sábado, 24 junio 2017
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Internacional

Más de 600.000 refugiados desbordan los campamentos turcos

Abandonar su país es la última opción. Hay quienes, incluso, han aguantado en condiciones infrahumanas (escondidos durante dos años en un sótano o vagando de ciudad en ciudad en busca de alimento) hasta tomar la decisión de cruzar la frontera. El resultado: más de cuatro millones de sirios desplazados y más de dos millones refugiados. 5.000 personas cruzan al día la fronteras con Turquía, Líbano, Egipto, Jordania e Irak. La peor catástrofe humanitaria tras el genocidio de Ruanda en 1994, según la ONU, ha provocado una oleada migratoria que ha puesto en alerta a sus vecinos. Ayer, la agencia turca de gestión de desastres confirmó que el número de refugiados en su territorio asciende a 600.000, de los que tan sólo 200.000 se alojan en los 21 campamentos fronterizos. El resto lo hace en algunas de las ciudades turcas, lo que en ocasiones provoca el rechazo de la población local y fuertes choques étnicos. Pero ¿de qué viven los refugiados? y ¿cuáles son sus condiciones de vida? Zatari, uno de los centros de desplazados en Jordania, a 12 kilómetros de Deera (desde donde se escuchan los constantes bombardeos), acoge a más de 120.000 sirios que han convertido este enclave en una pseudociudad. «La vida allí es monótona, aunque en los últimos meses ha protagonizado un cambio importante gracias a la actividad de los refugiados. Cada uno aporta lo que tiene o utiliza sus conocimientos en un ámbito concreto. Se han creado escuelas donde profesores sirios imparten clases, hospitales de campaña... Incluso, ya se empiezan a formar pequeños barrios o un pequeño 'centro comercial' en el que han montado, por ejemplo, una peluquería», explica a LA RAZÓN María Jesús Vega, portavoz de ACNUR en España. «Pero la clave está –insiste– en que la población local se involucre en este proceso y siempre que se ponga en práctica una iniciativa, ellos estén presentes». Sin embargo, el 80% de los exiliados no reside en los campos de refugiados sino que lo hacen en las ciudades. Y es ahí donde surgen los mayores desencuentros. Debido a su precaria situación, la práctica totalidad vive de la mendicidad o consigue trabajos temporales pagados en dinero negro. El mayor drama es el de los niños, que representan la mitad de los refugiados. «Son una generación perdida. Muchas niñas han sido violadas, incluso vendidas por sus padres para poder alimentar con ese dinero al resto de la familia», subraya Vega. Por otra parte, en Egipto, donde son acogidos más de 500.000 sirios, se les ha perseguido sin piedad por haber accedido a recibir ayuda de los Hermanos Musulmanes, condenados a la clandestinidad.

Ahora, los países limítrofes de Siria han optado por ser más estrictos en sus controles fronterizos debido a que la situación les ha desbordado y ha aumentado la inseguridad en sus calles. Además, la tensión irá en aumento, ya que las previsiones no son esperanzadoras. Con una guerra cuyo final es incierto, la ONU pronostica que a finales de 2014 habrá más de cinco millones refugiados y casi siete millones de desplazados.

La mitad de los desplazados son niños que se han visto obligados a renunciar a sus estudios y ahora se enfrentan al hambre y la violencia
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