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Enrico Letta: «Los europeos deben volver a enamorarse de la UE tras el Brexit»

El ex primer ministro italiano alerta de que Europa se encuentra ante la última oportunidad y alude al espíritu que inspiró a Francia, Alemania, Italia y España tras la caída del Muro de Berlín para guiar a los Veintisiete

  • Entrevista con Enrico Letta
    Entrevista con Enrico Letta
Ángel N. Lorasque/ R. Colomer.  Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

20 de septiembre de 2017. 04:33h

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Le tocó gobernar en uno de los momentos más convulsos de la política italiana, si es que en alguna ocasión ha habido calma en la vida parlamentaria del país transalpino. Asumió el cargo de primer ministro en abril de 2013 y diez meses después, Enrico Letta (Pisa, 1966) fue apartado del poder por su impaciente y ambicioso compañero de partido Matteo Renzi. Ahora, este toscano de habla pausada y humor inteligente está volcado en encontrar el modo de aprovechar la salida de Reino Unido de la Unión Europea para remontar un proyecto que, según él, se enfrenta a su última oportunidad. Letta presentó ayer en Madrid el libro «Hacer Europa y no la guerra» (Península), donde aporta los ingredientes imprescindibles para que los 27 salgan reforzados del revés que plantea el Brexit y la presidencia de Donald Trump. Tras su parada en España y la presentación previa en Italia, el ex «premier» acudirá a Francia y Alemania, «los cuatro países que son el motor de la UE», afirma. «Éste es un libro que quiere servir de debate entre los cuatro países que tienen la responsabilidad del post Brexit. Macron, Merkel, Rajoy y Gentiloni deben recuperar el espíritu y el ímpetu que Mitterrand, Kohl, González y Andreotti mostraron en los años 90 tras la caída del Muro de Berlín», asegura durante su entrevista con LA RAZÓN.

–¿Cuál es su propuesta para que Europa salga ilesa del atolladero en el que se encuentra? ¿Puede el Brexit convertirse en el relato que permita reforzar la UE?

–Mi tesis es que el día después de las elecciones alemanas del domingo, se abre una ventana de oportunidades para el relanzamiento de la Unión. Una oportunidad que durará aproximadamente ocho meses, de octubre a junio. Y esta ventana es única. La victoria de Emmanuel Macron en Francia y el resultado positivo que esperamos en Alemania son la esperanza para relanzar la UE. Lo bueno del Brexit es que saca de la Unión a Reino Unido, que siempre había frenado el proyecto. Macron es fuerte y su posición europeísta ha sido legitimada por los franceses frente a su rival antieuropea, Marine Le Pen. Es cierto que tras el resultado del referéndum en Reino Unido y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca todos hemos tenido miedo de que Europa explotase, pero no lo ha hecho y debemos sacar partido a las oportunidades que ahora se abren.

–Pero, ¿cuál debe ser la fórmula para relanzar el proyecto europeo? ¿Es inevitable una Unión a diferentes velocidades?

–Es fundamental el papel de Francia, Alemania, Italia y España. El relanzamiento de Europa tras el Brexit será a una velocidad mayor y múltiple entre los países del euro. Éste es el punto de partida. Después planteo tres objetivos. El primero es completar la unión económica y monetaria que lleve a una Europa más próspera. Esto se llevará a cabo cuando se completen las reformas que ya se han iniciado durante la crisis, pero no se han terminado de implementar, como, por ejemplo, la creación del Fondo Monetario Europeo, la elección de un ministro de Finanzas único, así como una fiscalidad única para las empresas de la Eurozona. Ahora que los británicos están fuera, y que eran los que se mostraban más reticentes a esto y lo bloqueaban, nos encontramos ante el escenario idóneo. El segundo objetivo es la seguridad de los ciudadanos, la creación de un FBI europeo y la gestión común de la política migratoria. En tercer lugar, hay que reforzar la democracia europea y la confianza de los ciudadanos en el proyecto.

–Sin embargo, los europeos siguen creyendo que la UE es tan sólo burocracia y no perciben las ventajas de formar parte de ella...

–Una vez más, el Brexit, aunque es negativo, abre vías que pueden reforzar el tercer aspecto que mencionaba. En Europa, de los 751 miembros del Parlamento, 73 son diputados británicos que en las elecciones de 2019 no los elegirá ya Reino Unido y que, según el Tratado de Lisboa, no se pueden suprimir. Por este motivo hay dos opciones: o se redistribuyen entre todos los países de la UE o la alternativa es crear una circunscripción electoral paneuropea, y que estos 73 eurodiputados sean elegidos por todos los ciudadanos de la UE a través de una lista que ofrezca una idea determinada de Europa. Así, las elecciones europeas no serían una suma de elecciones nacionales como ocurre hoy. De este modo, los ciudadanos podrán decir directamente qué UE quieren. Si una más federalista o una más soberanista, etc... Esto sería un gran paso adelante y con ello se podría superar el problema democrático de hoy en el seno de la UE. Supondría un voto europeo real. Frente a los problemas en los que se encuentra la Unión no podemos decir que con la victoria de Macron todo está ya solucionado y que estamos a salvo. Su éxito no es suficiente. Si no se hace nada habrá otra crisis. Los europeos tienen que volver a enamorarse de Europa, a sentir que la UE es útil, que no es sólo una obligación sino que ayuda a los ciudadanos a resolver problemas.

–Insiste en que el Brexit abre numerosas oportunidades, pero todavía Reino Unido no ha consumado el divorcio. ¿Cómo prevé las negociaciones ante tres rondas iniciales fallidas?

–Soy pesimista sobre las negociaciones del Brexit. No hay suficiente compresión por la parte británica de la complejidad técnica que plantea el divorcio. No se dan cuenta de que no todo es política. Los partidarios del Brexit pensaron en el referéndum y el post referéndum con mentalidad 100% política, y esto es un error porque hay una cantidad de consecuencias técnicas que no pueden tratarse a ese nivel. Me refiero a la situación de los ciudadanos europeos que viven en Reino Unido, así como la de los británicos residentes en Europa, además de la frontera con Irlanda o el coste en sí de la desconexión. Esto me recuerda a la idea de un grupo de amigos que hacen un picnic y cada uno lleva un huevo para hacer una tortilla y después de hacerla uno dice: «Yo quiero mi huevo». Esto es imposible. El proyecto europeo es ya una tortilla cocinada. Los partidarios del Brexit prometieron un mundo que no existe fruto de un populismo duro.

–¿Sobrevivirá May a las negociaciones? ¿Está en una posición fuerte?

–No es fuerte. Creo que fue un error haber elegido tras el Brexit a un primer ministro que no era «brexiter». Ahora May está obligada a endurecer su posición y una negociación en estos términos es muy compleja. Es necesario tener a las dos partes dispuestas a negociar. Si una parte es muy dura esto es imposible. Sin embargo, en la otra parte, en la europea, sí existe esa unión y Barnier está haciendo un gran trabajo.

–¿Cómo es posible convencer a los ciudadanos europeos de las grandezas de la UE cuando se falla en asuntos tan sensibles como la crisis de refugiados?

–La crisis migratoria demuestra la necesidad de políticas comunes. La respuesta ha sido muy egoísta, pero la cuestión de los refugiados pone de manifiesto que la solidaridad es un fenómeno necesario, una solidaridad multilateral. No sólo el sur ha pedido ayuda al norte. También Alemania en 2015 fue la que lo solicitó ante la entrada de más de un millón de refugiados. Luego fue Grecia la que pidió ayuda y más tarde Italia. Desde Francia, en 2015, también se hizo un llamamiento tras los terribles atentados. La solidaridad es la llave de todo en Europa, pero no se aplica en una sola dirección. Además, mi experiencia me dice que la solidaridad no puede ser confundida con la caridad. La solidaridad debe ser regulada.

–Entonces, ¿sería partidario de sancionar a países como Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia, que se niegan a aceptar las políticas de cuotas de la UE?

–Sí. Es intolerable que no puedan asumir la acogida de unos miles de refugiados. Es una falta de solidaridad intolerable. Mire, en Europa existen los fondos estructurales de los que se benefician los países miembros. Y estos fondos son solidaridad europea también. Así que los países que se niegan a ser solidarios con el resto de miembros en la cuestión migratoria no pueden recibir solidaridad de la UE.

–Otro de los aspectos clave en la colaboración y solidaridad entre Estados miembros es la seguridad. ¿Ve viable la creación de un FBI Europeo? ¿Se podrían haber evitado atentados si las agencias de Inteligencia de los 28 hubieran estado más coordinadas?

–El FBI europeo es difícil de conseguir, pero fundamental porque da una respuesta concreta a la necesidad de seguridad de los ciudadanos. Es increíble que en poco más de cuatro meses entre los atentados de Bataclan en París y los ataques de Bruselas, los terroristas que estaban en Molenbeek cruzaran la frontera muchas veces sin ser interceptados. Pasaron varios controles policiales, pero ninguno de los dos países cruzó la información con el otro. Es intolerable porque si hubiera habido un trabajo de una FBI europea no hubiera habido muertos en Bruselas porque después del Bataclan los hubieran pillado. La creación de este organismo sería un paso adelante en la colaboración comunitaria. Ahora la amenaza terrorista es diferente a la que teníamos en el pasado. No es un desafío nacional. El terrorismo es internacional y la respuesta no puede ser local.

– Tras la derrota de Le Pen en Francia y la caída del Movimiento 5 Estrellas en Italia, ¿se puede aventurar que la fiebre populista está en caída libre?

–El futuro de los populismos depende de cómo gestionemos esta ventana de oportunidades de la que hablo. En los próximos ocho meses si jugamos bien las cartas podremos vencer a los populismos definitivamente. Sin embargo, si no actuamos correctamente y no se hace nada, los populismos comenzarán a crecer. Es aquí donde Alemania, Francia, España e Italia deben unir fuerzas. Los países del norte necesitan la creatividad de los del sur. Sobre el Movimiento 5 Estrellas de Italia, creo que su éxito ha recaído en el buen uso de internet en política y en atraer a la gente que rechaza los privilegios de la clase política. Esto ha sido eficaz y ha sido su fuerza, pero no ha sabido crear un proyecto de gobierno para el país y éste es su problema.

–España se enfrenta ahora a un desafío también de índole populista como es la consulta soberanista de Cataluña. ¿Existe algún resquicio legal que pueda apoyar este referéndum?

– Tan sólo puedo subrayar el hecho de que la política nunca puede incurrir en el incumplimiento del estado de legalidad. Las leyes son fundamentales y la legalidad europea está compuesta por las normativas de los países que integran la Unión.

–¿Tiene cabida dentro de un estado moderno el derecho de autodeterminación?

–Fuera del principio de legalidad no existe la legitimidad política. Europa es un espacio libre sin fronteras de grandes oportunidades, pero siempre dentro de los marcos legales.

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