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El auge populista vuelve a activar las alarmas en la UE

Bruselas teme un efecto contagio en las elecciones de Austria tras el tsunami político que ha supuesto en Alemania el ascenso de AfD

  • Reuters
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Mirentxu Arroqui.  Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

26 de septiembre de 2017. 03:25h

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Bruselas intentaba ayer, a duras penas, disimular su preocupación. El fantasma de la extrema derecha, que parecía conjurado tras las sucesivas derrotas en Francia y Países Bajos, vuelve a sacudir a la Unión Europea. Esta vez en el país más importante del club y como tercera fuerza en el Bundestag. «La ventana de oportunidad» de la que habló el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, en su discurso del Estado de la Unión el 13 de septiembre parece haberse hecho más pequeña. Y ya no está tan claro que los vientos soplen a favor.

En los últimos meses, las instituciones comunitarias parecían convencidas de que tras el Brexit y la llegada de Trump a la Casa Blanca lo peor había pasado. Ahora saben que la batalla continúa. El portavoz del Ejecutivo comunitario, Margaritis Schinas, recordó ayer que Juncker ha insistido en la necesidad de «no caer en la complacencia» y que Bruselas seguirá esforzándose en «dar respuestas políticas a las preocupaciones de la gente» frente a los populistas y en comunicar mejor sus logros. Además, este golpe de la ultraderecha se produce a tres semanas de las elecciones en Austria, con un importante sustrato populista: el 15 de octubre los eurófobos, que han alimentado en los últimos meses el rechazo a los refugiados, medirán sus fuerzas con los partidos tradicionales. En diciembre del año pasado el candidato ecologista logró imponerse a la formación ultranacionalista FPÖ en las elecciones presidenciales por un 53% frente al 47%. Ahora ya no está tan claro que en Europa el populismo haya tocado techo y que no siga habiendo réplicas.

De momento, los deseos de Bruselas de que Angela Merkel relance la zona euro con la inestimable ayuda de Macron parecen más difíciles de cumplir. Juncker, tras felicitar ayer a la canciller por revalidar su mandato y mantener con ella una charla telefónica, reiteró «su convicción de que, a la luz de los importantes desafíos globales, la UE necesita un fuerte Gobierno alemán ahora más que nunca» y confió en que el nuevo Ejecutivo sea capaz de hacer frente a los retos a los que se enfrenta el proyecto europeo.

De momento, todo indica que la locomotora alemana seguirá al ralentí, al igual que el tradicional motor franco-alemán ante la dificultad para pactar una inédita coalición con liberales y verdes. Nadie lo esperaba y, de hecho, la Unión Europea se preparaba para relanzar ya su proyecto: el viernes se celebrará una cumbre en Tallín (Estonia) de los Veintiocho, y el presidente del Consejo, Donald Tusk, ha convocado una cumbre extraordinaria de la zona euro en diciembre. Todo un maratón de encuentros de alto nivel que puede resultar estéril si Alemania no consigue formar un Ejecutivo hasta finales de año, tal y como parece más probable.

No sólo hay preocupación por los tiempos, sino también por el contenido de los próximos pasos de la nueva coalición. Se da por supuesto que la entrada en el Gobierno germano de los liberales dificultará el impulso de las reformas de la zona euro. El líder del FDP, Christian Linder, ya hizo saber ayer que para su formación resulta «inconcebible» un presupuesto ad-hoc para la zona euro capaz de hacer frente a los «shocks» económicos.

Sobre las posibilidades de éxito de la «coalición Jamaica» a la hora de construir una agenda europea centrista hay opiniones para todos los gustos. Janis Emmanouilidis, director de investigaciones del European Policy Centre, cree que Merkel intentará por todos los medios frenar a la AfD en las elecciones de 2018 en Bavaria, y que esto implica moverse a la derecha del espectro político, y concluye que «coaligarse con verdes y liberales en Berlín lo hará más difícil». Por el contrario, el analista Robin Hugenot-Noël cree que la amenaza de la ultraderecha puede desembocar en una «coalición modernizadora» proeuropea, «como hizo Macron al usar la amenaza de la ultraderechista Le Pen para hacer ver que votar al centro era de interés nacional».

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