martes, 27 junio 2017
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Internacional / Brexit

Un débil Gobierno británico asume la agenda de la UE

  • Las dos partes abren las negociaciones del Brexit, que concluirán en 2018

El negociador jefe de la Comisión Europea, Michel Barnier, y el secretario de Estado británico para la Salida de la UE, David Davis, hoy en Bruselas
El negociador jefe de la Comisión Europea, Michel Barnier, y el secretario de Estado británico para la Salida de la UE, David Davis, hoy en Bruselas
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Casi un año después de que Reino Unido votara a favor de abandonar el bloque comunitario, las negociaciones de un divorcio histórico dieron ayer el pistoletazo de salida en Bruselas. Con más preguntas que respuestas, las dos delegaciones se vieron las caras con el ánimo de, al menos, pactar un calendario y restablecer algo tan difícil de construir como fácil de quebrar: la confianza.

David Davis, secretario británico de Estado para la salida de la UE, viajó ayer a la capital comunitaria en medio del incendio ocasionado por la pérdida de Theresa May de la mayoría absoluta, que aboca a los negociadores británicos a un laberinto de difícil salida. Los Veintisiete, de momento, permanecen unidos. Conscientes como pocas veces en su historia común de que en esta unidad reside su fortaleza.

Por el momento, la primera reunión parece haber dado sus frutos y ha servido para constatar la debilidad de la que parte Londres ante un futuro incierto. Como primer gran logro de los Veintisiete, Reino Unido dijo estar dispuesto a pactar los temas más importantes (la deuda con la UE de unos 100.000 millones de euros, la ciudadanía y las fronteras en Irlanda) antes de empezar a negociar el futuro estatus del país con el bloque comunitario.

Así, la primera ministra británica, Theresa May, presentará a los jefes de Gobierno europeos en la cumbre de esta semana su propuesta sobre qué hacer con los derechos de los británicos que viven en la Unión Europea y viceversa, la máxima prioridad de Bruselas y Londres en la negociación. «Lo importante no es cómo se empieza sino cómo se acaba», se defendió Davis. Parece que Bruselas ha logrado imponer sus tesis y que el dique de contención levantado por los Veintisiete está dando sus frutos. «Primero tenemos que solucionar las incertidumbres que causa el Brexit para los ciudadanos, pero también para los beneficiarios de las políticas de la UE y para el impacto de las fronteras, particularmente en Irlanda», declaró el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, quien negó que Bruselas tenga que hacer concesiones y que exista «interés de revancha».

La capital comunitaria, donde se celebrará la segunda ronda negociadora en julio, siempre ha defendido la necesidad de saldar los compromisos pendientes y sólo después aventurarse a una prenegociación no formal sobre el futuro estatus. Según los tempos manejados, se espera que esta segunda fase pueda comenzar a partir del otoño. Será el propio Barnier quien dictamine que se ha avanzado lo suficiente y pida luz verde a las capitales europeas. Dentro de este primer apartado, el compromiso de impedir una frontera «dura» en Irlanda para no poner en peligro los acuerdos de paz de Viernes Santo se hace más difícil de lograr tras la alianza tejida por May con los unionistas del Ulster para lograr su permanencia en Downing Street. Un pacto que, por otra parte, todavía no ha sido rubricado y cuyas consecuencias son difíciles de prever. Dentro del clima de concordia perseguido ayer, tanto Davis como Barnier se comprometieron a encontrar la mejor solución posible.

¿Pero cuál es la nueva relación que persigue Londres? Ante las informaciones contradictorias sobre la división en el Ejecutivo de May entre «brexiters» duros o blandos, Davis tuvo que aclarar que la carta remitida por la «premier» británica en la que renuncia al acceso al mercado único y a la unión aduanera sigue plenamente vigente. Londres admite que sólo mediante un acuerdo comercial conseguirá la independencia respecto a los tribunales de justicia europeos y la política migratoria. No obstante, la parte británica se encargó de enfatizar que en el futuro, a nivel comercial, «a ambos» les interesa una «asociación lo más fuerte posible» para no perjudicar sus intereses.

Por el momento, el divorcio ha comenzado con buenas cartas para la Unión Europea, pero la incertidumbre sobre la frágil situación de May puede cambiar las tornas. La cumbre de este jueves y viernes en Bruselas permitirá que los líderes europeos conozcan por boca de la propia «premier» británica cuáles son sus intenciones.

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