sábado, 10 diciembre 2016
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Internacional / Muere Fidel Castro

La procesión comunista de Fidel

  • Miles de cubanos salen a las calles para despedir al comandante en un itinerario de cuatro días por trece provincias del país. «Se merece un tributo como éste», dicen los asistentes.

Miles de personas asisten hoy, miércoles 30 de noviembre de 2016, al paso de las cenizas del fallecido líder cubano Fidel Castro en La Habana (Cuba).
Miles de personas asisten hoy, miércoles 30 de noviembre de 2016, al paso de las cenizas del fallecido líder cubano Fidel Castro en La Habana (Cuba).
Efe

Tras sonar los cañonazos poco antes de las siete de la mañana, la urna de cristal cubierta por la bandera cubana, nicho que guarda los restos del comandante Fidel Castro, partía ayer rumbo a Santiago de Cuba, la llamada «ciudad héroe», siguiendo el mismo trayecto que en enero de 1959 trasladó a Castro triunfante a esta capital en medio de una gran euforia popular tras la caída del dictador Fulgencio Batista. De aquí al sábado, sus cenizas recorrerán trece de las quince provincias de la isla. La primera parada fue en Santa Clara, donde la caravana descansó anoche para continuar hoy el recorrido.

Antes de salir de la capital, el cortejo fúnebre recorrió varias calles de La Habana, donde se agolpaban miles de personas con banderas cubanas, y sus restos fueron escoltados por los generales Leopoldo Cintra Frías, Joaquín Quintas Solá y Ramón Espinosa Martín. Algunos lloraban desconsolados, otros tocaban canciones de la guajira mientras bebían café. Un anciano con gorra de militar y guayabera blanca que fumaba un habano en la Plaza de la Revolución comentaba mirando el rostro de Camilo Cienfuegos estampado en uno de los edificios: «Mi canción favorita es ‘Hasta siempre, comandante’, un tema del cubano Carlos Puebla de 1965. La letra es una respuesta a la carta de despedida del Che Guevara, pero también sirve para despedir a Fidel».

La Caravana de la Libertad tiene previsto llegar a Santiago de Cuba el sábado tras un recorrido de cuatro días y más de mil kilómetros. El país guardará duelo hasta que se celebre el funeral el domingo, cuando sus restos queden depositados en una cripta muy cerca de los de José Martí, héroe de la independencia de Cuba en el siglo XIX. «Fidel es un hombre que hizo historia, merece que se le haga un tributo como éste. Es lo mejor que nos ha pasado», dice Cecilio Salgado, un conductor de 58 años que apura el paso para ver el cortejo fúnebre que lleva los restos del dictador en un cofre negro cubierto con la bandera cubana. Sin embargo, otro vecino asegura que lo que le da «lástima es no poder salir a bailar salsa. Tanto la Casa de la Música como la Sala Capricornio están cerradas, yo creo que el comandante habría querido que celebrásemos, en lugar de tanto lloro y tanta consigna». La parsimonia que reina en el ambiente sólo se rompe con los continuos gritos de «Fidel, Fidel» al paso del séquito.

Las cenizas de Castro están siendo remolcadas por un vehículo todoterreno y escoltadas por camiones militares, un par de motos, un helicóptero, decenas de fotógrafos y miles de seguidores que abrazan fotos de su difunto líder. El espectáculo es retransmitido una y otra vez en forma de bucle por la televisión cubana.

En el malecón de La Habana, una chica de unos 22 años mira a otra orilla. En el horizonte puede verse la fortaleza del Polvorín y algunos barcos de guerra. «Ahora que ha muerto Fidel nada tiene sentido, ya ni siquiera me siento comprometida con la causa. Su hermano Raúl no tiene carisma. Tienes que entender que muchos sólo hemos conocido esta realidad», dice. «Ojalá pudiera subirme a un barco y cruzar, pero ya he estado dos veces en la Oficina de Intereses y me niegan el visado para viajar a Estados Unidos porque dicen que soy potencialmente una inmigrante que podría quedarse. Y llevan razón, por supuesto que me quiero quedar con mi familia de Florida. Incluso se rumorea que el nuevo Gobierno norteamericano va a dar ayudas», asegura, «pero claro, cómo cruzar el charco; es la cuestión», añade.

En 2006, Castro, aquejado por una afección intestinal no revelada, cedió el poder a su hermano menor, Raúl. Desde entonces sus apariciones públicas disminuyeron ostensiblemente. Sin embargo, de cuando en cuando, fustigaba en artículos a Estados Unidos, con el que su hermano restableció relaciones diplomáticas en 2014 tras más de medio siglo de hostilidades. Pero algunos temen que el acercamiento, que el presidente Barack Obama no ha podido culminar, se enfríe con la llegada del republicano Donald Trump a la Casa Blanca en enero. «Con lo que ha venido diciendo, pareciera que vienen tiempos aciagos para Cuba», señala Cristian Gutiérrez en referencia a los comentarios de Trump, quien volvió a amenazar la semana pasada con romper los acuerdos firmados.

Es, sin duda, lo que más preocupa a los cubanos. Nadie espera cambios internos, tan sólo sueñan con que haya algún tipo de apertura económica y que el deshielo con el «Imperio» no se detenga con la llegada del nuevo Gobierno. Suena a utopía. El futuro es incierto en la isla.

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