martes, 28 marzo 2017
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Internacional / Espionaje en EEUU

El FBI y la NSA investigan la conexión entre Trump y Putin

  • El director de la agencia, James Comey, desmiente a Donald Trump y niega tener pruebas de que Barack Obama le espiara

El director del FBI, James Comey testifica en el Comité sobre Inteligencia en el Capitolio.
El director del FBI, James Comey testifica en el Comité sobre Inteligencia en el Capitolio.
EFE/Shawn Thew

El FBI investiga la conexión de Rusia con la Administración Trump. Ya es oficial y así lo hizo público ayer director de esta agencia, James Comey, tras haber recibido la luz verde del departamento de Justicia. «Estamos investigando la naturaleza de cualquier relación entre individuos asociados con la campaña de Trump y el Gobierno ruso, para analizar si hubo algún tipo de coordinación entre ambos durante el proceso electoral», indicó Comey de forma pausada y cuidadosa frente al comité de Inteligencia del Capitolio. Una afirmación que supone un duro golpe para el presidente republicano, sobre el que desde que fue elegido el pasado 8 de noviembre ha pesado la sombra del Kremlin, que habría interferido en los comicios para favorecerle.

En un principio, funcionarios estadounidenses reconocieron que no habían encontrado ningún tipo de evidencia de contactos entre miembros del equipo de campaña (y ahora en puestos clave en la Casa Blanca) y agentes rusos. Pero, ex funcionarios y actuales empleados públicos hallaron material para abrir una investigación. Un consejero de Trump, Roger Stone, reconoció haber tratado con el pirata informático de Moscú que se cree que estuvo al frente de la operación contra el Partido Demócrata, al igual que otro miembro del equipo de Gobierno (en referencia indirecta al ex consejero de Seguridad Nacional Michel Flynn) que había abordado el asunto del levantamiento de sanciones a Rusia. Comey acudió a la audiencia del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes junto al director de la Agencia Nacional de Inteligencia (NSA, en sus siglas en inglés), el almirante Mike Rogers. El director del Buró Federal de Investigaciones (FBI) agregó que la investigación también examinará si se cometió algún tipo de crimen, en relación a las filtraciones de los correos del Comité Nacional Demócrata (DNC) y el jefe de campaña de la entonces candidata presidencial del partido, Hillary Clinton, John Podesta. Aunque dada la delicadeza de la investigación y el hecho de que aún esté en curso (comenzó en julio) Comey no pudo responder a muchas de las preguntas de los congresistas por cuestiones de seguridad, también advirtió de que la filtración de ciertos documentos pueden llevar incluso a una pena de diez años de prisión.

Los congresistas demócratas de este comité se centraron en la marcha de la investigación del FBI, mientras que los republicanos prefirieron interrogar a Comey por las filtraciones a los medios de información clasificada. El segundo gran titular de esta agencia de investigación estuvo relacionado con la infundada acusación vía Twitter del presidente Trump sobre unas supuestas escuchas de su antecesor, Barack Obama. «No tengo información que apoye estos tuits y hemos buscado cuidadosamente», agregó. Echaba así por tierra las afirmaciones de Trump sobre los micrófonos que Obama había ordenado poner en la Torre Trump, de la Quinta Avenida, durante las elecciones presidenciales.

Al mismo tiempo, Rogers reconoció que tampoco es cierto que los Servicios de Inteligencia Británicos hubiesen participado en la operación de espionaje contra Trump, lanzada por el presidente Barack Obama, según el actual líder republicano. «Nunca he visto que desde la NSA nos hayamos involucrado en una actividad así», dijo Rogers.

No obstante, el almirante descartó que tales aseveraciones puedan dañar la relación entre los dos países. «Nuestras relaciones son más fuertes que todo eso», aseguró Rogers con una sonrisa, el cual indicó anteriormente la excelente relación entre los servicios de espionaje de ambos países. Al mismo tiempo, Comey y Rogers confirmaron que Rusia es un «rival» y reconocieron que su interés principal es minar el liderazgo de EE UU en la comunidad internacional. Además, el líder del FBI reconoció que los rusos querían perjudicar a Hillary Clinton (bien es cierto que él tampoco se lo puso fácil a la demócrata con la investigación sobre el uso de su correo privado) y poner en entredicho el proceso democrático en EE UU, al tiempo que favorecían a Trump.

Estas aseveraciones por los principales responsables de seguridad vienen a desmentir la acusación vertida por el presidente americano a los medios de comunicación por difundir «noticias falsas». Las agencias de Inteligencia de Estados Unidos ya concluyeron en enero que el presidente Vladimir Putin ordenó personalmente un operación que se boicotease la campaña de Hillary Clinton y ayudase al candidato republicano Donald Trump. Entre los métodos, destacaron la infiltración en las cuestas de correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata y el envío de correos electrónicos a la organización de Julian Assange, Wikileaks, para que los publicase.

Antes de que empezase la audiencia en el Capitolio, el presidente Donald Trump lanzó una serie de ataques en su cuenta de Twitter, que tiene 26 millones de seguidores. «Los demócratas se inventaron y forzaron la historia durante su terrible campaña. Tenían ventaja y perdieron», aseguró. Más tarde apuntó que «la historia que el Congreso, el FBI y todos deberían prestar atención es la filtración de información clasificada. Hay que encontrar al topo» para después lanzar dudas sobre su ex rival Hillary Clinton: «¿Qué ocurre con los contactos de la campaña de Clinton y los rusos? ¿Es verdad que el Comité Nacional Demócrata no dejará al FBI que investigue?», sostuvo, una vez más, sin aportar pruebas.

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