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La yihad en comandos entrenados en Raqa

El Estado Islámico combina los actores solitarios con células organizadas para causar el mayor terror posible en los países occidentales

Jesús María Zualoaga. 

Tiempo de lectura 4 min.

16 de septiembre de 2017. 01:26h

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La amenaza la captaron los servicios de información de Bélgica a través de sus servicios de información: cinco células yihadistas procedentes de Siria habían entrado en Europa. Disponían de explosivo suficiente para hacer detonar en varios países coches bomba, una forma de actuar que el Estado Islámico no ha logrado hasta ahora llevar a cabo en el Viejo Continente.

Lo ocurrido en las últimas horas no responde a la forma de operar de las células, pero demuestra que la ofensiva yihadista contra Europa es un hecho. El Estado Islámico está dispuesto a llevar el terror hasta el último rincón, con el fin de crear un clima de inseguridad que haga dudar a los ciudadanos europeos de la conveniencia de que sus tropas participen, dentro de la Coalición Internacional, en la guerra contra los yihadistas en Siria e Irak.

Tal y como quedó demostrado tras los atentados de Cataluña del 17 de agosto, la banda terrorista ha optado por la estrategia de atentar, además de con los actores solitarios, con células que reciben las instrucciones generales a través de canales privados de la «internet profunda». Las últimas órdenes se las transmiten «dinamizadores» o «coordinadores» que se esconden en Europa y con los que se entrevistan, con grandes medidas de seguridad, los responsables de dichas células.

Todo un entramado que va a ser difícil de desmantelar porque, además, las células tienen órdenes concretas de cometer el mayor número de atentados antes de suicidarse, si es que se da el caso por el tipo de acción criminal que van a cometer.

Ante esta estrategia criminal, lo más importante es que las Fuerzas de Seguridad obtengan la mayor información posible sobre el funcionamiento de las células y la localización de sus coordinadores. La eliminación física de los yihadistas, salvo cuando sea estrictamente necesaria, no aporta nada más que uno o más cadáveres.

Los yihadistas, de acuerdo con los manuales a los que tuvo acceso este periódico, visten a lo occidental; no van a ir a refugiarse precisamente a barrios de mayoría musulmana y tratarán de pasar desapercibidos entre la población mientras obtienen la información para preparar los atentados.

De la voluntad de atacar a los «cruzados» (cristianos) europeos dan prueba los siguientes párrafos extraídos de un reciente escrito del Estado Islámico: «Oh hermano, no tienes excusa delante de Alá para no hacer la yihad. ¿Cómo puedes disfrutar de la vida y la comodidad mientras tus nobles hermanas están siendo violadas y su honor está mancillado en las cárceles de los títeres de Occidente? ¿Cómo puedes disfrutar sentado sin hacer nada mientras ves a los misiles “crucero” golpeando a nuestras mujeres y niños delante de tus ojos? ¿No sabéis las palabras de Alá?: “Mata a los infieles. Renovamos nuestro llamamiento a los muyaidines en Europa y en el Occidente incrédulo, y en cualquier otro lugar, para que apuntes a los cruzados en sus propias tierras y dónde quiera que se encuentren. Argumentaremos frente Alá contra cualquier musulmán que tenga la capacidad de arrojar una sola gota de sangre cruzada, pero no lo hace, ya sea con un artefacto explosivo, una bala, un cuchillo, un coche, una roca o incluso una bota o un puño, a los infieles donde quiera que los encuentres. Córtenlos, sítienlos y espérelos en todo lugar propio para la emboscada».

El sueño de los terroristas es ver a los ejércitos desplegados en las grandes ciudades, lo que consideran un gran éxito, como pasó «en Australia, Canadá, Francia, Bélgica y otras fortalezas de los cruzados. A ellos les prometemos, con el permiso de Alá, una continuación de su estado de alerta, terror, miedo y pérdida de seguridad». Y agregan: «Lo que está por delante será peor, con el permiso de Alá, y más amargo, porque aún no han visto nada de nosotros».

El fanatismo está servido, como demuestran los párrafos anteriores. Lo que ocurre es que ya no actúan como «locos suicidas», sino que siguen unos patrones, más cercanos a las bandas terroristas que hemos conocido en Europa, lo que les hace especialmente peligrosos y sus células difíciles de desmantelar.

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