domingo, 25 junio 2017
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Internacional

El "belén" navideño no tiene hueco en la laica Francia, al menos en los lugares públicos, que tratan de conciliar la tradición católica del país con el respeto por todas las confesiones, un roce que, en ocasiones, provoca chispas.

Mientras un tribunal obligaba la semana pasada a retirar el "belén" de la sede del Consejo General del departamento de Vendée, de profunda tradición católica, un sondeo revelaba que el 71 por ciento de los franceses es favorable a la presencia de las figurillas del nacimiento de Jesús en los locales públicos.

La polémica está servida y, en su seno, los extremismos comienzan a encontrar eco: Un "belén" quemado en un pequeño pueblo del este, una manifestación frente al Ayuntamiento de Béziers, en el sur.

Fue en este último municipio donde primero dejó su huella la controversia, que cada año se cobra alguna víctima en el país. Alimentada por el alcalde, Robert Ménard, exdirector general de Reporteros Sin Fronteras (RSF), reconvertido a la política y que se apoyó en el ultraderechista Frente Nacional para conquistar esta ciudad sureña próxima a la frontera española.

De su pasado periodístico, Ménard conserva una asombrosa facilidad para alimentar las polémicas. El alcalde de Béziers apeló a la tradición francesa para instalar un "nacimiento" en la entrada de su Ayuntamiento y se negó a retirarlo cuando un grupo de vecinos se lo solicitó al considerar que rompía la ley de 1905 que consagra la separación entre la iglesia y el Estado.

"Jesús y la Virgen han puesto de acuerdo a la izquierda y la derecha. Pero, a diferencia de lo que sucedió hace 2.000 años, esta vez no serán expulsados", ironizó el alcalde, que muestra orgulloso su "belén" a los medios de comunicación.

Porque la polémica hizo reaccionar al primer ministro, Manuel Valls, y a la portavoz de la conservadora UMP, Nathalie Kosciusko-Morizet, primer partido de la oposición, ambos muy prudentes, se limitaron a pedir que no se abra una controversia que no lleva a ningún lado.

Pero Ménard hace dos días echó más leña al fuego al acoger en el Ayuntamiento un acto de celebración de Hanuká, la fiesta judía de las luces, en un intento de mostrar su apertura a todas las confesiones pero que fue interpretado como un nuevo atentado al laicismo.

Las autoridades de Vandée, al oeste del país, cuentan con apelar la decisión de retirar su "belén" ante el Supremo, porque consideran que "no se contraviene el principio de laicismo" sino que responde a una "secular tradición popular y de imaginería francesa".

Pero el artículo 28 de la ley de 1905 es taxativo: "Queda prohibido exhibir ningún signo o emblema religioso en los monumentos públicos o emplazamientos públicos con excepción de los que sirven al culto, terrenos de sepultura, cementerios, monumentos funerarios, museos y exposiciones".

La polémica afecta a numerosos Ayuntamientos, de todos los colores políticos, que reciben, de un lado, el apoyo a mantener los "nacimientos" y, de otro, las protestas de ciudadanos que consideran que no deben mostrarse en lugares oficiales.

En Marsella fueron los alcaldes de izquierda de dos distritos los que defendieron la instalación en sus locales de un "belén" que viene siguiendo una tradición que comenzó hace casi 20 años.

La UMP, por su parte, respondió a la polémica instalando un "nacimiento" en su sede de París.

Ante esa polémica, la Iglesia católica francesa tuvo una reacción un tanto tibia a través de su portavoz, Bernard Podvin, que señaló que esos nacimientos, más que una vertiente religiosa, "tienen un aspecto afectivo en la población".

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