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La derecha noruega revalida su mayoría tras un ajustado recuento

La explotación petrolera de zonas protegidas del Ártico determinará el nuevo Gobierno

  • La primera ministra, Erna Solberg, sigue los resultados con su familia
    La primera ministra, Erna Solberg, sigue los resultados con su familia / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

12 de septiembre de 2017. 04:51h

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Pedro G. Poyatos Madrid. 11/9/2017

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Ayer, el país más feliz del mundo asistió a su particular «thriller electoral» ante la estrecha igualdad entre la derecha y la izquierda. Tras el cierre de los colegios electorales a las nueve de la noche, las primeras proyecciones apuntaban a que los 3,7 millones de noruegos con derecho a voto apostaron por la continuidad del Gobierno en minoría de conservadores y populistas encabezado por Erna Solberg, que se convierte así en la primera líder de la derecha en ser reelegida para un segundo mandato en 30 años. «Hicimos campaña por un Gobierno seguro y hemos mostrado que los hemos proporcionado», aseguró tras su victoria.

Con el 83% escrutado, el bloque conservador lograba 88 de los 169 diputados del Parlamento («Storting»), frente a los 81 del bloque de izquierdas. Aunque con ocho escaños menos que en los comicios de 2013, el resultado supone un respaldo para ambos socios de coalición, que podrán seguir contando con democristianos y liberales como aliados parlamentarios tras lograr estos superar a duras penas la barrera del 4%. El Partido Conservador de Solberg fue la segunda fuerza del nuevo Parlamento, con el 25% y 44 diputados (cuatro menos). Por detrás se mantiene el Partido del Progreso (FrP), con el 15% y 28 escaños.

En cambio, los grandes derrotados fueron los socialdemócratas, que, pese a conservar la posición de partido más votado de Noruega que ostentan desde 1924, cayeron más de tres puntos y cinco escaños. Tras un año en cabeza de los sondeos, la oposición fue derrotada frente a Solberg, que ha reconquistado la popularidad perdida gracias a la recuperación económica y su gestión de la crisis de refugiados. «Queremos cuatro años más para seguir haciendo lo que funciona», aseguró al votar en Bergen la primera ministra, apodada «Estrella Erna». «El desempleo cae, el crecimiento sube y estamos creando cada vez más empleo», aseguró tras una legislatura en la que ha tenido que ejercer sus mejores dotes de persuación para mantener su coalición con una ultraderecha sin experiencia de Gobierno a la vez que mantenía el apoyo parlamentario de sus socios.

El aspirante a relevar a Solberg como primer ministro era el ex titular de Exteriores y Sanidad Jonas Gahr Store, que se hizo con el liderazgo del Partido Socialdemócrata tras la marcha de Jens Stoltenberg a la OTAN en 2014. Desde entonces ha centrado su oposición en criticar la desigualdad creciente en Noruega por culpa de las políticas del Gobierno conservador, que ha rebajado impuestos por 21.000 millones de coronas (unos 2.000 millones de euros) y recurrido por primera vez al millonario fondo soberano fruto de los ingresos del petróleo (830.000 millones de euros) para hacer frente a la caída del precio del crudo en el otoño de 2014. Store prometía una subida de impuestos para combatir las desigualdades y reforzar el Estado del Bienestar. «Tenemos que conservar las cualidades de Noruega en su mejor situación (igualdad, trabajo para todos, buenas inversiones en sanidad) para permanecer como un gran equipo», aseguró. El líder socialdemócrata, nacido en una rica familia dedicada a la industria de los explosivos y graduado en Políticas en la parisina Sciences Po, ha sido criticado por dilapidar su ventaja en las encuestas con sus flirteos en busca del apoyo de democristianos y liberales.

La inesperada debacle en las urnas amenaza ahora su contunidad como líder del partido. Anoche, ante sus seguidores no pudo evitar su decepción: «Esperábamos un mejor resultado, no hay razón para ocultarlo». «A pesar de cómo termina, todos debemos seguir adelante», les animó.

Además de impuestos, la campaña ha girado en torno a la posibilidad de autorizar la polémica explotación petrolífera en áreas protegidas del Ártico, algo que divide a la clase política. Mientras que conservadores y socialdemócratas lo contemplan como una posibilidad, los pequeños partidos se muestran abiertamente contrarios. Éste es el caso especialmente de Los Verdes, que se han abstenido de apoyar a uno u otro bloque político. La industria petrolera y gasística supone el 50% de las exportaciones de Noruega, el primer productor de crudo de Europa occidental.

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