martes, 27 junio 2017
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Internacional / Crisis migratoria en Europa

«No pensaba en que iba a morir, sólo quería llegar»

  • Mido es uno de los 15.755 refugiados que pidieron asilo en España en 2016 tras huir de Siria

Mido espera encontrar trabajo como mecánico después de sacarse el carné de conducir
Mido espera encontrar trabajo como mecánico después de sacarse el carné de conducir

Hoy se celebra el Día Mundial del Refugiado y por tercer año consecutivo se supera el triste récord de personas en situación de desplazamiento forzado en el mundo: 65,6 millones, 300.000 más que el año anterior, según Acnur, o lo que es lo mismo, una persona desplazada cada tres segundos por la guerra, la violencia y la persecución. En 2016, España recibió 15.755 solicitudes de asilo. Apenas un 1% de todas las peticiones que se hicieron en la UE. Las autoridades españolas aún no han reubicado a los 17.000 refugiados de Italia y Grecia que deben acoger antes de octubre (sólo el 8%). Acnur asegura que nuestro país puede hacer más y recuerda que el 84% de los refugiados de todo el mundo han recibido asilo en naciones en vías de desarrollo.

De acuerdo a cifras de CEAR, las nacionalidades que más asilo demandaron en España fueron Venezuela (3.960), Siria (2.975) y Ucrania (2.570). Los que más «suerte» tienen en que se resuelva su petición o en que se les otorgue protección son los sirios. Ser autosuficientes es la aspiración común. La integración y la reinserción laboral son asignaturas pendientes y la batalla con la burocracia española, una pesadilla no apta para los niveles más básicos de castellano.

Sin embargo, también hay historias de envidiable superación a pesar de los numerosos obstáculos. Es el caso de Mido, un sirio de 19 años que no pierde la ilusión a pesar de las adversidades. «Aunque controle como el que más de mecánica», como reconoce orgulloso, se ha quedado sin trabajo por no tener el carné de conducir. «Entiendo que sea necesario que aunque ya sé conducir, me tenga que sacar la licencia. Espero que en cuanto apruebe encuentre trabajo como mecánico». A Mido siempre le había gustado España, desde pequeño aspiraba a ser jugador de fútbol (a ser posible del Real Madrid), pero en 2011 la guerra en Siria truncó sus sueños de la forma más explícita posible. Una mañana de verano, el joven estaba comprando pan en su Alepo natal, muy cerca de él un chico vendía gasolina. De repente, una bomba cayó del cielo y Mido vio cómo se le quemaba una pierna entera y la mitad de la otra. Fue entonces cuando su familia emprendió la huida. Primero se fueron a Antioquía, a Turquía, pero allí ningún médico podía tratarle. Tras un par de años, su padre consiguió un trabajo temporal en Arabia Saudí y que operasen a su hijo. Su padre murió y Mido tuvo que volver a Turquía con el resto de su familia. Los ahorros se acababan y la vida allí, sin empleos, dejaba de ser una opción. Uno de sus hermanos llevaba 12 años viviendo en España, por lo que ése fue el destino. Con 17 años, en 2015, Mido pagó 1.300 dólares a una mafia para montar en una barca que lo llevara hasta Grecia. «La embarcación era para 20 personas, pero terminamos montando 50», explica desde su domicilio de Madrid. «En el trayecto, no pensaba en que iba a morir, sólo quería llegar», reconoce. Atracaron en Mitilini, aún guarda imágenes de ese momento en su móvil, lo único con lo que viajó. Después recorrió 60 kilómetros andando hasta que llegó al puerto de Lesbos y pagó, esta vez a precio de turista, un ferry hasta Atenas. Tras lidiar otra vez «con árabes que se aprovechaban de nuestra situación desesperada», viajó hasta Madrid, donde pidió asilo y vive desde 2016.

En su tiempo libre se pasa el día patinando o nadando. Lo cierto es que con las chicas españolas no ha tenido mucha suerte: «Se lían con Siria. A veces me dicen que soy un ‘moro’, otras que si soy sirio soy del Estado Islámico... Me sienta mal su incultura, pero peor para ellas». Mido no pierde la sonrisa.

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