lunes, 27 marzo 2017
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Internacional

«Cuando ves la muerte de frente, tu vida no vuelve a ser igual»

  • Sebastien Bellin fue uno de los 300 supervivientes del doble ataque del 22 de marzo. Tras cuatro meses postrado en una cama, el ex baloncestista confiesa a LA RAZÓN que sueña con volver a correr.

Arriba, Bellín tras el ataque; abajo, en rehabilitación
Arriba, Bellín tras el ataque; abajo, en rehabilitación

Tras una fuerte explosión llegó el silencio. Sus oídos trataban de recuperarse cuando una segunda bomba volvió a enmudecer la terminal de salidas del aeropuerto de Zaventem de Bruselas. Cinco segundos después comenzaron los gritos, los llantos desesperados y los rostros incrédulos de los supervivientes que observaban sin pestañear la carnicería yihadista que unos radicales acababan de perpetrar en la capital belga. Mañana se cumple el primer aniversario de ese fatídico 22 de marzo en el que 32 personas perdieron la vida y otras 300 volvieron a nacer tras esquivar, por suerte o destino, aquel sinsentido islamista. Sin embargo, el silencio asolador de ese día forma parte de una inmensa herida sin cicatrizar con la que estos «afortunados» deberán aprender a convivir, unas escenas de pánico y supervivencia que su retina y sus neuronas se niegan a borrar.

«Las heridas físicas terminan por curarse, las psicológicas no. Cuando miras a la muerte de frente, tu vida nunca vuelve a ser igual», asegura Sebastien Bellin a LA RAZÓN. Él fue uno de esos centenares de viajeros que aquel día se encontraban en uno de los dos escenarios del atentado terrorista: el primero fue el aeropuerto, donde dos kamikazes se inmolaron en la terminal de salidas, y el segundo, minutos después, en la estación de metro de Maelbeek, en el corazón de las instituciones europeas.

Este jugador profesional de baloncesto belga-brasileño, se disponía a realizar la facturación de su equipaje rumbo a Nueva York cuando un ruido demoledor le golpeó. «Lo sentí detrás de mí, pero no me hizo nada, así que salí corriendo, quería llegar hasta alguno de los controles de seguridad, pero no pude. En ese mismo momento me vinieron a la cabeza los atentados de París y pensé que lo siguiente serían terroristas con armas disparando por la terminal. Yo solo quería refugiarme en un puesto de Policía, pero no llegué. A los pocos segundos, se produjo la segunda explosión, que me destrozó. La metralla me dio de lleno en la cadera y mi pierna izquierda», explica el ya ex jugador de baloncesto, que detalla que, una vez en el suelo, al comprobar que se estaba desangrando, cogió una bufanda que tenía cerca para hacerse un torniquete.

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