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La huella soviética de los misiles de Kim

El colapso de la URSS permitió a Pyongyang comprar tecnología ucraniana y todos los indicios apuntan a la fábrica de Yuzhmash

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Miguel Julià.  Moscú.

Tiempo de lectura 4 min.

06 de diciembre de 2017. 11:23h

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Miguel Julià.  Moscú. 3/12/2017

La televisión estatal norcoreana informó esta semana de que Pyongyang ya tiene la capacidad de golpear con sus misiles el territorio continental de EEUU. Su último proyectil, llamado Hwasong-15, alcanzó una altitud de 4.500 km –altura confirmada también por las autoridades surcoreanas– y tras recorrer 970 km se precipitó sobre el mar de Japón. Este es el mayor avance conseguido por los ingenieros norcoreanos desde el inicio de su programa balístico. Según Alexéi Leonkov, experto militar de la revista especializada rusa «Arsenal Otchestva», en cuanto al programa armamentístico norcoreano hay que diferenciar su vertiente nuclear de la balística.

«El desarrollo de sus tecnologías nucleares empezó en la época de Kim Il Sung –el primero de la saga de los Kim– y a mediados de los 80 ya se acercaron a la consecución de la bomba atómica. En aquel momento la URSS consiguió que renunciaran a la vertiente militar del programa y les ayudó en la construcción de centrales atómicas civiles con una capacidad de 5 megavatios», según el experto, eso fue lo que hizo que en 1985, Pyongyang firmara el acuerdo de no proliferación de armas nucleares, que abandonó en el año 2002. Los ingenieros norcoreanos se formaron en la URSS, pero también en China e incluso en algunos países europeos. «Estudiaron las tecnologías nucleares civiles y eso les ayudó a desarrollar su propia tecnología militar y llegar al nivel llamado termonuclear. El último ensayo termonuclear lo vimos este año», añade Leonkov.

En cuanto a los orígenes de su programa balístico, el que se refiere a los misiles tácticos o de corto y mediano alcance, el experto los sitúa en Oriente Medio. «Corea del Norte colaboró con países como Irán, Irak o Pakistán. Esta cooperación les ayudó a estudiar los misiles de corto alcance y reproducirlos». Este tipo de misiles, con un alcance de entre 120 y 800 km, ya llegó a ser desarrollado por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el nombre de V2. Desde el Centro para el Análisis y Tecnologías (CAST), con sede en Moscú, comentan que «Las tecnologías balísticas y nucleares de Corea del Norte son de hace medio siglo. Para los recursos invertidos en el programa, no es una tecnología excesivamente complicada de conseguir, y esto es algo que a menudo no se tiene en cuenta». «Si durante la Guerra Fría no hubo más países que dispusieran de estas tecnologías fue precisamente porque EE UU y la URSS no se lo permitieron, ya fuera con presiones o con amenazas de intervención militar», comenta. En este sentido, cabe recordar que aunque las fronteras occidentales de Rusia sean las que concentren el mayor interés informativo, el país tiene una poco conocida frontera terrestre de 17,5 km con Corea del Norte, delimitada por el río Tumén. Además, a unos 200 km de esa frontera, a orillas del océano Pacífico, se encuentra la ciudad rusa de Vladivostok, con una población de más de medio millón de habitantes y capital de la región del Lejano Oriente. El valor estratégico de esta ciudad es todavía mayor si se tiene en cuenta que alberga la Flota del Pacífico rusa. Es comprensible, por lo tanto, el interés de la URSS, primero, y de Rusia, después, por evitar la proliferación de armas nucleares en su país vecino.

Sobre los avances norcoreanos, desde CAST comentan que «la URSS no les ayudó, lo que sí les ayudó fue la disolución de la URSS en los 90, cuando de golpe tuvieron acceso a toda una serie de tecnologías y asesoramiento por parte de países exsoviéticos».

Es ahí, según los expertos, donde hay que buscar el salto cualitativo en el programa balístico de Pyongyang y todos los indicios llevan a Yuzhnoe, una fábrica de misiles perteneciente al conglomerado soviético –ahora ucraniana– Yuzhmash. Según informó la cadena CNN, en una historia de espías que desarrolló después «New York Times», en el año 2011 las autoridades ucranianas detuvieron a tres supuestos espías de Pyongyang que estaban fotografiando en un garaje lo que creían que eran planos secretos de los misiles de la factoría. Un oficial de los servicios de seguridad ucranianos declaró al medio que en 2015 Kiev había expulsado a cinco norcoreanos por «colaborar en el trabajo de inteligencia de Corea del Norte en Ucrania».

Según Leonkov, «la ayuda que los coreanos recibieron del gabinete de diseño ucraniano Yuzhnoe durante 15 años fue vital para las pruebas de los motores de los misiles balísticos, que ya pueden funcionar con combustible líquido y sólido. Eso permitió a Pyongyang mejorar su programa de misiles y realizar una última prueba con un alcance de unos 4.000 kilómetros».

Sin embargo, no todas las pistas llevan a Kiev. El colapso que siguió a la desintegración de la URSS supuso un momento ideal para la compra y la venta al mejor postor de todas las riquezas y secretos que atesoraba la antigua superpotencia. Y el armamento no fue una excepción. En este sentido, diversos informes han destacado la semejanza entre los motores de misiles norcoreanos y la familia de motores soviéticos RD-250.

«Está claro que Pyongyang consiguió obtener ciertas tecnologías de Rusia –incluidas de la Oficina de diseño Makeyev– en los 90, y probablemente también de Ucrania –de Yuzhmash y de las oficinas de diseño Yuzhnoye-Pivdenne–. Pero esas transferencias de tecnologías probablemente supusieron solo una pequeña parte de los progresos que ha hecho Corea del Norte», escribió Mijaíl Barabánov en el último número de la revista especializada «Moscow Defense Brief». Según Barabánov, el mérito, por decirlo de algún modo, es de los ingenieros norcoreanos y de los ingentes recursos destinados a su programa armamentístico.

«Este es un logro sin precedentes para un país tan pequeño, cuyo programa balístico es, probablemente, el cuarto más avanzado del planeta por detrás del de Estados Unidos, Rusia y China», concluye el experto.

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