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Rousseff dice adiós a la presidencia

El Senado la aparta definitivamente del cargo, aunque no la inhabilita para ejercer un puesto público. Michel Temer jura como presidente

Triste adiós. Dilma Rousseff abraza a un senador tras ser destituida ayer por el Senado
Triste adiós. Dilma Rousseff abraza a un senador tras ser destituida ayer por el Senadolarazon

El Senado la aparta definitivamente del cargo, aunque no la inhabilita para ejercer un puesto público. Michel Temer jura como presidente

Culpable. Ése fue el veredicto que dictó el Senado de Brasil, tras más de 70 horas de debates, acusaciones y lágrimas. La historia dirá que cuando el reloj marcaba la 1:36 horas de la tarde del 31 de agosto de 2016, llegó la «estocada» para la presidencia de Dilma Rousseff. Y con esa «puntilla», quizás el comienzo del ocaso definitivo del Partido de los Trabajadores (PT), la coalición liderada por Lula Da Silva que controló Brasil desde 2003. Sin embargo, el adiós de la ex presidenta podría no marcar una despedida definitiva, sino ser tan sólo un «hasta luego».

El Senado dispuso por amplio margen que la ex mandataria fuera destituida de su cargo. En su lugar, la relevará el vicepresidente Michel Temer, a cargo del Poder Ejecutivo durante el tiempo que duró el juicio político de la petista. Los senadores debieron responder la pregunta: «¿La acusada cometió crímenes de responsabilidad y debe ser condenada con la pérdida del cargo y el impedimento para ejercer cargos públicos por ocho años?». Para la destitución, debían conseguirse 54 votos positivos. En cambio, fueron 61 los senadores que finalmente votaron a favor de apartar a la ex mandataria del PT como presidenta de Brasil. Sólo 20 legisladores apoyaron a Rousseff, en lo que marca un fuerte debilitamiento del PT en el juego político brasileño.

Pero los senadores decidieron, en una segunda votación (42 afirmativos, 36 negativos y tres abstenciones), que Rousseff continuara «habilitada» para ejercer cargos públicos. En otras palabras, la ex presidenta conservará sus derechos políticos y los beneficios que le corresponden por haber ocupado el cargo de máxima dirigente del país. Antes de la votación, Ricardo Lewandowski, presidente del Tribunal Supremo y el Senado, advirtió de que si Rousseff era inhabilitada, no podría ni siquiera ser profesora o trabajar «en un merendero o una escuela pública». Sin embargo, estas limitaciones ya no le afectarán y podría asimismo, en caso de que lo considerara oportuno, presentarse a las próximas elecciones presidenciales. O al menos podrá hacerlo por el momento, ya que una nueva amenaza se cierne sobre su figura política, después de que ayer dos partidos políticos anunciaran que recurrirán ante la Justicia la decisión del Senado de mantener los derechos políticos a la recién destituida.

En este nuevo escenario, la «Dama de Hierro» está herida pero no muerta. Nada más conocer el veredicto final, Rousseff aseguró que su destitución confirma la consumación de un «golpe de Estado» y anunció la más «enérgica, determinada y firme oposición a los golpistas». «Es el segundo golpe de Estado que afronto en la vida. Primero fue el militar (1964), que me afectó cuando era una joven militante; el segundo fue el parlamentario, que me derriba del cargo para el que fui elegida», afirmó ante sus simpatizantes. «Hoy el Senado tomó una decisión que entra en la historia de las grandes injusticias: escogieron rasgar la Constitución, decidieron interrumpir el mandato de una presidenta que no cometió ningún crimen, condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario», denunció.

Rousseff no permaneció sola en el momento político más duro de su vida. A su lado estaba su viejo amigo Lula Da Silva, jefe del PT y ex presidente brasileño, quien se halla en medio de la tormenta de corrupción que también contribuyó a golpear la imagen de Dilma. La ya ex presidenta, suspendida de sus funciones desde el 12 de mayo, fue acusada de emitir tres decretos que modificaron los presupuestos sin autorización del Congreso y de contratar créditos con la banca pública en favor del Gobierno. Las acusaciones se dieron en el marco de una grave crisis de credibilidad y en medio de escándalos de corrupción que no sólo afectaron a su Gobierno, sino también a Da Silva y al PT. Por su parte, Michel Temer, presidente interino desde aquel 12 de mayo, juró ayer el cargo ante el Congreso oficialmente. Como nuevo presidente, partió hacia China para asistir a la Cumbre del G20, que supondrá su estreno en el ámbito internacional.

Críticas bolivarianas, apoyo de EE UU

Tras la destitución de Rousseff, las reacciones de líderes internacionales no se han hecho esperar. Por un lado, Cuba ha rechazado «enérgicamente» el «golpe de Estado parlamentario-judicial» contra Rousseff. Por otro lado, países como Bolivia y Ecuador también hicieron lo mismo en la OEA. Venezuela incluso anunció que retira a su embajador en Brasil, EE UU dijo que respeta la destitución de Dilma y que trabajará con Michel Temer. «Esta fue una decisión hecha por el pueblo brasileño», indicó el portavoz del Departamento de Estado de EE UU, John Kirby, quien dejó así claro que Estados Unidos no comparte la denuncia de Rousseff, quien afirmó que con su destitución se había consumado un golpe.