Historia

Berlín

¿Nos espera Nefertiti detrás de la puerta?

¿Nos espera Nefertiti detrás de la puerta?
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El pasado mes de julio la comunidad egiptológica internacional fue impactada por la publicación de un pequeño opúsculo que hablaba de una nueva interpretación sobre la conocida tumba de Tutankhamon, en el Valle de los Reyes, objeto de tanta tinta. En él se propone que en su interior se halla, oculta en cámaras intactas aún, el cuerpo de la mítica reina Nefertiti, su madrastra. Los medios de comunicación se han ido haciendo eco de la hipótesis con cuentagotas.

Hay que quitarse el sombrero con la estrategia que ha seguido el egiptólogo británico Nicholas Reeves para dar a conocer su teoría, que está muy sólidamente argumentada. Con ella ha conseguido generar el interés necesario para conseguir que la presión mediática haga inevitable que sus conclusiones se intenten corroborar sobre el terreno, es decir, dentro de la tumba. Hay mucho en juego. Atención de los medios, turismo, derechos de imagen... En fin, si la muerte del joven faraón es un éxito seguro de ventas, un dueto con la bella reina que nació en Egipto y cuyo icono reside en Berlín puede alcanzar proporciones astrales. Nicholas Reeves ha utilizado internet para distribuir su artículo, en lugar de hacerlo en una revista científica prestigiosa, lo que hubiera sido infinitamente más lento y cuyo alcance habría sido limitado. Y además lo ha hecho semanas antes de la reunión de un congreso internacional de egiptología en Florencia, asegurándose así que el contenido de su artículo estuviera en la mente y en la boca de la virtual totalidad de los asistentes.

¿Qué propone Reeves? Como experto en el tema, al que ha dedicado muchos años y obras, parte de la observación comúnmente aceptada de que las dimensiones de la tumba de Tutankhamon (KV62) son muy pequeñas para ser una tumba real egipcia de la dinastía XVIII, a la que perteneció el monarca. El consenso entre especialistas era considerarla una tumba privada que fue apresuradamente dispuesta para acomodar el enterramiento de un joven rey muerto de manera inesperada. Reeves se basa en una información que proviene, curiosamente, de un trabajo realizado por una empresa española, Factum Arte, que hace un tiempo realizó una exploración con un scanner de 3D de las cámaras de KV62 con tal nivel de exactitud que le ha permitido detectar en la textura de sus paredes la huella de dos puertas de sendas estancias, que fueron emplastecidas y pintadas de modo que no pudieran detectarse a simple vista.

Reeves opina que la tumba está, por lo tanto, explorada sólo parcialmente. De hecho, su planteamiento parte de las reflexiones con las que ya jugó Howard Carter en su día para probar que se trataba de una tumba real a pesar de su reducido tamaño, tales como la proporción y distribución de las estancias. Pero Reeves va más allá. Comparando la estructura de otras tumbas reales femeninas del mismo periodo arguye convincentemente que la tumba seguía originalmente un plan bien conocido de este tipo con una estructura en L que gira hacia la derecha, con cierta disposición y número de habitaciones de almacenaje laterales y la presencia de un corredor y un pozo con un muro de pantalla que aísla la cámara sepulcral del anterior. En una tumba de estas características se hizo enterrar Nefertiti, presumiblemente con un inmenso ajuar, que quizá haría pequeño y pobre el de Tutankhamon. No mucho tiempo después su sucesor moriría de modo tan inopinado que no habría tenido tiempo de iniciar una tumba para sí mismo. La solución entonces fue, siempre según Reeves, la adaptación de la tumba de Nefertiti para acomodar este nuevo enterramiento.

Secuencia de túmulos

Para hacerlo, el arquitecto egipcio habría utilizado la parte anterior de la tumba para el enterramiento de Tutankhamon de modo que KV62 se convierte así en una tumba en la que se han realizado dos enterramientos reales en secuencia, primero el de Nefertiti, en la parte más profunda, de existencia hipotética y dimensiones desconocidas pero probablemente análogas a otras similares y, posteriormente, el de Tutankhamon, en lo que sería un pasillo de acceso al que se le habrían añadido varias cámaras laterales de almacenaje, una de las cuales Reeves cree haber identificado también.

¿Porqué se piensa en Nefertiti? De la reina no se conoce ni su final ni su enterramiento. Tampoco su momia, aunque candidatas no faltan entre los cuerpos reales femeninos sin identificar. Reeves opina que la decoración del muro norte de la cámara sepulcral de Tutankhamon, precisamente el que daría paso a la parte desconocida de la continuación de KV62, es anterior al enterramiento de este último y, por lo tanto, en ella no se representa al joven rey difunto. Argumenta, con ejemplos y paralelos en la mano, que el monarca muerto representado es precisamente Nefertiti y quien cumple los ritos funerarios no es otro que Tutankhamon mismo, y no su sucesor Ay, como se venía pensando. No es raro. Nefertiti probablemente llegó al trono, al menos como co-regente, y es más que probable que reinara con el nombre de Smenkhare, el escurridizo personaje que asume el control a la muerte de Akenatón. La dinastía XVIII tiene precedentes para situaciones como ésta, como lo demuestra el caso de la reina Hatshepsut, unas generaciones antes. Reeves señala que la paleta de colores y el proceso técnico de decoración de esta pared tan fundamental es diferente al del resto de las decoradas basándose en un estudio publicado por la fundación Paul Getty. Las comparaciones de los rostros de ambos monarcas en las escenas de esta pared con otras representaciones en otros lugares son algunos de los argumentos visuales más convincentes del trabajo.

El gobierno egipcio parece haber aceptado los argumentos de Reeves. Este mes de septiembre la tumba KV62 se ha cerrado «por restauración» y el egiptólogo británico y el ministro egipcio de Antigüedades se han fotografiado dentro de ella. Aparentemente se va a proceder a aplicar un georadar que detectaría la presencia de las cámaras deducidas de modo teórico por el arqueólogo. Quizá, como en los cuentos infantiles, la reina nos aguarde detrás de la puerta de su fortaleza-tumba, dormida y en paz, rodeada de su tesoro, para entregarse al héroe que llegue hasta ella y en espera del beso de los medios de comunicación que la despierten a nuestro mundo frenético, visual e inmediato. La compadezco. Que disfrute de sus últimos momentos de tranquilidad.

Pasión por un busto

La esposa de Akenatón, el faraón monoteísta que revolucionó la historia, ha devenido, sobre todo desde el hallazgo en Amarna de su célebre busto, un polo de atracción casi irresistible para los que aman el antiguo Egipto. La efigie misteriosa de Nefertiti (aprox. 1370 –1330 a.C.) emergió de las arenas hace ya más de un siglo gracias a los arqueólogos de la Deutsche Orient-Gesellschaft y, en concreto, a Ludwig Borchardt. Su perfil y fisionomía misteriosa, atractiva y controvertida, son únicos en la historia del arte y de la antigüedad, con la estilización de la época de Akenatón. Nefertiti ha desatado pasiones y polémicas desde el comienzo de la exhibición pública de su busto en Berlín, que ha pasado por diversas etapas: primero en el Ägyptisches Museum, luego en el Neues Museum, en el Altes Museum y luego, desde su reapertura en 2009, de nuevo en el Neues Museum, en cuya excelente aunque contestada renovación por el arquitecto británico David Chipperfield ostenta un lugar de preferencia como uno de sus símbolos icónicos. El largo cuello de la reina egipcia, su delicada cabeza de porte casi feérico y su mirada perdida y melancólica, cuyo efecto se debe en parte al deterioro del ojo izquierdo, han provocado el fervor de varias generaciones y a día de hoy la peregrinación para verla es incesante. Independientemente de las polémicas en torno a su autenticidad o a su restitución a Egipto, Nefertiti extiende, a la par, el halo de su fascinación hacia la antigüedad y hacia la modernidad, si uno repara en su éxito en la cultura popular, a través de películas, novelas y hasta peinados, informa David Hernández de la Fuente