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La desigualdad en la Alemania más próspera

Pese a que el desempleo ronda un envidiable 5,6%, unos 6,5 millones de alemanes tienen un «minijob» con un salario de 450 euros

  • Un trabajador metalúrgico en una planta de la empresa Salzgitter AG en Sajonia
    Un trabajador metalúrgico en una planta de la empresa Salzgitter AG en Sajonia
Rubén G. del Barrio.  Berlín.

Tiempo de lectura 4 min.

20 de septiembre de 2017. 04:01h

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El grupo químico alemán BASF anunció ayer su interés por hacerse con la división de poliamidas de la belga Solva al mismo tiempo que Doris, una berlinesa de 65 años, comenzaba su turno como cajera de supermercado. A falta de contar con la aprobación de las autoridades, la adquisición de la multinacional podría cerrarse por un precio de 1.600 millones de euros, lo que completaría la cartera de plásticos de BASF y ampliaría su posición en las industrias de transporte, la construcción y de consumo. Doris cobrará 450 euros a final de mes. Ni siquiera dos décadas después de que el semanario británico «The Economist» describiera a Alemania como el «hombre enfermo de Europa», la primera potencia europea vive un estado de milagro económico que, según la canciller Angela Merkel, «ha llevado al pueblo alemán a vivir su mejor momento». Según el Bundesbank, Alemania crecerá este año alrededor de un 2% impulsada por la fortaleza de la industria. El superávit comercial se sitúa en los 280.000 millones anuales y el mercado laboral, que desterró hace tiempo sus tasas de paro de dos dígitos, experimenta uno de los auges más importantes de su historia. Pero no todo brilla de la misma forma.

«Yo no entiendo de cifras –asegura Doris a LA RAZÓN–. Sólo sé que con mi pensión y a mi edad tengo que seguir trabajando si quiero llegar a fin de mes». No es la única. Doris es una de las miles de personas que en Alemania sobreviven a la sombra del «boom» económico. Un lado oscuro que se asienta en numerosos desequilibrios económicos y sociales que por ahora no gozan de gran visibilidad, pero que pueden convertirse en el mayor adversario para el Gobierno que salga de las urnas. Pero, ¿cómo es posible que una potencia con niveles récord de crecimiento afronte asimismo una creciente desigualdad?

En declaraciones a este periódico, el director del Instituto de Trabajo y Economía de la Universidad de Bremen, Günter Warsewa, asegura que las decisiones que tomó el Gobierno a finales de los noventa para fortalecer la economía y el empleo se hicieron a base de promover formas precarias de empleo y, por tanto, con la creación de un importante segmento de «trabajadores pobres». «Los problemas sociales son el precio que, en la actualidad, tiene que pagar Alemania por tener una economía fuerte», añade. Una situación que, según este profesor, alentó la reducción de impuestos para las empresas y los ciudadanos ricos, pero obligó a forzar los ajustes en beneficios sociales o a ignorar el futuro desarrollo demográfico. ¿El resultado? Un país cuya confianza empresarial se acaba de anotar un nuevo récord, pero que ha visto aumentar la brecha entre ricos y pobres o ha crecido de forma significativa el número de trabajadores en riesgo de pobreza.

Otra señal es el número de personas con un trabajo precario y que, según la Federación de Sindicatos de Alemania (DGB), supone en torno a un 20%. Es el caso de Doris. A efectos de estadísticas, ella aparece como empleada, pero esa categoría no detalla que su sueldo no llega a los 500 euros mensuales. Como ella, unos 6,5 millones de personas trabajan en Alemania con un «minijob», unos empleos que tienen un límite de remuneración que no está sujeto al pago de cotizaciones y que está fijado en 450 euros al mes. Una modalidad laboral que nació en 2003 bajo el mandato de Gerhard Schröder y que para muchos incentiva la pobreza y la marginalidad laboral. Según el último Informe de Pobreza, un 15,4% de la población alemana (12,5 millones de personas) vive en esa condición. De ellos, 3,4 millones son mayores de 65 años. Una situación que irá a peor con la reducción de las pensiones y el más que consiguiente envejecimiento poblacional.

Muchos alemanes viven con el drama y la paradoja de ser pobres en una de las mayores economías del mundo. «Todo esto es el resultado de unos políticos que se han desplazado hasta una esfera totalmente alejada de los ciudadanos», asegura a LA RAZÓN el consultor Ulrich Brömmling. Los «minijobs», los trabajadores temporales o los de media jornada pasan así a engordar las exitosas tasas de empleo de Alemania.

Con todo, y preguntado por este periódico, el profesor Juergen B. Donges del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia cree que el principal problema del mercado laboral alemán son «los parados de larga duración debido a su baja o nula cualificación profesional o el salario mínimo que se introdujo en 2015 y que ha afectado a las oportunidades de empleo para este grupo». La economía no ha sido el tema central en la campaña gracias a los buenos datos de déficit, crecimiento y empleo. No obstante, este domingo, Dora y millones de alemanes votarán qué es más importante: el milagro económico alemán o la sombra que tras el crecimiento o el amplio superávit se esconden ella y las múltiples desigualdades de su país.

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