lunes, 05 diciembre 2016
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Internacional

La UE propone que el gasto en Defensa no contabilice en el déficit

  • El Brexit y las amenazas de Trump de recortar su aportación a la OTAN obligan a Bruselas a incentivar las inversiones. La Comisión propone además crear un fondo común.

Federica Mogherini, alta representante de la UE; el vicepresidente Jyrki Katainen, y la comisaria de Mercado Interior, Elzbieta Bienkowska (derecha), en la presentación de la propuesta de Defensa
Federica Mogherini, alta representante de la UE; el vicepresidente Jyrki Katainen, y la comisaria de Mercado Interior, Elzbieta Bienkowska (derecha), en la presentación de la propuesta de Defensa
Reuters

La Comisión Europea desveló ayer una de sus grandes iniciativas para conseguir que los gobiernos superen sus reticencias tanto a gastar más dinero en defensa como a hacerlo de manera conjunta. Con la presión de Trump y su amenaza de dejar de costear la defensa de los socios europeos, Berlín y París, divididos en casi todo, están dispuestos ahora a caminar en esta dirección, e Italia y España han mostrado su compromiso en secundarles para formar lo que sería un núcleo duro en la política de defensa. También la amenaza rusa y la próxima salida de Reino Unido del club, una de las grandes potencias militares en Europa, aceleran estos planes. Sobre el resto de los países europeos, existen serias dudas en varios frentes.

Bruselas, consciente de que pisa terreno minado, propuso ayer un fondo europeo dividido en dos partes. La primera contaría con dinero comunitario propiamente dicho para modernizar la anquilosada industria militar europea, al incentivar el gasto en I+D. En 2017 la cantidad será de 25 millones de euros y el Ejecutivo comunitario pretende que esta cifra ascienda a los 90 millones hasta 2020. Después de este periodo, la Comisión prevé que los siguientes presupuestos europeos cuenten con una partida de 500 millones de euros anuales.

El segundo instrumento pretende incentivar el gasto en defensa de los Estados europeos en proyectos de equipamiento común y con absoluta libertad para adherirse o no. El gran cebo para convencer a los gobiernos estriba en que este gasto en misiones comunes quedará exento en la contabilización del déficit dentro del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. La legislación europea tiene en su poder sancionar a aquellos países cuyo déficit público supera el umbral del 3%, y en los últimos años ha dejado fuera del cómputo las ayudas a los bancos con dinero público o el gasto suplementario en seguridad de países como Francia tras los últimos atentados terroristas.

Como cifra provisional, Bruselas considera que el gasto en este tipo de iniciativas de dos o más países debe ascender a los 5.000 millones de euros anuales, aunque esta cifra es meramente indicativa y no tiene ningún valor vinculante. Dentro de este apartado, la Comisión deja la puerta abierta a echar una mano a los países con instrumentos de financiación a través, por ejemplo, de la emisión conjunta de bonos entre los socios participantes dentro de un paraguas común. Es precisamente esta parte de la propuesta la que debe seguir siendo perfilada, ya que no hay ningún compromiso de Bruselas sobre a cuánto podría ascender esta pequeña ayuda, y esa posibilidad debe ser aún acordada entre las capitales. Las autoridades comunitarias también asesorarán a los Veintiocho a través de un directorio formado por la Comisión, la Alta Representante, la industria y la Agencia Europea de Defensa.

Aumentar la cooperación en este terreno es una de las grandes apuestas de Bruselas en pleno cuestionamiento del proyecto europeo. «Si Europa no se defiende a sí misma, nadie más lo hará», aseguró el presidente del Ejecutivo comunitario, Jean Claude Juncker, en su discurso del Estado de la Unión en septiembre.

Europa ha tenido tiempo de hacer los deberes. Washington lleva presionando los últimos años a la UE para que se haga cargo de su seguridad, y esta idea era compartida tanto por la saliente Administración Obama como por la candidata Hillary Clinton. A pesar de esto, las palabras de Juncker resultan especialmente proféticas después de que Donald Trump haya amenazado durante su campaña con desbaratar la cláusula de defensa común dentro de la OTAN si los países europeos no aumentan su gasto hasta el 2% del PIB, tal y como demanda la propia Alianza. La media de los países europeos asciende actualmente al 1,4%, y sólo cuatro países dentro de la Alianza cumplen el objetivo del 2% o lo superan: Reino Unido, Grecia, Polonia y Estonia.

El temor a quedar a la intemperie por vez primera tras la II Guerra Mundial parece convertirse en la ocasión propicia para que los países europeos se rasquen el bolsillo, aunque el temor de un solapamiento entre las estructuras europeas y las de la Alianza amenaza con crear fisuras entre los Estados europeos. La Comisión calcula que la falta de cooperación en este ámbito ocasiona un agujero en las arcas comunitarias de 25.000 a 100.000 millones de euros. Sólo en 2015, EE UU gastó más del doble que la UE. China incrementó su gasto el 150% en la pasada década.

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