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El escándalo sexual alcanza a siete ministros de May

El dossier estalla en las manos de una debilitada «premier», que fuerza a su ministro de Defensa a pedir disculpas por acosar a una periodista.

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Tiempo de lectura 4 min.

01 de noviembre de 2017. 08:36h

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Celia Maza Londres. 1/11/2017

Westminster no había vivido hasta ahora un escándalo de tal magnitud. El informe con los nombres de hasta 40 diputados conservadores que han llevado a cabo comportamientos sexuales inadecuados en el Parlamento ha estallado en las manos de la primera ministra británica, Theresa May, ya de por sí debilitada tras perder la mayoría absoluta en las generales de junio. La lista en sí ya había puesto patas arriba la casa de la democracia más antigua de Europa. Pero la Prensa echó ayer aún más leña al fuego al detallar no sólo los episodios controvertidos, sino también los nombres de algunos de sus protagonistas.

Sir Michael Fallon, actual ministro de Defensa, era el político de más alto cargo que, al cierre de esta edición, se había visto atrapado en la tormenta, admitiendo que él era el «tory» que puso su mano sobre la rodilla de la periodista Julia Hartley-Brewer en repetidas ocasiones en un evento que tuvo lugar hace 15 años. Ella le dijo que la quitara o «le golpearía en la cara». Un portavoz del ministro recalcó ayer que éste se había disculpado cuando ocurrió el incidente y que ambos consideraban ya el asunto cerrado.

Según el rotativo conservador «The Telegraph», el llamado «Dirty dossier» (Dosier sucio) implica a siete miembros del actual Gabinete, ocho ex ministros y otros 15 miembros del Gobierno. De los diputados nombrados en la lista, se alega que 25 se comportaron de manera inapropiada. El resto, sin embargo, aparecen simplemente porque tuvieron relaciones consensuadas con compañeros o asistentes. En algunos casos, se detallan preferencias sexuales personales, lo que da a entender que podría haber una mano negra que quiere perjudicar directamente al actual Ejecutivo.

La lista, por ejemplo, alude a un miembro del Gabinete, al que no se nombra, pero señala que «le gusta mantener encuentros con hombres que llevan perfume de mujer». Entre aquellos que se revela la identidad, una de las que más ha llamado la atención es Amber Rudd, ministra del Interior y una de las posibles sucesoras de May. Según el rotativo, la «tory» mantuvo relaciones en el lugar de trabajo con el diputado Kwasi Kwarten, asesor del ministro de Economía, Philip Hammond. A Rudd, divorciada y madre de dos hijos, ya se la había relacionado en 2014 con su compañero de partido. Ambos están solteros y nunca han negado que estuvieran saliendo. También se menciona a Mark Menzies, diputado conservador que dimitió en 2014 tras ser acusado de haber pagado a dos prostitutos para mantener relaciones en su oficina.

Aparte de estos comportamientos consensuados, el informe también cita casos de abusos, como el cometido por Mark Garnier, diputado de 54 años y padre de tres hijos. Trabajaba en el Ministerio del Brexit y ahora se enfrenta a una investigación parlamentaria después de haber admitido que en 2010 pidió a su secretaria, Caroline Edmond, que le comprara dos juguetes sexuales en el Soho. Asegura que todo fue una broma, pero la propia Edmond ha revelado que su ex jefe le llamaba frecuentemente «tetitas de azúcar». Por su parte, Stephen Crabb, de 43 años, ex secretario de Estado de Trabajo y Pensiones y ex candidato a líder conservador, ha pedido perdón por haber intercambiado mensajes sexuales con una becaria de 19 años en 2013. Casado y con dos hijos, firme defensor de los valores cristianos, se vio obligado a dimitir el año pasado por otro escándalo de «sexting» durante la campaña del Brexit.

Según el rotativo británico, habría otro ministro conservador y un diputado acusados de pagar a las mujeres con las que mantuvieron relaciones para que guardaran silencio. Asimismo, se cita el caso de dos mujeres que tuvieron que ser trasladadas a otros departamentos debido al comportamiento «inapropiado» de sus jefes.

La primera ministra británica ha puesto en marcha una investigación de la Oficina del Gabinete para evaluar la situación. Con todo, las denuncias de acoso sexual en Westminster no se limitan sólo al Partido Conservador. Bex Bailey, una activista del Partido Laborista, denunció ayer haber sido violada en una fiesta en 2011 y asesorada por un alto cargo de la formación para no comentar nada al respecto. Los laboristas, que ayer anunciaron una investigación al respecto, ya suspendieron recientemente al diputado Jared O’Mara por una serie de comentarios inapropiados sobre las mujeres. También el Partido Nacionalista Escocés (SNP) anunció ayer que estaba investigando las denuncias contra dos miembros del partido.

Durante el debate celebrado el lunes en la Cámara de los Comunes para tratar la cuestión, la diputada del Partido Nacionalista Gales Plaid Cymru Liz Savile Roberts aseguró que un empleado de un diputado informó que fue agredido sexualmente a principios de este año, pero afirmó que las «autoridades responsables no hicieron nada al respecto». Otras parlamentarias contaron sus propias historias de acoso sexual, incluida la diputada laborista Rupa Huq, quien dijo que haber sido manoseada por un diputado en el Parlamento Europeo cuando tenía 20 años.

«Estamos hablando de todo tipo de ‘microagresiones sexuales’», denunció por su parte la laborista Diane Abbot. «La cultura permisiva que existe es incluso peor que hace treinta años, cuando fui elegida por primera vez diputada. Las razones son varias: la mayoría masculina, las largas horas, el consumo de alcohol y la cultura de lo que pasa en Westminster se queda en Westminster», matizó.

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