokio. La amenaza del lanzamiento de los cuatro misiles contra Guam, sobrevolando territorio japonés, no ha sentado nada bien en Tokio. El portavoz del jefe del Ejecutivo de Japón, Yoshihide Sug declaraba que su país «nunca podría tolerar esto» y que «las acciones de Corea del Norte son obviamente provocativas para la región como también los son para la seguridad de la comunidad internacional».

El inicio de esta crisis fue el «mar de fuego» con el que el líder del régimen norcoreano prometió arrasar EE UU tras las sanciones económicas de la ONU aprobadas el pasado fin de semana. La respuesta de Trump llegaba el martes, aludiendo a un nuevo informe de la CIA que descubría nuevas armas nucleares en el arsenal norcoreano. «Mejor que Corea del Norte no haga más amenazas o conocerá un fuego y una furia desconocido hasta ahora», declaraba el presidente y añadía que «el poderío nuclear de EE UU es más poderoso y fuerte que nunca». El miércoles Trump recibía como respuesta el anuncio del plan de ataque a la base militar en Guam.

Ayer, lejos de rebajar el tono, Trump mantuvo su retórica agresiva y admitió que su amenaza no fue lo bastante dura. «Quizá mis provocaciones no fueron lo suficientemente fuertes», dijo el mandatario antes de reunirse con su vicepresidente, Mike Pence, su asesor de seguridad nacional, H.R. McMaster, y su jefe de gabinete, John Kelly. Asimismo, Trump señaló que si Corea del Norte lanzara un ataque, el régimen de Pyongyang «debería estar muy muy nervioso. Les van a pasar cosas que no han visto nunca». Aunque el presidente estadounidense dejó abierta la puerta de la diplomacia, también reconoció que durante 25 años los intentos de dialogar con el régimen comunista han fallado. «Es momento de que alguien defienda a las personas de este y otros países», añadió Trump, que se siente apoyado «al cien por cien» por las Fuerzas Armadas y por «muchos otros» líderes políticos.

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